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22 de agosto de 2020

Borocotitis.

Dícese de la inflamación de la voluntad de acordar, negociar o intercambiar, posturas políticas o posiciones institucionales, que tergiversan o travisten los necesarios e indispensables diálogos democráticos que hacen al bien común. En caso de no ser tratada a tiempo, puede derivar en la mortal, para la legitimidad (incluso la de origen) que sostiene el vínculo entre representantes y representados, “borocotización”.

En el contexto nacional, Corrientes debe ser una de las pocas provincias en donde, desde hace tiempo (en el Senado de la Nación hubo de presentarse un proyecto de intervención a la justicia local hace más de una década) resuena, late, se respira la poca credibilidad del judicial correntino, no sólo con el significante extenso y por ello muchas veces vacío de “pueblo” sino con la propia elite gobernante o clase dirigente que incluyen todos los actores con mayor preponderancia en los principales órdenes sociales. 

Es hasta risueña, trágica y psiquiátrica la “defensa” de la cada vez más aislada corporación, que se suele escuchar por medios de comunicación, a uno de sus supremos miembros, ufanarse que está allí por mérito y capacidad, inflándose como un escuerzo (para no decir sapo y que las casualidades se hagan causalidades) tratando de esconder la obviedad de que es el marido de una senadora provincial y una de las principales actoras del partido que gobierna hace más de 20 años la provincia. 

Son habituales las cartas públicas de profesionales del derecho, haciendo hincapié en diversas causas y expedientes que tendrían una sospechada parcialidad o se dirimirían por criterios divergentes a las normas jurídicas. Se creó un observatorio judicial, integrado por quiénes se consideran víctimas del supuesto poder independiente, exclamando que tal accionar obedece a una “política pública” no expresa ni reconocida de perseguir a opositores políticos, mediante la judicialización de la política. 

El poder ejecutivo provincial sin embargo “mutis por el foro”. Perteneciente a la coalición nacional opositora al gobierno de Fernández, y ante la presentación por parte de este (o de su vicepresidenta) de un proyecto de reforma de la justicia nacional, extrañamente el gobernador, otorga un gesto “dialoguista” que bien podría ser el primer síntoma del padecimiento de “Borocotitis”. 

“Eduardo Lorenzo Borocotó el 23 octubre de 2005 obtuvo una banca. Pero antes de asumir algo cambió. El 9 de noviembre visitó la Casa Rosada, acompañado por su hijo. ¿Con quién tenía cita? Con el actual presidente Alberto Fernández, quien era jefe de gabinete de Néstor Kirchner.  Borocotó se reunió con los dos. A Kirchner no lo conocía. A Fernández, sí. El mismo día del encuentro en la Rosada, Borocotó anunció su partida del bloque macrista: armó un mono-bloque independiente, afín al kirchnerismo. Alberto Fernández explicó la jugada: "Tenemos que ser amplios. Hay muchos votantes y dirigentes de ARI que están descontentos con Carrió, por ejemplo. Y nosotros estamos abiertos a recibirlos, así como a los radicales, peronistas y a todos los que crean en el proyecto del Presidente". (Fuente www.perfil.com).

No podemos negar la existencia de la enfermedad, que insistimos afecta gravemente la legitimidad entre representates y representados, y que fue propiciada y avalada por el entonces jefe de gabinete nacional y hoy presidente.

El gobernador correntino, atento a los tiempos de crisis sanitaria y en su rol de integrante de una coalición nacional opositora, como de principal hombre de la institucionalidad de la provincia, no puede seguir desoyendo las quejas reiteradas y denuncias sistemáticas del mal funcionamiento del poder judicial correntino. 

Resulta muy sintomático que antes que encargarse de lo que le compete, en su distrito, en su tierra, prefiera brindar, sospechados gestos de “amabilidad” democrática (la variable de la discusión por la reforma judicial no es metodólogica sino conceptual, en este contexto no se puede conceder el derecho a la oposición que puede determinar en que tiempos son los más propicios para discutir que).

Por el bien propio del gobernador, de sus familiares, seres queridos, y del millón de correntinos, esperemos que no caiga enfermo de esta como de ninguna otra enfermedad. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas. 

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