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27 de agosto de 2017

¿Dónde está Stefanini? ¿Dónde estuvo Bruzzo?

Ya había desaparecido Julio López, aún no Santiago Maldonado. Corría el 2014 y titulábamos “Desapareció la política y nadie la busca”. Texto que reeditamos porque la política aún no apareció, y de allí es el principal problema para que los 30.000 sigan sin verdadera justicia, y puedan seguir desapareciendo ciudadanos, con más o menos prensa, pero que en un tris desnuden mediante su desaparición que la política no está presente, pese a la institucionalidad democrática ficta.

“Quizá la imagen de la ausencia, de la desaparición de la política, no sea la de un conocido o compueblano, desfilando en los medios unitarios de la capital, clamando por la aparición de un familiar político, mucho menos, el escarnio de esa declaración pública de Videla, acerca de que los desaparecidos no estaban ni vivos ni muertos, sino desaparecidos, la desaparición de la política o su ocultamiento (para forzar una referencia con el planteo innovador de Martín Heidegger en lo ontológico, cuando planteo el famoso olvido del ser) nos trasvasa, en cada esquina de la comarca, pensamos y creemos que elegimos, ero en verdad aún continuamos gobernados, por la elección que dejo la muerte de Ojeda y Escobar, la perdurabilidad de esa lógica férrea de gobierno, es aún más perdurable que su propio articular primigenio, el también extinto Mestre.

 

La ciencia, lo académico y por ende nuestro mundo del logos, de la razón, o arriesgando un poco más, el propio orden indispensable (desde un semáforo, hasta el sentido de las calles) que nos generamos como comunidad, requieren de un compendio de aspectos ordenados y ordenadores, iniciado desde el sentido común y prorrogado por lo normativo.

Es decir desde el tiempo mismo, que sean las 4 o 5 de la tarde, con convencionalismos para ponernos de acuerdo, para dotar de equilibrio a las expectativas, a los derechos y las obligaciones, pero a lo que vamos con estas disquisiciones, es que cuando hablamos de procesos políticos, ocurre tanto igual, o exactamente igual.

Por supuesto que los “decidores “de lo político, que alambraron el supuesto conocimiento de la política (como mezcla de lo practico con lo teórico) querrán enmarañar su propio no entendimiento con datos, con rumores y supuestos saberes que no hacen más que confundirlos y por ende confundir a los que casi obligadamente tienen que escucharlos (como son parte de lo imperativo de la agenda política, como se las arreglan para estar en todos y cada uno de los medios y sus formatos, es un imposible el no vislumbrarlos y en todo caso ser hablados por ellos) de allí que la política sea tan aburrida para el común de la gente.

Primero que no es tan así, consagran tal principio, para generar un petición de principios, es decir para que sí uno no está de acuerdo, ya arranque teniendo que forzar su voluntad y manifestar su disconformidad (siempre es más cómodo en todos los órdenes de la vida, levantar la mano como son acusados siempre los legisladores oficialistas de cualquier oficialismo) y segundo que en el caso de que la política sea aburrida tiene más que ver, no con los políticos o la gente misma, sino con sus intérpretes, con sus analistas, con sus comunicadores, que no la saben presentar en sociedad de la forma más auténtica de cómo se manifiesta.

Daremos el ejemplo que consideramos más contundente. Para explicar la política correntina, quién quiera tomarle el pelo (recordamos lo que decía Scalabrini Ortíz sobre economía “Estos asuntos de economía  y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo”) le dirá que precisa de un tiempo sideral y además de un tratado, sin embargo, es todo lo contrario.

En nuestra provincia, aún no hemos dado la vuelta de una etapa que se inició en el año 1999, cuando Corrientes anticipó la debacle nacional y la llegada del último de las aspirinas del remedio federal o intervención, pidió que le limpiaran el puente de manifestantes antes de hacerse cargo de la provincia, para ello murieron dos e hirieron a muchos más, en aquel entonces algún actual legislador era funcionario nacional por citar un ejemplo de que todos eran lo que siguen siendo, clase política y dirigente. Tras la llegada del odontólogo cordobés, más ducho con la vara política que con el torno, le desmalezo el camino a Colombi y a partir de allí, ya vamos para décadas de Colombi centrismo.

Ahora se explicara porque vuelven, en la oposición, no los que se han ido, sino los que se pusieron en suspenso, entre paréntesis unos años, el ciclo político no ha acabado, seguimos en ese mismo capítulo de casi década y media, a usted le podrá gustar o no, podrá tener su opinión formada, acentuando en lo positivo o lo negativo, lo que no le conviene es desconocer que aún perdura el ciclo colombi-centrista y usted, por acción u omisión tiene poco o mucho que ver con ello.

Esta es la política desaparecida, lo que con tantas palabras se pretende tapar u ocultar, una verdad que inexplicablemente para los que la usufructúan la necesitan esconder, probablemente por ese principio de filosofía política que reza que el poder es más vigoroso para los que lo ejercen cuando es menos evidente y ostensible para quiénes no lo tienen” (Texto del 23-10-2014)

Porque los que supuestamente, quieren hacernos creer que no están a favor de Colombi, son sus principales o sus obligados sparring, prestos a legitimarlo, parándose en una elección en la que no tendrán chance alguna y en donde siquiera pueden presentar otra lógica, otra manera de entender la política que no sea la que se ha llevado tantos desaparecidos (en este significante también podrían ser los fugados, como el Bellavistense, que se desapareció en su función pública, que se dobló en su voluntad radical y al que nadie, siquiera los supuestos opositores recuerdan) y la que puede permitir la desaparición como método o manu militari para resolver de tanto en tanto algunos aspectos oscuros de la cosa pública. 

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