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ANÁLISIS

10 de abril de 2020

Basta de brutos.

Usted que tiene recursos económicos y disponibilidad financiera para apoyar políticos o aspirantes a tales, debe considerar que lo principal y primordial que debe esgrimir alguien para contar con su asistencia, es el valor de la inteligencia. Hablamos de la capacidad de prever, de anticipar, de confeccionar estrategias y de adaptar de la mejor manera y más fácilmente un estado de cosas ante los cambios imperantes. La política, debe descontaminarse de los antiguos valores, pre-pandemia, de nivel de conocimiento, de imagen positiva, de recorrida permanente en lugares vulnerables, del hacer recurrente y de las aglomeraciones inútiles para las deleznables acciones del avistaje de pobres, del besamanos a carenciados y mocosos descalzos. Todo este accionar, sumado a las realizaciones violatorias de toda ética y rayanas con la ilegalidad (dádivas, prebendas a cambio de votos o de condicionar voluntades) de las que usted, más temprano que tarde terminaba siendo cómplice, deben ser desterradas de una vez y para siempre, dado que por esta bruteza generalizada de la mayoría que administran la cosa pública, usted no puede disfrutar (y difícilmente lo puede hacer en un corto plazo) de sus ingentes recursos, que deberían estar disponibles para hombres y mujeres que tengan como valor principal la inteligencia como para pretender postularse a representar a la ciudadanía o administrar los intereses generales.

Hace unos meses atrás el gobernador de una provincia pobre, de las más pobres del país, realizó una gira de semanas por China, con el argumento de que tal viaje significaría una oportunidad comercial, cultural y de negocios para la comunidad que gobierna, junto a su fuerza política, asentada en el poder hace al menos dos décadas. 

Todos en tal lugar, supieron desde un inicio que la misión era en verdad un “paseo justificado”, una pillería de las tantas que se les permiten a los gobernantes de turno, que más que de turno, en muchos sitios en donde la pobreza señorea, adquieren la condición de vitalicios. 

Cómplices al replicar las fotos con empresarios y gobernantes del gigante de Oriente, cómplices al no preguntar ninguna precisión, detalle o inquietud, que vaya por fuera de la posición oficial, una suerte de diario de viaje institucional, aburrido, absurdo e inconsistente. 

Cómplices como siempre, en la historia, supuesta, ficticia e irrelevante que niega lo real de pobres por doquier, de las discriminaciones a colectivos enteros, sea de negros, originarios, féminas, no binarios, preguntadores seriales o libre pensadores. 

Cómplices en la clandestinidad de no decirlo, no expresarlo y mucho menos reconocerlo, hasta la llegada, paradójicamente, milagrosa, de la pandemia, que podría significar, como alecciona Oriente, a la crisis, verla o tratarla como oportunidad. 

Es que es tan grande, palmario y contundente, el daño que genera la bruteza en los gobernantes al mando, que ya no sirve, tapar sus pillerías, mirar para otro lado y gargantear el “así nomás es”. 

No poder caminar, transitar, no tener garantizada la salud, los pocos con trabajo la continuidad del mismo o el desarrollo en circunstancias normales, la educación mediante la clásica asistencia a los reductos educativos, siquiera el poder dormir medianamente en paz, dado que no sabemos a ciencia cierta sí el despertar lo tendremos garantizado, mediante estos genios de la gobernanza, que de prever, nada y de acumular para ellos y los suyos, todo.

No poder ver, tocar, besar, abrazar, a tu ser querido, al prójimo, no poder compartir, no poder, casi nada más que subsistir contando contagiados y muertos, a esta situación lamentable, te condujeron los brutos y su incapacidad. 

Y en esta circunstancia es en donde se comprueba el grado de bruteza, pensaron (bah en verdad no, porque se amputaron la posibilidad de hacerlo), creyeron, sintieron, que serían más felices, que cubrirían las faltas (de las que ningún ser humano, en nuestra condición de tales, estamos exentos) acumulando, aquilatando, amontonando todo lo que pasara por sus narices, generando una industria, cediendo el poder, a esa razón instrumental, de la multiplicación, de la réplica automatizada, de la automatización que desplaza la inteligencia humana, por la artificial.

Y tal como nuestro gobernante ejemplar, al tenerlo todo, a costa de sus gobernantes, en el paroxismo de la estulticia, creyéndose el más vivo, el más piola, el viaje largo, a las inexploradas tierras orientales, se le vuelve fatídicamente, en contra, es la prueba más contundente y cabal, no sólo que se fue a pasear, sino que para gobernar, vamos a necesitar de seres humanos, que primordialmente posean inteligencia propia o puedan conformar equipos de personas que la ofrezcan a la ciudadanía, a los otros, a los muchos, al pueblo, a la gente, a la generalidad. 

Llegó de la misma tierra, por este buen señor visitada, el mal que todo lo cambió, y no puede exhibir, siquiera un contacto telefónico, que de su viaje reciente, le haga llegar, no un médico, un equipo necesario como un respirador u otro instrumental, sino al menos un enfermero, una caja con 100 barbijos o 50 pares de guantes, o al menos un ciudadano chino que, como efecto placebo, nos cuente por videoconferencia que siente un vínculo especial con nuestra comunidad dado que nuestro gobernante lo visito y por ello nos de, a distancia, cinco minutos de consejos que supuestamente de algo nos servirían. 

Pero no, somos todos responsables. Usted que en caso de que nos salvemos de esta, que la podamos contar, tendrá dentro de un tiempo, la posibilidad de volver a financiar políticos o campañas de los mismos.

No le pida, que le muestre encuestas, que le diga cuantos barrios y aglomeraciones tiene previsto recorrer, niños pobres besar y discursos mentirosos predicar, pídale inteligencia y sí no la posee, sí no la cultiva, que se esfuerce en agruparse de quiénes se dedican a obtener la misma (una de las formas de saber sí alguien no tiene aversión a la inteligencia, es que reconoce sus errores, sus defectos y que toma las posiciones diversas, no las cierra, no las bloquea, ni las ningunea). 

Esta es la verdadera vacuna, el único remedio, para este virus, para los que vendrán y para todos y cada uno de los desafíos que el mundo incierto, tal como siempre ha sido y será, ofrece y ofrecerá al mundo, como continúa posibilidad. 

Disfrute de sus recursos obtenidos, pídale inteligencia a quiénes lo gobiernan y no mucho más.     

 

Por Francisco Tomás González Cabañas- 

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