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ANÁLISIS

9 de octubre de 2017

Camau más cerca de Ríos Brisco que de Valdés.

Existe una abismal distancia entre la persistencia y el capricho, entre la consistencia y la obstinación. Las palabras en frío, del dos veces candidato trunco a la gobernación por el peronismo correntino, en la codificación de su lenguaje no agresivo, no altisonante, cuasi melifluo y en clave propositiva, alimenta sin embargo tal distancia sideral, donde, por acción maliciosa o terca omisión, parece querer desconocer que en política las sumas no son aritméticas y que el poder no posee una propiedad transitiva. “No bajar los brazos” dispara, casi pidiendo permiso y por favor el medallista olímpico, quién por esta sola virtud, logró hacerse con la plataforma del peronismo correntino para acceder luego a la intendencia de la capital correntina, la primera candidatura a la gobernación, la secretaría de deportes de la nación, la senaduría nacional y la segunda candidatura a la gobernación. Sin paso previo por experiencia militante alguna, siquiera ciudadana, no es extraño que pretenda mixturar, maridar, semejar, la actividad deportiva e individual que lo llevó al éxito personal con la actividad política y colectiva que condujo al colectivo político en que se embarcó y usó (peronismo) a sendos fracasos a costa, tal vez, de triunfos personalísimos sea en la órbita, comunicacional, económica o laboral.

El problema será o ya lo es, del peronismo correntino. Habrá que ver que quedó del mismo, después del huracán Ricardo. Tal vez y sin querer, esté haya arrancado de cuajo a dinastías despóticas que ralentizaban el posible desarrollo de una fuerza política, por definición, inclusiva y solidaria, que se transformó en todo lo contrario, merced, al reinado de grupúsculos, en su accionar, aviesa y declaradamente antiperonistas, como la renovación, y las satrapías de Curuzú, de Bella Vista y de Goya, en esta intemperie de peronismos a la vieja usanza, o mejor dichos de los peronismos perdidosos, fracasados, prostibularios y siempre al servicio de la lógica de constituirse en la oposición para legitimar el sistema con la condición de nunca perseguir poder real, opera el velerista, que con toda la agresividad, la enjundia violenta de nunca haber pintado una pared, de jamás haber pegado un cartel o fiscalizado una elección, no necesita, discursiva ni posturalmente, mostrarse aún más a la ofensiva, para lograr sus cometidos personalísimos que ha logrado, sirviéndose del peronismo, de su historia, de su sentimiento, de la expectativa y de la pasión de todos y cada uno de sus militantes.

Entonces, traviesamente, quiere volver a seguir habitando en la piel que le dio tantas oportunidades como cargos, con la vieja lógica, imposible además, de que el poder sea transitivo. Nos quiere seguir vendiendo que sus éxitos deportivos, e individuales, se trasladarán en el campo político, sea por arte de magia o por la magia de los consultores a los que contrata, independientemente sí les termina pagando o no. Tal vez, necesite, ratificar tal tesis en congresos académicos, en clínicas en diferentes partes del mundo, donde siempre, termina siendo consultado, por la temática que lo hizo un profesional destacado y valorado; el deporte de élite.

Esto mismo que consiguió, producto seguramente de su capacidad como de su esfuerzo, es lo que lo limita en la arena política. No sólo que él mientras peleaba por el color de una medalla en las distintas olimpiadas, desconocía en absoluto la pelea política que ya lleva medio siglo de un colectivo que no es mayoritario pero si numeroso (el peronismo), sino que además, al arribar en la capitanía de tal barco, lo hizo a fuerza de una imposición tan grande, colosal e impetuosa que sólo aceptaba un solo resultado; el éxito, que ya dos veces seguidas no consiguió ni por asomo.

Sería casi sobrarlo (y no es la intención ni mucho menos) el referenciar la lógica de la conducción política con el manejo del barco que alecciona desde la inmemorialidad, Platón, pero ni un niño que termina la primaria desconoce que cuando el barco se hunde, el que se hunde con él, es el capitán.

Cuando Ricardo Colombi, humilla al velerista, cantándole “El pichón de Picurú (una canción de un pájaro que depende de su madre y que operó como metáfora, desde el 2013, de la relación de Camau con Cristina)” lo humilla políticamente, pero no debe ser reprobado el hombre de mayor poder de la provincia de Corrientes (como caen en la tentación varios) pues es una conducta, bien vista por la correntinidad que aprueba a rajatabla, el liderazgo de Colombi, sino que debe ser observado la calamidad de Camau, que en vez de correrse del escenario político, tras dos derrotas, consecutivas, habla de no bajar los brazos, como si hubiera perdido una carrera por una medalla.

Camau, debería devolverle algo de lo mucho que le debe al peronismo correntino. Lo mínimo que puede hacer es  terminar su mandato como Senador Nacional, y alejarse del protagonismo, del individualismo o de la candidatura política a gobernador, desde la que siempre intenta querer pararse desde que gano medallas (¿en representación? Es decir llevando la representatividad de lo Argentino, pero en deportes individuales o casi individuales) olímpicas.    

En vez de querer adueñarse de un supuesto 45 % en una lógica nefasta de querer hacerse patrón de lo que deparo una elección determinada, y amagar, con esa supuesta benevolencia de la palabra en bajo tono, de lo propositividad, de que el mañana será mejor y que alguna vez se escalará a la supuesta suma deseada para ser gobierno, el exitoso velerista debe saber que está mucho más cerca del porcentaje del tercero en discordia que del primero electo.

Camau, necesita crecer políticamente, suplir toda su falta de preparación militante (que la dedicó a su éxito deportivo) y en vez de arrancar por la gobernación, tal vez le convenga empujar alguna vez el carro de eso que tanto le ha servido, el peronismo, desde lugares que no sean expectables. De lo contrario nunca dejará de ser “El pichón de Picurú” arrastrando tal condición al colectivo peronista que insistimos no es mayoritario, pero sí numeroso y del cual, muchos vivos se sirven de su sentimentalidad, de sus expectativas de medio siglo, para sus pingues e individuales intereses que anidan en insondables pajareras desperdigadas por el litoral.

 

 

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Comentarios

Ricardo

Le cambiaria el titulo a la nota. Dos pajaros de un tiro. Le diste al peronismo y tambien a camao.. buena nota me gusto, saludos

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Lina

y sí. cómo no lo va a defender a Colombi si la pauta publicitaria es de él. Poco honesto lo tuyo. Mercenario de la información

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Leandro

Lina, pedazo de bruta, no te das cuenta que la pauta es del pueblo de corrientes, no de un gobernador. Acceder a la pauta es un derecho, contemplado en la libertad de expresión (lee el fallo de la CSJN), pensando de esa manera, es la única razón o causa que aún sigamos teniendo dueños, mejor dicho, que algunas personas, creen que los tienen. No importa si ofrecen sueños, si tienen medallas o se dicen de tal o cual partido. Lo importante es no tener dueños, despertate chamiga, salí de tu prisión!!!

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