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11 de diciembre de 2019

El Nepoperonismo correntino.

En sentido contrario a lo que dicen los libros, como las buenas costumbres, no importa qué se dice, sino quién lo dice, ni siquiera desde que lugar. A esta irracionalidad hemos llegado, a la que lamentablemente debemos ceder para tratar de entendernos y no quedar, aislados o en solitario, con el “talismán” de la razón. Uno no elige donde nace y por más que parezca esto una obviedad, en mi caso particular, me trajo (en caso de no haber comprendido que no era problema mío, continuaría ad infinitum) un sinfín de vivencias que me parecían sumamente risibles como inentendibles. Hombres, mujeres y niños, señalándome, por el estar donde jamás lo desee, o en el que nadie me pregunto sí deseaba arribar.

De hecho, muy tempranamente abrace a la filosofía, y dentro de la misma, a la corriente denominada “existencialista” que determina que hemos sido “arrojados” a este mundo. Mientras, los de mí misma edad, es decir la mitad que no pasaba hambre, andaban jugando algún deporte o iniciándose en algún exceso adolescente, yo sin embargo, andaba antes de que me salieran pelos en las axilas, pegando carteles, repartiendo boletas y militando por los mismos, que en su gran mayoría, no deseaban en verdad que cambiáramos lo que decimos que íbamos a cambiar sí llegábamos al poder, lo único que pretendían, en verdad era haber sido arrojados en algún lugar distinto al que el destino o la providencia les hubo de asignar. Viéndome con alguna zapatilla de marca, pensaban que mi infierno (al que me canse de relatar con lujo de detalles, en mis novelas de inicio como en mis sesiones de más de veinte años de psicoanálisis) no era tal, y que mi existencia a diferencia de las suyas, era básicamente, paradisíaca o edénica, gracias a la política o mediante la política. 

A luz de los años comprendí, de hecho no por casualidad me dedico teórica como en la praxis a la misma, que la política en términos individuales, me ha sacado, quitado, mucho más de lo que me dio o brindo, y no está mal que así sea, la política, entendida por mí, es una vocación, un servicio, una entrega a una conformación colectiva. 

Nuevamente, sé que “perderé” la estima, o falsa apreciación (de los que te dicen que te respetan hasta que leen algo que no creen o comparten, o lo que es peor, que consideran que afectan sus intereses) en este caso de “compañeros” o de quiénes se dicen que comparten un espacio o una geografía política. 

Ya he pasado muchas veces por esto, me han sacado el saludo, la supuesta amistad, oportunidades laborales, contratos, pautas en los medios en los que me desempeño y tantas cosas que sólo se pueden tamizar con el dinero contante y sonante, de tal vez un departamento frente al mar en un lugar exclusivo de Miami o en otra parte del mundo, un cargo jerárquico en la justicia, y tantas vidas que no me interesan vivir, sino es a partir de mi sinceridad, de mi honestidad intelectual de expresar, desde mi humilde lugar de afirmar, que puede ser lo mejor, en términos políticos para Corrientes, desde por ejemplo un partido que se proponga llegar al poder para ello. 

 

Recuerdo cómo si fuera ayer, así como por la lógica infantil de estar en la vereda opuesta de la posición del padre, en los `80 yo me declaraba divorcista y mi padre era en el congreso de la nación y ante la opinión pública el portavoz de la expresión contraria, una década y algo después, apareció un poco por casualidad un tío, que no venía del palo de los que militábamos, pero como era un hermano de papá (que sí lo hacía y lideraba) y zacandilla judicial mediante, se llevó una banca. Luego vino mamá, como pudo haber sido hermana (lo sería en otro ámbito después) y la misma operatoria. Esto se termina, por estas cosas, por estas prácticas, le dije en términos y en una situación muy compleja a quién le debía en cierto sentido mi existencia física como política.

Pase un largo destierro, donde habiendo perdido lo que en verdad nunca tuve (esos familiares, interesados en la martingala del poder, esos amigos de sintonía calcada, esos compañeros de tantas derrotas en las generales y esas falsas y buenas apreciaciones de ser obediente y resignado con lo que me había tocado) logré entender que hube de lograr perder lo mejor, es decir dejar que me interesaran o importaran las calificaciones, o agresiones directas o disfrazadas, que me asignaban o propinaban por simplemente pensar, redactar mis posiciones y publicarlas. Mientras más argumentadas e incluso, replicadas y validadas en otros países, como tribunas y claustros, más reacción de los de acá, hasta que un día los termino de unir el silencio, en una suerte de conjura implícita, soy la voz que no pueden expresar, en tanto y en cuanto no quieran o puedan, pensar lo que están haciendo en términos políticos y públicos. 

Por eso la larga aclaración, sobre todo a los compañeros, o que se dicen tales (esto también habría que rediscutirlo, nuestro lugar de pertenencia política, en mí caso es prioritariamente emocional) sí de algo sé en términos teóricos, además de haberlo combatido en términos prácticos, es del nepotismo y sus consecuencias. 

Es muy triste compañeros, verlos compartir en sus redes, en sus espacios de comunicación, el orgullo que sienten por la jura de una esposa, una hermana, hermano y demás relaciones familiares hasta el tercer o cuarto grado de cosanguinidad.

No es por ahí, no lograremos más que seguir por fuera del poder político provincial, y exhibiendo estos comportamientos, es lo mejor que puede realizar la ciudadanía de Corrientes. 

Con todo el aprecio, que a alguno les puedo tener y el poco respeto que se van generando, le están haciendo mal a sus comunidades, al “partido” o espacio político y a sus propias familias. 

No me vengan, con los antecedentes de Perón y los recientes del gobierno nacional, en todo caso, vengan como sea, los espero a todos y cada uno que crea lo contrario, a dar el debate, donde y cuando sea.

La política es palabra, la acción es para las familias, para las suyas, cuando van a cobrar lo que la política les da, en caso contrario, como les dije y con todo respeto, debatimos con gusto y placer, creyendo que será lo mejor para un espacio político, como para las familias todas, que somos el millón de correntinos adentro y el otro millón afuera. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.    

 

 

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