La política del sello.
¿Quién es quién en el concierto de la pobreza de Argentina?

  ANÁLISIS  6 de abril de 2019
Y vos¿ Cuántos votos tenés?
Desnudamos la lógica que utiliza la política para ofrecer sus candidatos, que luego serán votados por el electorado.

Se tratará, con sumo esfuerzo, de no introducir citas textuales, adjetivar lo menos posible y transcribir los argumentos en forma directa. 
Contar o suponer los posibles votos, que pueda aportar un determinado dirigente, en una elección interna o general, es una chabacanería, un despropósito, tan absurdo como pretender que mediante un payé la gente deje de dormir la siesta. De esta hipótesis, tan tristemente transitada por la clase política, se desprenden planteos secundarios, consignados al sujeto puesto en observación, que derivan en cosas tales como: “ Fulanito, se separo de la mujer y perdió quince votos de la que era su cuñada”, “al otro lo quieren porque es el médico o el verdulero del pueblo”.
Huelga destacar, que los profesionales de la política, no se basan solo en suposiciones inductivas, basada en la chusma, cuentan para darle un signo de rigurosidad científica, con planillas, completadas con lápiz, en donde se asientan la cantidad de personas que tal dirigente llevó al último acto.
Iniciase un círculo vicioso (que para los bolsillos de los beneficiados es virtuoso) en donde, sí tal puntero u hombre de la política, es recriminado por su mandamás, acerca de la poca gente que apiño en un mitin, el primero justifica la magra cosecha, aduciendo, por lo general que contó con poco dinero, para movilizar, organizar o lo que fuere. La pulseada o compulsa se encuentra en plena algidez, en acrisolado éxtasis. Aparecen las planillas, se duplican las promesas y las mentiras, uno asegura que cuenta con trescientos o cuatrocientos votos, el otro le promete la candidatura, pero le aclara que la campaña se tiene que realizar a pulmón, recibe como respuesta (supuestamente inteligente) “soy fumador, algo tiene que aparecer, sino vamos a perder”. El jefe, deja escapar una mueca que da a entender que va aflojar, sabe muy bien que si le pidieron veinte, diez esta inflado, por tanto le va a dar cinco, para que se arregle con eso y no perderlo, pero también para que se entienda que no es un tipo al que se le saca fácil la plata.

De los veinte que quedaron en cinco, el dirigente, deja dos en su colchón o se los da a su mujer, los restantes tres los utiliza con fines electorales. Sí un votante común, es tentado para vender el sufragio, no le pagarán más de un centavo, en la escala que se inició en veinte ( es decir un 0.005% del total).
Todo lo que existe en el medio, publicidad, afiches, impresiones, declaraciones, visitas, actos, murgas, jingles, choripanes, cervezas, besos, abrazos, y todo lo que pueda suceder en el tiempo de campaña, esta y no está demás, puede parecer una frase contradictoria, pero veremos por qué no.
Esta demás, por las siguientes razones.
1) Ya es una petición de principios arrancar con “yo tengo tantos votos”, nadie tiene la propiedad de los votos (por más locura galopante que le haga creer tal cosa al afectado), es más, ninguna persona cuerda podría sentirse orgullosa de “querer controlar, como si fuera un negocio agropecuario, cuanta gente lo puede acompañar con el sufragio”.
2) Al votante no se le ofrecen ni ideas, ni proyectos, ni alternativas, por tanto difícilmente las pida, sí se le ofrecen ayudas materiales, en dinero o en especies, ganará quién le engorde el bolsillo. Salvo un puñado, en realidad los candidatos (hablamos de todos, esos suplentes número catorce y sus madres o esposas), el resto vota de acuerdo al beneficio inmediato que obtenga.
3) No existen definiciones ideológicas que distingan a partidos entre sí, mucho menos a quiénes, momentáneamente conducen los mismos. El pragmatismo de los ismos, sólo se reduce a bandas, compuestas por afinidades familiares y amistosas, que compiten entre sí y que arrean a lugartenientes pagos, para ver quién se queda con el botín en disputa y luego repartir entre los integrantes del grupo ganador.
4) Convendría que los líderes de las facciones que se enfrentan electoralmente, se pongan un plazo en el tiempo, podría ser de 60 o 90 días, y que al llegar al mismo, pongan en una misma mesa, el dinero que consiguieron para sustentar la campaña, el triunfador sería aquel que consiguió más emolumentos

No esta demás por lo siguiente.
1) Más allá de que poco o muy poco se cumpla la constitución o las normas, la propuesta anterior no sería constitucional y los idiotas útiles de la izquierda y la derecha extrema, dirían que se está volviendo a la dictadura (no por nada en especial, simplemente porque los botarates, no tienen otro elemento a mano que utilizar a los torturados y muertos)
2) La refutación más lógica, sería que sí bien, en toda elección, lo que define es el dinero que consigan los sectores en pugna, puede que (como excepción teórica, no práctica) no necesariamente gane el que más metálico consiga, la virtud puede encontrarse en cómo administrarla, gana el que mejor gasta.
3) Finalmente la razón que sostiene la farsa de las convocatorias. El circuito económico y laboral que se genera con el dinero de las campañas, afecta en gran parte a la población, desde los medios, las imprentas, las comidas y hasta quién suscribe, sí no existiera esta realidad, perdería una perspectiva laboral y el presente texto como tantos otros, no tendrían razón de ser.

Los candidatos se eligen, de acuerdo a la cantidad de votos que dicen tener los postulantes, y que quiera creer que tienen el que hace la lista u hombre poderoso. Los generadores de este circuito saben a ciencia cierta, que todo los datos y demás se encuentran inflados, pero la clave se encuentra en sumar la mayor cantidad de dirigentes posibles, al menor costo.
De allí que, finalmente la mayoría de hombres en cargos públicos, no tengan o cuenten con una miserable idea, para trabajar en serio para su ciudad, provincia o país.
Si se hiciera un sondeo de la clase política, veríamos que un gran porcentaje, nunca consiguió ingresos de otras fuentes que no sean las arcas del estado, o que a nivel personal, ni siquiera pueden conducir sus hogares. El razonamiento cae de maduro, el médico que observa su radiografía de pulmón, ¿ lo recibe en el consultorio con un cigarrillo en la mano y le dice, sentate papi que vamos a ver como estas? O el empleado del banco, ¿ le recibe el dinero de su depósito y se lo pone en el bolsillo, para después decirle, tranquilo maestro, ahora lo pongo en la caja? 
Esto mismo ocurre con la política, pasa que son tantos que los ciudadanos comunes no tienen ni la chance, ni el tiempo para percatarse del atropello.

Cuando los vientos se lleven frases tan lacerantes como semejantes de ¿Cuántos votos tenes?, ¿Vos quién sos?, ¿Cuánto vales?, la política será otra cosa. Pero comience usted caro lector, pregúntese cuantas veces dijo o pensó estas frases a diversos interlocutores. Sí ha caído en desánimo, a levantarse, hace mucho tiempo que la humanidad padece esto. Cuentan que Alejandro Magno, en una de sus campañas, se encontró con temperaturas bajo cero y para llegar a destino, tenían que cruzar con su ejército, un río fangoso, profundo, poco amigable. Ninguno de sus hombres se animaba a dar el primer paso, para enfrentar el obstáculo. Alejandro, comienza a ingresar al río, en el medio del mismo, al ver que nadie lo sigue, se da vuelta y mirando a sus oficiales les dice ¿Os dais cuenta de las cosas que tengo que hacer, para que me tengáis respeto?. La autoridad no se funda en nombres, jerarquías, ni trayectoria, estos son simplemente condimentos, la autoridad se funda en la razón y a veces se puede encontrar de nuestro lado, como en otro lado, se precisa de grandeza e inteligencia para reconocer esto. En caso de que queramos una mejor comunidad con integrantes de otras cualidades, que nos nutran de energías que nos saquen de la pobreza moral, espiritual y material en la que estamos sumidos.



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