17 de septiembre de 2019

Se puede dar vuelta.

Si nuestro país necesita algo, es aprender de los errores del pasado, especialmente de la década robada y también de los cuatro años de Cambiemos. Los españoles vieron llegar a un tipo muy parecido al que acompañó a Néstor Kircher hace casi veinte años, que fue a decirles las mismas pavadas populistas de aquel entonces. Se trata de la misma persona que hizo todo mal con Repsol y Aerolíneas Argentinas; la misma persona que dice los corruptos son presos políticos, que visitó a Lula y que al mismo tiempo fue disciplinado por Diosdado Cabello, habiendo sido éste protagonista en la alianza con Hugo Chávez.

La mejor forma de definir una eventual presidencia de Alberto Fernández es a través de la palabras miedo y desconfianza. El resultado de las PASO alcanzó para que el dólar se fuera de $46 a $62, el riesgo país de disparó de 800 a 2500 puntos y aparecieran publicaciones sobre cierta incertidumbre respecto de los testigos protegidos en las causas de corrupción. ¿Qué poder de tiene alguien que fue ungido por su candidato a vice? Esta es la misma persona que se expresó en contra de exportar petróleo porque “se lo llevan las multinacionales”, y al mismo tiempo contrario al acercamiento a los EEUU, quienes vienen financiando el desajuste fiscal de los últimos años.

La inconsistencia de Alberto se potencia con las declaraciones de sus aliados. Por un lado tenemos a Grabois, el que la va de amigo del Papa Francisco, hablando de expropiar tierras y hacer una reforma agraria, exitosa iniciativa que en la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas causó las mayores hambrunas y millones de muertos. Si con todo lo dicho no fuera poco, Cristina Fernández llamó a ir a un “nuevo orden y nuevo contrato social”, léase una reforma a la Constitución Nacional. En efecto, si AF pretendía transmitir algo de calma, su gente incendia los ánimos.

El monstruo revivió porque el “mejor equipo de los últimos 50 años”, como el oficialismo se autodenominaba, es porque no hizo lo que debía; esto es ir a fondo contra los corruptos, ajustar en serio, bajar impuestos y eliminar una gran cantidad de regulaciones. Por el contrario, dejaron de hacer cosas por miedo que vuelvan; y gracias a todo ello están por volver. ¿Se puede cambiar este sendero de desastre? Sí! La sociedad decidió que la elección se polarice, y este gobierno demostró que se pueden hacer las cosas mejor, que podemos vivir armónicamente entre argentinos (a pesar de la errada estrategia electoral de mantener viva la grieta) y mantener un vínculo adulto con occidente.

La solución es de sentido común, que la mayor parte del tiempo anda el mismo sendero que el liberalismo. Si no nos preparamos para dar vuelta la situación actual, recordando el esfuerzo que hicimos pocos años atrás, tendremos que estar listos para resistir en el congreso, con los mejores Diputados y Senadores forjados en el ideario de Alberdi. Si este gobierno finalmente continua o AF decide un rumbo distinto al de sus camaradas, hay que prepararse para todas las reformas estructurales que el país necesita. Si en cambio finalmente es el populismo el que triunfa, habrá que defender con uñas y dientes la República desde el Congreso de la Nación.

Por Nazareno Etchepare.

 

 

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