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19 de febrero de 2020

Embajadores democráticos.

De acuerdo a la ley 20.957, en su artículo 5, el Presidente de la Nación, tiene la facultad de designar embajadores que posean condiciones relevantes. La comisión unicameral de acuerdos, del legislativo, debe emitir dictamen. Sin más requerimientos, la designación de los embajadores, llamados “políticos” siempre estuvo vinculado a los criterios discrecionales de cada uno de los titulares del ejecutivo nacional de ocasión.

El Dr. Alberto Fernández, sin embargo, parece estar sentando un precedente, o generando una doctrina, dentro de la política pública en relaciones exteriores.

Proponer a ex gobernadores, ex legisladores, ex vicepresidente, para que representen al país en el extranjero, es sin duda, escribir la historia de lo que podría denominarse “la democratización en las embajadas”.

 

Sí la letra de la ley indica la condición “relevante” ¿qué mayor relevancia que la de haber sido votado por la ciudadanía para administrar un ejecutivo, o representar al pueblo en el legislativo?.

 

¿Qué mayor representatividad puede tener o concitar ante el extranjero, además de la designación del Presidente, alguien quién representó a la ciudadanía en donde vivió o se desarrolla?

 

Por supuesto que dentro de la definición de lo político, a diferencia del servicio exterior de la Nación, los embajadores propuestos por los Presidentes, tendrán observaciones, de la llamada o considerada “politiquería”, de esas impugnaciones que hacen más a la parte que debiéramos superar de nuestra política de cabotaje, que desconoce principios jurídicos tan básicos y elementales como los del principio de inocencia que indica que todos lo somos, hasta que se demuestre lo contrario. 

 

Sería un dislate que una supuesta falta administrativa, alguna habladuría en una red social, o los comentarios siempre bajos y plagado de falacias, puedan o pretendan impugnar no ya el nombre o apellido de algún ex gobernador o ex legislador propuesto, sino la presente política pública, el presente precedente, o doctrina, que con este accionar, traza el Presidente de la Nación Argentina, Alberto Fernández de democratizar las embajadas o de consagrar embajadores democráticos. 

 

Podría constituirse incluso en un paradigma mismo dentro de la política internacional o de la política teórica o académica, debemos cuidar las acciones de esta magnitud que llevan a cabo nuestros gobernantes, que representan los intereses de nuestra patria, la política en el sentido faccioso o partidario, debe ser siempre un interés menor y los aspectos personales entre propuestos y objetados, jamás debieran interceder ante el ámbito político-institucional. 

 

El pueblo en el gobierno, se demuestra y ejerce por intermedio de este tipo de acciones políticas, que sientan precedente como doctrina. 

 

 

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