ANÁLISIS

25 de junio de 2018

Asociación de Guampudos Unidos (AGU) te invita a que seas parte o de la retorsión pasional.

“Todo pasa por la política, pero nada se puede realizar en ella. La política siempre es para mañana (mantener equilibrios, abrir posibilidades de negociación) pero es por fuera de la política que las cosas se realizan en el arte, el pensamiento, la amistad, el amor, en todo esto es por lo que el hombre siente y experimenta”. (Revista Ensayo, “El sentido de la historia fue suspendido”. Jean Luc Nancy).

Hasta no hace mucho, sobre todo en los mismos muladares en donde la pobreza se obstina con mayor fruición a no replegarse, el valor de tener encarcelado el cuerpo del otro, o como moralmente se lo nombraba bajo el eufemismo de la fidelidad, cuando no, de la más categórica “honra”, se constituía en algo imprescindible como para seguir frente al mundo y ante la sociedad que de tal manera encorsetaba al hombre desde dentro de su intimidad, como de sus sentimientos.

La pretensión de apropiarse de una parte del cuerpo del otro (muy pocos o casi nadie celan, que su pareja, tome algo, practique una actividad al aire libre o realice acciones en donde no esté involucrado lo sexual mediante sus órganos) devela, que la batalla cultural, de la que muchos se sienten y creen adalides, está muy lejos de iniciarse o comenzar.

No hablamos del derecho de que exista lo privado, en su relación con el acopio de billetes, dinero o bienes materiales, por un tiempo mayor al que a un ser normal le pueda corresponder tomar una decisión (la razón fundante como fundacional del dinero es que es un elemento transaccional, no de reserva o de acopio, al haber pervertido su funcionalidad, el sistema económico en donde prevalece el intercambio mediante el dinero, desnuda todas y cada una de sus faltas conocidas y padecidas) simplemente, damos cuenta, comunicamos, de un valor, que no se pone en cuestión, ni desde la religión, ni desde las buenas costumbres, y que por tanto, amerita una mirada que vaya más allá de un sesgo.

Es decir, el no ahondar en lo recriminable que puede resultar que aún sostengamos, tímida, pálida y vergonzosamente, lo perjudicial que puede seguir resultando para nuestra concepción del mundo y con ello, nuestra conformación de lo comunitario, que tener bajo custodia la sexualidad del otro, puede resultar, aún un valor, es como mínimo reprochable y deberíamos, los que pretendemos, o decimos pretender, una humanidad mejor,  trabajar en este sentido.

Las figuras legales, que se encuadren en las acciones aberrantes que pueden cometer, las víctimas de la incomprensión de un sistema que los pone en victimarios, se tipifican desde la dinámica de lo jurídico-legislativo. Venimos observando las categorías de feminicidio, travesticidio, aporofobia (odio al pobre)  y tantas otras por venir, que actúan sobre el síntoma, sin que sea atacada, siquiera diagnosticada, la cuestión de fondo.

Nada sería más revolucionario, que amar, o seguir amando, contemplando la posibilidad que ese otro a quién se ama, no sólo pueda tener, en caso de que el deseo lo invada, encuentros con su cuerpo que incluyan sus órganos sexuales o la sexualidad como un todo y que, en un mismo sentido, tampoco sienta zaherido su amor, en caso de que a uno, le apetezca llevar a cabo una acción semejante.

En las ciencias jurídicas se emplea el término “retorsión” para el Derecho Internacional Público Español que significa: Medio de apremio consistente en el hecho de que un Estado responda con un uso riguroso de su derecho a realizar actos de suyo lícitos, pero inamistosos, cometidos con él por otro Estado (ej., expulsión recíproca de agentes diplomáticos o restricción de su desplazamiento dentro de un radio determinado).

Es decir, podría aplicarse la misma figura para el fuero íntimo. En verdad la dinámica de los hechos, es más precisa que las leyes que pretenden encuadrar las conductas. Cada vez más se estila la moda, conducta o ejercicio de los “permitidos” que no es más que la retorsión, pero en términos amistosos, es el paso previo a poder generar amores que no se contemplen bajo la potestad de tener algo de ese otro a quien se dice amar.

De los permitidos, a generar la asociación de guampudos, para deconstruir su significado, para resignificarlo y guardar en el baúl de los malos recuerdos que hemos hecho una cultura de la fidelidad apropiadora, a tal distancia, se encuentra el transitar o cuán lejos nos queda la supuesta y deseada revolución para tener un mundo mejor, sin apropiados, ni apropiadores.

 

“En tanto que estoy en presencia de otro, yo no soy nadie” Lacan, J.

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.

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