Martes 25 de Febrero de 2020

  • 27.8º
  • Soleado

ANÁLISIS

24 de julio de 2017

“La democracia no cambia. Y si no la cambiamos la mataremos...”

"Con la democracia ocurre algo curioso: todo el mundo la desea, pero no hay nadie que crea en ella". Así, con esa frase tan rotunda como polémica, arranca Contra las elecciones, el controvertido libro firmado por el historiador, arqueólogo y escritor belga David Van Reybrouck (Brujas, 1971) que ahora se publica en España. Claro que lo mismo podría haberse extraído de la presente columna, desde la que afanosa e incansablemente se trabaja en este sentido, sin otro fin ni interés que no sea el preservar esta forma, este sistema de organización política en la que mal que mal, todos de alguna u otra manera convivimos. No es casual, que desde sectores, considerados extremistas de la oposición provincial, se hable abiertamente de la cuestión del fraude electoral, o de la posibilidad o mejor dicho de la imposibilidad de que algún espacio político que no sea oficialista triunfe. Traducido en términos concretos, lo que venimos trabajando (de haberlo hecho con cierto apoyo por parte del estado, en alguno de sus estamentos, hubiésemos conseguido resultados más óptimos y lecturas más variadas, habiendo brindado alertas más tempranos) se replica, por ósmosis azarosa o porque otros, que son considerados eminencias intelectuales en el mundo (de hecho esto como pequeña muestra que transcribimos del intelectual Belga que vende miles de libros en Europa y brinda notas a los principales medios del mundo, mientras tanto los artífices de estas columnas, son rechazados en los medios supuestamente colegas, pese a ser vilmente copiados y tomados como referencia sin ser citados, y siquiera invitados a la feria de fotocopias de textos que se hace en una cancha de fútbol) en donde se identifica a la cuestión electoral como el principal factor de riesgo o a mejorar de las democracias actuales.

“Reybrouck, con su aspecto aniñado, sostiene justo lo contrario: que la democracia electoral está completamente agotada, que la prueba de que ha llegado a su fin está en el crecimiento en todo el mundo de los populismos y que, si no se renueva, dará paso a regímenes autoritarios. Para evitar que eso ocurra, Reybrouck se descuelga con una propuesta sin duda original: pide que la democracia no consista sólo en votar cada cuatro o cinco años, sino que el pueblo se implique directamente en el sistema de Gobierno. Y para ello aboga por que la toma de decisiones la realice un pequeño grupo de ciudadanos comunes elegidos al azar, por sorteo… La democracia que vivimos hoy es fruto de la II Guerra Mundial y, efectivamente, creo que mucha gente la da por descontada. No son conscientes de lo frágil que es, de que las cosas pueden cambiar muy rápidamente, y para peor. De la democracia a la autocracia, al autoritarismo, hay sólo un paso. El terrible escenario que vimos en Turquía el año pasado no es para nada impensable que se produzca en Estados Unidos hoy en día. Podemos pasar bastante fácilmente de un modelo que afronta los conflictos de un modo no violento a otro que los encara de manera violenta, sin apenas darnos cuenta, porque no se trataría de una transición abrupta sino gradual. Estamos ya en ese proceso de deslizamiento, y la gente no es consciente de ello. El problema es que llegados a cierto punto ese proceso de transformación puede ser muy rápido. Yo defiendo la democracia porque, a pesar de sus defectos, es el mejor sistema para afrontar los conflictos. Pero no nos damos cuenta del peligro en el que se encuentra ahora mismo. La violencia física siempre comienza con violencia verbal, y en muchos países estamos asistiendo a un fuerte incremento de la violencia verbal. Y uno de los motivos es porque los procedimientos por los que se rige la democracia de hoy están completamente anticuados, fuera del tiempo, son procedimientos que datan de finales del siglo XVIII… Sí. Nuestro modelo, nuestra forma de democracia, se remonta a 200 años atrás, a una época en la que la mayoría de la gente no sabía ni escribir ni leer y apenas abandonaba su lugar de nacimiento. Votar en una urna tenía sentido en un mundo en el que el transporte era lento, la información limitada y la educación, un lujo al alcance de muy pocos. Pero todo eso ha cambiado. Hemos democratizado la información, la educación, las comunicaciones y hemos democratizado los transportes. Pero a pesar de todos esos cambios gigantescos, no hemos democratizado el proceso de toma de decisiones… las élites, en lugar de darse cuenta de que son necesarios cambios, se están haciendo más elitistas aún, tienen miedo de perder su poder y de que pueda reinar el caos. Pero es al revés: si no se presta oído a este enfado y se ofrecen soluciones, habrá realmente caos. …”

La nota completa la puede leer en el diario el Mundo de España:

http://www.elmundo.es/cronica/2017/02/24/58a7336de5fdeaa8038b4619.html

Usted creerá que el belga, está expresando algo novedoso, innovador, trabajando en la cuestión de la toma de decisiones por intermedio del azar.

Sin embargo sí recuerda,  o ingresa al buscador de este sitio (así como lo puede hacer para encontrar que desde hace dos años expresamos quién sería el elegido cómo sucesor del actual gobernador) podrá ver la idea de los “Dipunadores” un proyecto que determina la otra cámara del legislativo, segundo o tercera, de acuerdo a que país se referencia, mediante sorteo cómo en la antigua Grecia, una producción intelectual del Centro Desiderio Sosa, aquí vertido. Lo mismo, sí es que tiene la oportunidad de leer la realidad actual de Polonia, en donde el oficialismo aprobó un proyecto que cambia la forma de designar jueces, casualmente cuando desde estas columnas, también expresamos la postulación téorica de que la independencia del poder judicial es en verdad ilusoria o una exageración de Montesquieu.

Pero estas palabrerías no son mero lamento, lastimero y personalistas, por no ser parte de las ferias de vanidades, con las que algunos se creen más felices que otros. La cuestión pasa, por adelantar, que el único camino, que esperemos que no sea tomado, por la oposición provincial ni por otras oposiciones, es la Venezualización electoral, es decir la no presentación del otro legitimante. Algo parecido, a nivel nacional, de lo que ocurrió hace dos años en Tucumán y que no casualmente ahora, desde sectores ilustrados de la  oposición, salen a hablar abiertamente de fraude o de imposibilidad de que triunfe alguna expresión que no sea la oficialista.

Menos mal que los opositores no son afectos a la lectura, y en caso de que lean no entienden mucho acerca de lo que están leyendo, dado que no invirtieron recursos para ello. Esta es la misma razón, por la que los oficialismos, deben invertir en pensamiento o en personas afectas a ello, la democracia necesita ser sostenida, cómo fuere o a como dé lugar , cada vez son menos los que van a ir creyendo en ella, con mayores razones y evidencias…

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »