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23 de mayo de 2018

Libres de España, para las gradas.

España, o el español promedio y sobre todo el académicamente formado, no puedo salir de su asombro, al menos el conceptual, no entiende, dentro de la lógica cientificista que siempre los tuvo como benefactores, porque le ha tocado en suerte vivir lo que viene padeciendo desde que la famosa burbuja inmobiliaria estalló por los aires, sin hacer reventar su mirada egocéntrica del y hacia el mundo. Es que una de las cosas que más llaman la atención es que entienden que la crisis es mundial porque les ha tocado a ellos, sin poder escrutar que quizá, el crecimiento de los orientales, a tasas Chinas, haya sido una necesidad “compensatoria” de ese sistema que tanto les ha beneficiado, del que podrían llamarse socios fundadores y que ahora les exige que no vivan tan bien como han vivido por centurias.

España debe; se debe y le debe al mundo, una revisión completa acerca del modelo que planteó, desde las cruzadas a esta parte, y no hablamos desde la perspectiva religioso-metafísica, que fue en verdad la que lógicamente, cayó sin atenuantes ante los cuestionamientos de una razón que a medida que se alejaba del oscurantismo dogmático, precisaba sus naturales incertidumbres, pero sin la manta protectora de la idea del jardín del edén y su dios benévolo, pudo acercarse, sin llegar nunca, porque de eso se trata, a ciertos instantes plenos de liberta de espíritu, por esta misma cuestión es que la revisión en verdad, debe contemplarse como análisis, como diagnóstico, de si no es en verdad que aquel modelo que tantos frutos le rindiera, y que la transformo en una nave insignia de la imperialidad,  no demuestra ser el verdadero eje de las cuestiones que hoy llaman crisis, o las razones de sus manifestaciones tan variopintas, pero que apuntan a lo que consideramos humildemente, como la saturación, o mejor dicho la culminación, el estadio final de un modelo que impero por siglos. 

Por aquí pasa una de las claves, ¿desde qué lugar se puede aventurar, que es justo en este periodo, el que, casualmente se derruya un complejo sistema que se desplego, terminando de fundar occidente, durante siglos en todo el globo? No podemos ofrecer una respuesta contundente, sí lo que podemos hacer, es responder al interrogante actual que se hace España hoy, y vaya si no lo hace desde una victimización exagerada o al menos una exageración al definir que la crisis es necesariamente mundial porque la misma los tiene “Liados”, los ha “pillado” en sus debilidades que no creían tales; a la propuesta de que vivieron (hasta hace muy poco, o la siguen viviendo) una crisis sin precedentes, y desde ese mismo lugar, cuestionan el sistema mundial que han contribuido a fundar, merece que se le responda, o que se le proponga, otorgándole esa concesión a la petición de principios; pues bien, sí son el mundo, repasen por ello, cuáles han sido los andamios, las bases con las cuales lo han construido, a esta compleja red de vinculaciones que en la actualidad les tiene agarrado “de los cojones”.
Inevitablemente el mapa encontrado, data desde un tiempo antes de la conquista, cuando rendía más vender indulgencias o espacios en el cielo, que producir y trabajar la tierra, la demarcación de los límites terrenos y ultraterrenos, encajaban justo en la división terrenal que establecía quiénes vivían dentro de los castillos, poseyendo la luz del conocimiento y con ello la atención de dios, y quienes sobrevivían en la incertidumbre de la oscuridad y con ello a expensas del mal en sus diversas formas (pero que en verdad no se trataba más que la incertidumbre misma de no tener herramientas, estar a la deriva, para enfrentar los lógico peligros del mundo sin los guardias del castillo y lo señalado previamente) claro que algo estarían haciendo mal, en aquel entonces también, porque de lo contrario no se hubiese desatado la pandemia de la peste negra que atravesaba los pórticos reales y que no detenía ninguna de las seguridades que tras levantar la empalizada aseguraban contar. Así como el terremoto de Lisboa, fue determinante para preguntarle al Dios del concepto, porque sí era bueno y nos quería para que nos inclináramos hacia ello, disponía o permitía que la naturaleza se comportara de tal forma, justo cuando empezaban a preguntarse si acaso no estaban parados ante el mundo desde una perspectiva por la que se perdían de observar mucho más, esa misma perspectiva gira y los pone de frente, cara a cara con el nuevo mundo.

Imposible no profundizar entonces, lo que venían desarrollando y que ante la crisis mencionada se empezaron a preguntar, pero claro, ninguno en aquel entonces, en su sano juicio podía pensar que tal encuentro no hubiese estado orbitado, preparado, señalado, ofertado en bandeja, por ese dios que los estaba salvando, nuevamente, con una intersección, obrando un milagro público en donde les ofrecía una extensa territorialidad para que “cojan” lo que quisiesen. 

El desatino de Cronos (de lastimar el pene de su padre Urano que copulaba una y otra vez en el vientre de Gea de acuerdo al mito Griego, permitiendo la separación del cielo y la tierra, conformando ese entre o nuestro mundo) recobró sentido occidental cuando se produjo el develamiento Americano, se abrió un nuevo tiempo que parecía perimido, para los usuales conceptos de trabajo y de felicidad, asociadas indefectiblemente por la dignidad que se emparentaba con la legitimidad que sostendría luego el pacto social, ordenador y vindicativo de lo democrático. 

Para ser más claros, la avanzada de los representantes de Dios en la tierra, expertos en el Griego y el Latín, misionaron incansablemente, tributando a la corona, a expensas de evangelizar a todo lo que tuviesen enfrente, dándoles, desde el corazón y la buena fe, aquella cláusula gatillo, de que si quisiesen algo en esta tierra, como en la otra, debían sacrificarse, trabajar, adquiriendo dignidad mediante ello, y un lugar en el cielo de ese Dios, que ahora era uno y tenía un solo nombre y una sola forma de rendirle culto o adoración: la sumisión hacia sus representantes y su prédica. 

Al paso de centurias, por razones que se desconocen y que solo podríamos argumentar, soslayando que ciertas cuestiones nos parecen simplemente casuales porque desconocemos las causas reales de las mismas, por más que suene no se trata de un aspecto semántico sino conceptual, los descendientes de los evangelizados, los alumnos de los evangelizadores, que a fuerza de la espada, en su versión más cruda como en su más faceta más políticamente correcta, la nota educativa de la escolástica, reinvierten aquella conquista de las que fueron víctima-victimarios, van hacia ese viejo mundo, desde el nuevo con una pelota entre los pies, generando idolatría y conmoción.

El sistema que de acuerdo a la visión Española, azota al mundo, les entrega en los balones de estos futbolistas, la clave encubierta del fracaso conceptual del que verdaderamente son afectados directos y específicos. Que ni el supuesto trabajo dignificador (que tanto hace falta ahora en el viejo mundo) ni la rigurosa escolástica educativa que supuestamente debería garantizar la adquisición del empleo, se conviertan en las piedras basales o edificantes de una construcción ruinosa, desespera a los ingenieros que durante años “se fiaron” de este plano. 

Es un golazo de media cancha, que desvergonzados y juveniles de las tierras “indígenas” se transformen en los dioses de la tardo-modernidad que propone el sistema, demostrando con su éxito que más que escuelas que copien la tradición jesuita, se precisa de potreros de futbol que generen jugadores que tendrán el mundo a sus pies, no se trata ni de una venganza, ni de revanchismo ni de una mueca del destino, simplemente es un cambio de orden, la prueba palpable que los conceptos que otrora eran inexpugnables, merecen entrar en análisis y cuestión. 

Quizá sea imposible pedirle a la tribuna, en ese hombre masa en que se transforma, que piense y tamice a la luz de la razón, la sinrazón de un canto, pero los jugadores, es decir la clase gobernante del nuevo mundo, tendrá que tener la claridad necesaria, para ganar el partido, que es ni más ni menos que hacer respetar, los usos y las costumbres de un espacio en el globo que tuvo mucho tiempo sus posibilidades ocluidas y que ahora es invitado y precisado, para que dé su punto de vista, ante la crisis de las que son testigo, pero en la que podrían estar llamados a ser protagonistas, para devolver, con la cicatrización de la herida, aquel desparpajo violento de la conquista que se hizo en nombre de esos conceptos que hoy están muriendo, indefectiblemente.

Podemos ciudadanamente esperanzarnos, que el puño en la rosa sea el símbolo de una verdadera realidad popular, que respete las fronteras, sin que se desentienda de las mismas, y que pueda generar una referencia política orientadora, sin que eso signifique una imposición o condicionamiento, bien valdría como deseo, por parte de quiénes nos sabemos herederos de una tutela, que con el paso del tiempo, deviene en una relación de interdependencia útil, con una gran estima y cariño, tal como ese hijo que ya ha crecido, ve a su madre en la vejez, tratando de dar pasos bajo la égida de la sabiduría de los años y transformando su otrora rol de castradora o limitante en la de una anciana sabia que afronta los desafíos de la vida con la luz inextinguible de la sapiencia. Como tal imagen familiar, podríamos ver o desear al menos, a nuestra llamada Madre Patria Española que debería pensar más en su rejuvenecimiento o en su persistencia, mediante esos otros, como nosotros, que nos venimos constituyendo en algo que tiene que ver con ellos, pero  a nuestro modo, como una suerte de partido de futbol que se mira desde las gradas.    

Por Francisco Tomás González Cabañas
 http://chaufeudales.blogspot.com.ar/

 

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