18 de septiembre de 2019

Roger 2021.

“Los periodistas, sea cual fuere el tipo de medio en el que trabajan, se leen, se escuchan y se observan mucho entre sí. La revista de prensa es para ellos una necesidad profesional: les indica los temas que deben tratar porque los otros hablan de ellos puede darles ideas de notas o les permite al menos situarse y definir ángulos originales para distinguirse de los competidores…pero esta lectura olvida que a menudo estos artículos pasan inadvertidos para la mayor parte de la gente y se hunden en un conjunto cuya tonalidad es en general muy diferente. Los medios actúan en un principio y fabrican colectivamente una representación social que, aun cuando este bastante alejadas de la realidad perdura pese a los desmentidos o las rectificaciones posteriores porque, con mucha frecuencia, no hace más que fortalecer las interpretaciones espontaneas y por lo tanto moviliza en primer lugar los prejuicios y tiende con ellos a redoblarlos…

en definitiva lo que se denomina acontecimiento nunca es más que el resultado de la movilización-que puede ser espontanea o provocada- de los medios alrededor de algo que, durante un cierto tiempo estos convienen en considerar como tal… los dominados son los menos actos para controlar la representación de sí mismo como culturalmente están desamparados son además incapaces de expresarse en la forma requerida por los grandes medios.. Si esta representación deja poco lugar al discurso de los dominados es porque estos son particularmente difícil de escuchar, se habla de ellos más de lo que ellos mismos hablan y cuando se dirigen a los dominantes tienden a emplear un discurso prestado el que estos emiten a su contexto…los cierto es que en lo sucesivo los medios son integrantes de la realidad o si se prefiere producen efectos de realidad al fabricar una visión mediática de aquella que contribuye a crear la realidad que pretende descubrir. La lógica de las relaciones que se instauraron entre los actores políticos, los periodistas y los especialistas de la unión pública llego a tal punto que políticamente es muy difícil actuar al margen de los medios o a fortiori contra ellos. A los dirigentes políticos no les gusta ser sorprendidos inclusos superados por los acontecimientos y procuran evitar que otros en la urgencia y bajo presión les impongan la definición y los tratamientos de los problemas sociales a la orden del día. Quieren seguir siendo los dueños de su agenda y temen particularmente los acontecimientos que surgen de manera imprevisible y se ubican en el primer plano de la actualidad política porque la prensa escrita y los noticiarios televisivos se apoderan de ellos … todos sucede como si los periodistas quisieran probarse a sí mismos su autonomía profesional en relación con el poder, tratando de ponerlos en aprietos mientras que los políticos por su lado se esfuerzan por controlar los medios como pueden; la lucha se localiza en el terreno mediático y tiende a permanecer en él en tanto el poder con la ayuda de especialistas en comunicación inventa estrategias orientadas a poner fin a la agitación mediática  y con ella a la agitación a secas” (La visión mediática Patrik Champagne. “ La miseria del mundo” fondo de cultura económica 1993).

El haber elegido la presente posición de pretender hacer pensar la política, no es excluyente de que la exhortación sólo les competa a la clase política. Sí bien, deben ser por lógica los principales destinatarios de una lid que los conmine a salirse del cliché o del lugar común de que lo político sólo es acción, el mero proceso maquinal de repartimiento o en el mejor de los casos de administración, todos aquellos que conformamos el espectro social, tenemos también nuestra parte en relación a las formas democráticas en las que nos comportamos en la orbe social. Los medios de comunicación, considerados incluso por algunos, como un cuarto poder, sin la institucionalidad ni la legalidad normativa de una institución, posee, una gran cuota de responsabilidad no sólo en lo que transmite y en cómo, sino también en nombre de que lleva a cabo ciertas acciones hacia la comunidad.

Volviendo a ser respetuosos recordando el lugar desde el que se habla, no podemos dejar de omitir que desde hace años, venimos planteando la seriedad, la legalidad, entre el vínculo natural entre medios y política. Esto mismo que fue expresado por el pináculo de otro poder, el judicial, en los fundamentos de un reciente fallo, cuando se dejo expresado que la libertad de expresión no podría estar garantizada si no existiese una ley de pauta publicitaria que blanquee la informalidad y la discrecionalidad de todos los tiempos, es una de nuestras batallas, que con algunos colegas del terruño venimos sosteniendo casi estoicamente. 

Siempre ha sido vergonzante, para los que trabajamos, que por ciertos caprichos del destino, aparezcamos o no en una lista de consideramos por el poder de turno, cuando no, alguno de sus representantes, expresen a micrófono cerrado que no lo harán porque tienen un prurito personal con alguien vinculado al medio, o incluso a micrófono abierto, expresando que otros colegas son “muertos de hambre” o caracterizaciones como tales que siempre tienen como destino el emisor de un mensaje y no el mensaje mismo, sin dar cuenta, además, la desventanjosa posición que siempre suele tener un emisor (periodista) en relación al protagonista del mensaje que transmite (político u hombre de poder), y que pese a esta relación desigual, quién comunica lo hace a riesgo de todo (incluso de ser atacado por quiénes se creen o se dicen sus pares). 

Pero en este artículo, la perspectiva se invierte. La institucionalidad política, cada cierto tiempo es imitada en sus procedimientos más criticables y recriminables, el caso más simbólico es el de un medio que toma de la siempre criticada y recriminada dádiva electoral, haciéndola propia, dejando en el éter, inconscientemente, tal vez, que está naturalizando tal práctica barbárica e indignante que luego es defenestrada en sus propios micrófonos. Entonces el problema no pasa a ser la dádiva, el uso que se hace del pobre, sea para que vote a fulano o para que escuche a mengano, sino quién entrega la bolsa y en qué momento.

Tampoco caeremos en la trampa de que los medios de comunicación deben ser impolutos y sépticos de interés, sean estos ideológicos o económicos, probablemente hasta se acepte el periodismo militante como una suerte de medio de propagación de un convencimiento o de un relato político. Lo que sí, y sobre todo en nuestro periodismo vernáculo, es que tanto desde la oficialidad, como desde un matutito partidario o de una oposición casi en solitario, los house organ que publican, es decir los boletines que expresan sus intereses, al menos deberían ser confesos, blanqueados, explicitados, tanto al público como al espacio en que se difuminan, de lo contrario, pierden en la seriedad y en el rigor en que el en algunos casos pueden llegar a atesorar. 

Finalmente, y sí bien es más que aplaudible el ejercicio de la investigación periodística, la comparación y la conclusión en base a variables numéricas, tampoco se entiende que medios, que se caracterizan por sostener lo simbólico de lo social, de sus instituciones, que habitan en todos y cada uno de los eventos en que la correntinidad se expresa, salgan con inusitada desprolijidad, publicando un informe incompleto e inexacto (cruzando sólo las variables cuantitativas, sin dar una definición del trabajo completo, incluyendo la trama política-judicial), que para lo único que contribuye es para afirmar ese rumor siempre creciente, que nuestros  dirigentes no trabajan por el bien común, o lo hacen poco, no sirven más que para conseguir sus fines propios o no los conocen en otro accionar que no sea este último. O lo que es peor, sólo vincular la supuesta escases de la labor dirigencial ( en este caso la posibilidad que un ex jefe comunal condenado por narco vuelva a presentarse a una elección) con el acto, democrático, por antonomasia, que son las elecciones o cuando el pueblo es convocado a votar. 

Sí bien la política debe, una relación, seria y respetuosa con los medios, por intermedio de una normativa que lo ordene y blanquee, los medios, y sobre todo aquellos con mayor hándicap y seguramente mayor percibimiento de pauta discrecional, también debe replantearse algunos enfoques que no encajan, con lo que dicen pregonar en el resto de sus páginas o emisiones. 

De lo contrario, la actividad periodística, acabará convertida en una mera transacción. Sí, terminará a modo de los "transas" que por pasar un bulto, de un lado a otro, (sea río u océano) cambia sideralmente de valor y con ello, el negocio del tráfico. 

 

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