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27 de mayo de 2018

La procrastinación del Pejotismo correntino.

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente sin tener una fuerza de voluntad para concluirla. El acto que se pospone puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante, por lo cual se autojustifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, en que lo importante es supeditado a lo urgente (Wikipedia). Allí están, nuevamente los traficantes de ilusiones, travestidos de pejotistas, disputándose el sello (inminente intervención distrital mediante) y auspiciando partidos ad hoc, que no hacen más que ratificar el síndrome que padece tal dirigencia, la de quedarse en la gesta menor de como “pordioserar” el voto en la clase media (medios de comunicación, consultoras, encuestas y toda la trampa de la mercadotecnia mediante) y de cómo rapiñar el voto bolsa-vale, entre los pobres que siempre seguirán siendo pobres, en nombre de la democracia.

“Lacan dice que el saber en lo real es dramático, disarmónico. Y allí dice que para caracterizar el inconsciente freudiano habría una fórmula: Dios no cree en Dios” (Calcagnini, C. “El saber de los incautos de lo real). Parafraseando y conceptualizando desde la política, es innegable que el pejotismo correntino nunca ha creído, ni se cree como real opción de poder, desde esta condición en la que se posiciona, traduce sus aspiraciones, a las que de un tiempo a esta parte son obvias y manifiestas; la cooptación de parcelas de poder (bancas legislativas y municipios que transforman en sendos feudos los que en nombre de ese peronismo, sepultan en este accionar puramente conservador lo que pudiese corresponder que proponga una idea de pejotismo) que retroalimentan la disputa facciosa entre los che tuvicha  (patronazgos múltiples en guaraní). “De esta forma, podemos hablar de una especie de construcción piramidal para la formación de una tropa militar, donde cada pequeño o mediano che tuvicha, aportaba una determinada cantidad de hombres para la guerra que se sumaban a otros a partir de una suerte de identificación política militar” (Graciosi, M. “Modulaciones de la guerra en la territorialización de Corrientes, la disrupción de los años 70”. Revista Cuadernos de Marte. Año 8. Número 12. Página 164).

 

El aporte del sociólogo citado, nos brinda no sólo la perspectiva histórica, en la conclusión del mismo ensayo, desde una posición marxista (dando por sentado la existencia esterotipada de clases) finaliza, dejando por sentado que el último gobierno del PJ en Corrientes, en manos de Julio Romero (1973) no cumplió las aspiraciones del ideal peronista que se propusiera dado que ejerció políticas públicas más cercanas a la austeridad y el ajuste, de acuerdo a despidos o no continuidad de contratos laborales, que dice haber ejecutado Romero en nombre de las banderas del instrumento principal de los adoctrinados en la filosofía peronista.

En esta instancia lo destacable, es que desde el propio seno del PJ no existe siquiera una intención de recordar o reivindicar al último gobierno del justicialismo en Corrientes. Los que se dicen pejotistas o incluso peronistas en Corrientes, desprecian aún más, a todos aquellos que intenten acercarse al pueblo mediante lo teórico, que los pertenecientes a cualquier otro partido político.

La animadversión le saca más de lo que le da a estos personajes siniestros para lo intelectual o para el libre pensamiento. Esta conducta, que además la exaltan o la muestran con burdo orgullo, alejan, a lo que dicen representar, a lo que tienen cooptado (el pejotismo y su significante extenso, peronismo) de la libertad, de la democracia y de la institucionalidad.

Los pejotistas, por esa postergación, perenne, se quedan con los vueltos, con las migajas. Hace medio siglo que repiten, neuróticamente, este comportamiento, que a las luces, de quiénes lo piensan un segundo, dan cuenta, de los pobres tipos que resultan estos piratas de la política. En horas, serán recibidos los intendentes, o los señores feudales que en nombre del peronismo se hicieron del poder local, pasándoselos entre familias o amigos, por el gobernador, para la instrumentalización de la nada misma (o de la foto formal, que además, los tendrá como los últimos en ser recibidos) y segundos despúes, alguno de ellos se reunirán, mediante una convocatorio informal, en nombre de un partido (que será intervenido) para darle fortaleza a otros partidos, en donde tenga que huir o escapar, los que hace décadas vienen haciendo negocios con el sello del PJ oficial.

El correntino con toda razón y justicia no vota al PJ hace medio siglo. La banda de traficantes que quiera vender que tiene algo largo, no entiende, ni entenderá (salvo que cambie de perspectiva, de lógica conceptual) que lo único que tiene que hacer es disputar las reglas con las que se miden de las cosas, delo contrario, seguirán  en la misma situación. Claro que a muchos les conviene esto, lo hicieron su quiosco personal, a los otros, que les conviene, son los que postergan, postergando a su vez, a los de afuera que pudieran aportar algo para tener una provincia más inclusiva, pero esta disputa que sería la política real, también esta con el síndrome de procrastinación. El pejotismo está procrastinado y la democracia, también.  

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