La nación se debate en estrépitos harto conocidos. La salida que nos propone la institucionalidad democrática, voto mediante, nos impele a la responsabilidad de siempre, pero en este caso, mayor, dado el contexto creciente de pobreza y miserabilidad en el que el se encuentra sumido gran parte del pueblo argentino.

Identificarnos con el peronismo, sea moderno, auténtico o incluso democrático, tiene que llevarnos a entender que consagrar la nueva mayoría que se haga cargo de los acuciantes, como graves problemas que atraviesa el país, debe, necesariamente ampliar la frontera partidaria, movimientista y porque no, ideológica.

 

Desde el lugar en que cada uno de los que componemos esta Nación, nos desempeñamos, tenemos el deber cívico de elevar al máximo el grado de responsabilidad política, como el de asegurar, garantizar y consolidar la ratificación de la expresión popular, el veredicto soberano, acaecido en agosto, para que vuelva, con mayor contundencia en octubre.

 

En un nombre, el sentido colectivo del movimiento justicialista, las fronteras por fuera del mismo, la democracia y la Nación, hemos depositado y lo volveremos a hacer en la próxima elección, la esperanza del pueblo Argentino, para volver a resurgir de las cenizas en las que nos han pretendido vernos reducidos.

 

Albertarios por una Argentina Federal y Democrática. 

 

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