Jueves 5 de Agosto de 2021

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ANÁLISIS

19 de marzo de 2018

Julio Romero, luminoso símbolo del peronismo democrático.

A días de que lleguemos a una de las fechas más fatídicas de la historia política argentina, cuando la sociedad civil, por acción u omisión, legitimo la irrupción del orden constitucional, habilitando el desquicio, por parte de los apropiadores, de entre tantas cosas (también sujetos) como la propia cosa pública, que perpetraron como ejercicio cotidiano el terrorismo de estado, la memoria en sus propios e inexpugnables tiempos, rescata a quiénes elegidos por el voto popular, padecieron, persecución, cárcel y hasta recientemente olvido y desaprensión. El último gobernador peronista en Corrientes, no por casualidad se cansó de dar elecciones internas y de sostener un modelo de correntinidad, de perfil o proyecto político, que excediera el ámbito de los nombres, hombres o las funciones que pudieran desempeñar, y que oportunamente representasen al peronismo que condujo. Funge en la actualidad como faro simbólico, presto para que todos los que crean o sientan que tienen o tuvieron que ver con el peronismo, se aglutinen tras la referencia de su figura, de su desempeño como administrador, de su impronta ganadora y de haber sido, uno de los primeros, sino el primero de sembrar en toda una generación de políticos, más allá de sus pertenencias partidarias, para que piensen y trabajen en consecuencia, en una provincia extensiva, inclusiva y para todos.

Todo lo recriminable al peronismo nacional, es imposible de adjudicar al peronismo correntino. Desde el recupero de la democracia, habitaron en la casa rosada de Balcarce 50, hombres y mujeres que en total  suman más de 23 años de gobierno, bajo el sesgo de los deditos en V y la marcha de los muchachos peronistas de fondo. En Corrientes, sin embargo, desde diciembre del ´83, hasta la fecha, solo unos meses, y producto de uno de los tantos episodios de convulsión institucional, un senador provincial se hizo cargo del ejecutivo, más que meses, fueron semanas bajo la simbología y la liturgia peronista. 
 

Desde afuera, desde el no peronismo o los sectores independientes, nada o muy poco se le puede endilgar al peronismo correntino que no tenga que ver con el peronismo nacional. Desde adentro, esto opera, con mayor crueldad, los propios peronistas, saben que sus licuadas aspiraciones o ambiciones de poder, tienen más que ver con volver a la presidencia de la Nación, que en retornar al gobierno provincial después de casi 50 años de fracasados intentos. 
 

En el presente contexto nacional, en donde, como pocas veces, el peronismo nacional, no tiene una referencia clara, un elemento aglutinador, como lo fueron los momentos previos al Menemismo o al Kirchnerismo, el peronismo correntino, ahonda su desconcierto y desasosiego.
 

De hecho, y hasta peligrosamente, para lo institucional, el peronismo en Corrientes, evade de su responsabilidad opositora, pretendiendo inmiscuirse en las internas del poder, que podría tener el elenco gobernante, que por otra parte, va camino a la década (mitad de tiempo del que están en el poder) de sólida unidad, que obturó el cisma, que en algún momento se produjo, más por una cuestión familiar que política (la pelea de los primos). 
 

Haciendo oídas, el “lleve y traiga” de chismes y operaciones de reforma, generando un clima de celosías, en una supuesta propuesta de intrigas palaciegas y terceros en discordia, algunos afectados por la confusión peronista, pretenden para la provincia, la peligrosa máxima de “cuanto peor, mejor” que como si fuera poco la consagrara un mentor de Lenin, muy lejos de la comunidad organizada o del pensamiento nacional o latinoamericano. 
Nada hace suponer que todo eso se dé (es decir que se profundice una interna en el frente de gobierno, en el caso de que tal cosa exista, que además, el espacio de oposición tenga que ver con ello y que finalmente todo eso se traduzca en algo bueno para la provincia), lo que sí está enfrente, y no sólo del que se sienta invocado por el peronismo, sino por todos aquellos que deseen una provincia más amplia, inclusiva y de todos, es el faro simbólico en que se ha transformado Julio Romero.

 

A la correntinidad le sería muy edificante el observar que sí existe un peronismo democrático (como tal vez no haya existido plenamente o con muchos vicios antidemocráticos a nivel nacional) es el que tuvo que ver con Julio Romero. Los distintos partidos, pueden abrevar en lo que fue un gobierno, el último al que se lo expulsó, encarcelando o persiguiendo judicialmente a sus protagonistas, mediante armas, que sentó las bases de la administración prolija, de lo que décadas después se le reconoce como activo principal al elenco oficial; el pago a término y puntual de los sueldos de la administración pública y el saneamiento de las cuentas a nivel general. 
 

El peronismo o quiénes se sientan parte del mismo, en Corrientes, en vez de mirar a Buenos Aires (como se acusaba siglos atrás a los que desde Buenos Aires miraban a Europa) deben mirar a su propia tierra, a su último gobierno, bucear en tal experiencia para reconstituir lo mejor de aquel tiempo, que como si fuese poco, fue la última vez que se convenció a la correntinidad desde el peronismo.
 

Para el propio elenco estable de gobierno, que el peronismo correntino se ordene detrás del faro simbólico de Julio Romero, le será útil y conveniente. La madre del propio señor gobernador, es una peronista de los tiempos de Don Julio, y que su hijo, como principal actor del partido de gobierno, le brinde el debido, y democrático homenaje (que ni siquiera le hacen los propios peronistas) se traducirá en ganancia institucional, política e histórica, que incluso podría ser exportable a nivel nacional, para que se sepa que en Corrientes, a diferencia del resto del país, si existió un peronismo democrático y esto no tiene que ver con un partido, sino con la madera con la que estamos hechos los correntinos, con la que se forja la correntinidad, con la ilusión en marcha de que en Corrientes seamos todos.

“Ganar una elección no es algo tan difícil. Mire lo que pasa en el campo, a la noche, en el medio de la oscuridad, ¿A dónde van los bichos?...Claro, la gran mayoría va al farol más grande. De esto se trata de encender el farol más grande…” (Julio Romero, anécdotas políticas, libro en preparación)  

 

FOTO: Diario El Litoral
 
  

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