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ANÁLISIS

13 de julio de 2017

Va a ser tan lindo hacer un puente, de Verdad…(La Franela, Hacer un Puente).

“Encontrar soluciones es la cosa más fácil del mundo (abundan por todas partes, incluso sobran), lo difícil es comprender qué problemas vienen a solucionar…Tener una idea no es ninguna solución, no soluciona nada. Tener una idea es tener un problema… El problema es el sentido, el acontecimiento o la idea que confiere a los signos la posibilidad de tener sentido. Encontrar el sentido no es encontrar la solución sino encontrar el problema”. (Pardo Torío, J.S. “La aporía de la diferencia”. Editorial Síntesis. Madrid. 2014. Pág. 215.)

La caída del Puente que une Goya con Esquina, como el que también hace poco cayó entre Itá Ibaté e Ituzaingo, no son problemas en sí mismos, en todo caso son circunstancias, accidentales o evitables, que en muy poco tendrían que afectar el normal desenvolvimiento de los habitantes de nuestra provincia, dado que en el mejor de los casos, visibilizan, hacen emerger, lo que ciudadanamente sostenemos, como pilares esenciales, por los que trasuntan o transitan como por arriba de un puente los políticos asentados en sus respectivos partidos, que constituyen a partir de nuestra anuencia y ratificación societaria de que nos pasen una y otra vez, y que lo sigan haciendo por más que demostremos con fatiga, cansancio, hartazgo o hasta nos caigamos, socavemos, pondrán un provisorio, pensarán como volver a pasarnos por arriba con la excusa de unir un punto con el otro.

El problema nunca fue la encargada de Vialidad Nacional, en todo caso, habría que reconocerle al propio Gobernador que declaro no saber quién era, lamentablemente quién cesará su mandato en diciembre, contribuyó a que llegara a nivel nacional, quién designó a la encargada de las obras viales en la provincia. Con la excusa, de construir, de edificar su propio relato, el ingeniero, con título bajo el brazo y experiencia en la profesión, no como a quién sucedió, la arquitecta Egipcia que sólo lo fue en el plano imaginario, exclamo que conformaría el mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años.

Y en un lugar, donde al menos tendrían que poner señales más evidentes u observables ante los puentes caídos, la puso, a la politóloga estilo Vidal, que se adueñó, junto a su hermano de un pueblito llamado Riachuelo, en donde un soñador Valenciano, el escritor Blasco Ibáñez trabajo el arroz como si fuese oro, y años después, a quién llamaron loco y soñador, los plantadores de este lado del océano le tienen que prender una vela por cada peso que ostentan en sus suculentas cuentas  (“Un texto no es algo de lo que pueda extraerse un significado como se extrae un resultado de un balance contable o un producto de una actividad industrial”. Ibídem, 220. ) de aquí que quiénes escribanos precisemos que quiénes nos lean, puedan comprender las diferentes perspectivas que brinda un texto pensado y ofrecido gratuitamente a quiénes se encuentran con él. Claro que cómo lo dijimos muy poco podemos hacer, sí en tal comunidad, tiene mayor prestigio y prestancia, prestar dinero que articular palabras.   

Pero cómo decíamos el problema no han sido ni son los hermanos de tal pueblito. Sus rivales u opositores políticos, de los partidos nacionales más populosos (los hermanos tienen hasta su expresión política propia) tampoco hubieran hecho algo muy diferente a lo realizado por los hermanos (insistimos el hacer político no se puede reducir al pavimento, cordón cuneta o esas sandeces que nos hacen creer quienes nos gobiernan, sino que se evidencia en sí usan ese poder delegado para enriquecerse material o espiritualmente, sí se adueñan de los cargos, atornillándose, sí se las agarran con los más débiles y defeccionan con los más poderosos, esto es gobernar, lo otro, es ser un peón de la administración, ser un autómata repartidor de preservativos en tiempos de sodomía dionisíaca, al que el primer viento o lluvia, tira, socava o destruye) y lo distinto hubiesen sido los nombres, la semántica, pero no el concepto o lo determinante.

 Sí Esquina tuviese tantos canales de comunicación con Goya, como calles con nombres de políticos, el problema no sería problema, como tampoco sí Goya tuviese la misma cantidad de formas de comunicarse con Esquina, como hombres y mujeres en la función municipal del mismo apellido del poder local.

Los cómplices querrán que esto aún sea más difícil de asociar. Ningunearán el texto, lo taparán y más luego, querrán someter con los que están en falta, diciéndoles que todo se resuelve construyendo otro puente, o habiendo puesto un cartel más luminoso para que la desgracia vial n se convirtiera en desgracia humana.

Menos mal que el mejor puente lo construiremos en la provincia eligiendo gobernador y en casi todos los municipios, salvo capital que ya eligió, intendente.

Es tiempo que elijamos a los que construyen con palabras, los que trabajan el concepto, con todo el respeto que nos merecen los obreros, siguen las ordenes de un plano para hacer obras que o caerán o dejarán de ser viables con el paso del tiempo, sin embargo un gobernante, a decir de Hegel tiene como tarea ni más ni menos que “El arduo trabajo del concepto”.    

 

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