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ANÁLISIS

26 de abril de 2017

Quién controle el Senado, manejará el poder provincial.

Así como la Democracia es la expectativa por la expectativa misma, que a lo sumo y en el mejor de los casos, cumple en homeopáticas dosis sus fabulescas promesas, la elección a gobernador en la provincia, oculta tras sí, otro acto de representación de la representación. Como si fuesen Mamushkas Rusas (muñequitas que dentro de las mismas tienen otras más iguales pero más pequeñas) seremos convocados a elegir gobernador, pero el poder real, se determinará en el Senado Provincial. En tal espacio tampoco la lógica la acomoda el que más votos tiene o el que más senadores saca, sino un juego complejo y seductor, propio de las sinuosidades oscuras del poder.

La oposición, de mayoría peronista, a diferencia de lo que se cree, está hábilmente divida para dar batalla en diferentes ámbitos del poder. Una expresión la más visible y territorial, disputará su continuidad en el Municipio de la Capital. A tal punto la libertad de acción es amplia, que sus capitostes, habrían tenido la vía libre para negociar con el poder provincial, un acuerdo en donde al menos, resultó la fecha anticipada de la elección del 4 de junio (los más escépticos trazan un acuerdo mayor en donde la entrega del municipio, o una disputa de brazos caídos por parte de los radicales gobernantes en la provincia se correspondería luego con una elección de brazos caídos por parte de los municipales reelectos en la elección provincial) en una combinación alambicada, como todas que se tejen desde el poder para con o hacia la ciudadanía, esta disputa electoral que inaugura el año de confrontaciones del símbolo de la democracia, les sería funcional a sus estrategias sucesivas, de la cual se desprende la disputa por el poder formal o la elección a gobernador. Está en verdad es la disputa más sencilla, más directa, a lo sumo, una segunda vuelta electoral y contar y restar, operación matemática básica, exigencia del sistema capitalista para entronizar un supuesto mandadero, que en este caso, y como en otros lugares, no anidará en la poltrona de Ferré, que como dijimos en anteriores oportunidades, debería cambiar el nombre por el sillón de Colombi. En el caso de que este logre romper la física política y lograr la transitividad del poder, hacia el delfín que designe le sucederá lo que aconteció en Catamarca con los Saadi en los ´80. Cuenta la anécdota que en la plaza principal de San Fernando del Valle, un lustrabotas, limpiaba los zapatos del histórico Leónidas Saadi, padre de Ramoncito, a quién le había delegado la formalidad de la gobernación. Cuando el trabajador informal extendió su mano para recibir su pago (a voluntad) apenas si percibió unas monedas. El lustrabotas, con sumo respeto le dijo al símbolo viviente del poder: Disculpe don Leónidas, ¿Por qué usted me da unas pocas monedas y sin embargo, Ramoncito su hijo, me da muchos billetes? A lo que Saadi respondió: Sabe lo que pasa, él es hijo de rico. Colombi tendrá este problema. Ni siquiera se trata de quién lo suceda, sino que en el caso de que ganen la elección, asumirá un hijo del poder. Será, quién funcione un hombre nacido en la cuna de oro de la política, acostumbrado a administrar recursos públicos, a que los siervos de la gleba de la estatalidad le rindan pleitesía, un ser, que en el mejor de los casos y más allá de sus condiciones personales, tendrá anestesiada su hambre de gloria, su necesidad de hacer historia y de trascender. Este poder prestado, se aplicará en grado parecido, en la hipótesis de que el ganador sea el velerista. La victoria para él, será el cumplimiento de un objetivo, de una fijación, casi de un capricho, no será muy distinto a la obtención de una medalla o de un logro deportivo, cosechados a lo largo de su exitosa vida deportiva. La política es una causa que se abraza de por vida, es una convicción, no un medio para tener algo que hacer, u objetos materiales para aquilatar, menos un sendero que se transita, casi de casualidad y por una obsesión de conseguir un resultado o llegar a un lugar. Esto no significa que la vocación se pueda despertar más tarde que temprano, pero sí de tiempos se trata, alguna vez las palabras, la mirada, la voz, los discursos, dejaran de ser impostados, melifluos, apoyados en marketing y coaching, mientras sigan en ese sentido, por más que se acopien encuestas con buena imagen, éxitos y notoriedad, la urna, o los hombres determinantes que las manejan, jamás depositaran la confianza en quién si quiera le acierta a la estética que debe tener un gobernador de una provincia conservadora (que no es precisamente la de un hombre delgado, vestido como metrosexual).

El poder radicará en los próximos años en el Senado provincial. Sí usted es un observador de la  política correntina, habrá dado cuenta que hace tiempo, este lugar se obturo mediante, el aniquilamiento político, que le propinaron al vice del gobernador, un hombre, con suma capacidad política, el hombre político de la oposición, denunciado, por el mismo hombre de más poder formal y real, precisamente por esta circunstancia. El dueño de los votos, de los recursos, de más años en el poder, aún no puede entender, como hizo, el que tiene el diario de menos tirada y algunas cabezas de ganado, para manejar desde su campo, al senado provincial y desde allí uno de los hilos fundamentales del poder (su vinculación con la justicia).

La primera lección se la dio con el presidente nato. El número uno creyó que la lealtad es un ejercicio, cuando en verdad es un concepto. Es decir, no se es más leal, porque uno hable loas de su jefe, le sirva café, haga sesiones itinerantes o haga muestras pictóricas en una oficina institucional. Llenar los medios pagos de gacetillas pavas es una tontería, que en su repetitividad pretendió camuflarse de un acto de lealtad o de suma política. El gobernador creyó esto y cuando se dio cuenta, ya se lo habían robado. Desde ese diarito, lo convencieron al leal que su máxima lealtad era decirle que se podía constituir en su sucesor, sin pedirle permiso al patrón. Le destrozaron la cabeza, cuando el uno se dio cuenta, afirmó “Mentes débiles” pero el pito ya había sonado, por más que valiera poco. Con el senado paralizado, designaciones que se paran, que se enturbian, en el más oscuro de los poderes del estado, el hombre gris, el hombre que le disputa poder real al gobernador, con su sobrina y el sello peronista, le está manejando una institucionalidad del poder, sin ser parte.

El gobernador no ha sido alertado que tiene sobre-exceso de abogados que le juntan votos como ganado, que le dan bolsones y remeras a viejos y jóvenes por igual, para darle dentaduras, anteojos o una beca y citarlos a los actos. De a miles, el número uno, colecta, poroteros, a quiénes lo sienta en ministerios, para que repartan y le junten votos, marcándolos previamente como ganado, ploteandolos en su alma y dignidad. En el senado, sin embargo, necesita juntar 10 votos de los 15 totales y no todos los obtendrá en la elección.

Lo que tiene que hacer el gobernador, estará en juego su propia libertad ambulatoria, es poner en su lista de senadores, no a quién le junte votos (le sobran estos poroteros y él es el mejor), o a quién le garantice recursos (le sobran y a sus rivales le faltan) sino a quién le pueda ordenar el rebaño de senadores opositores o por lo menos, darle batalla a su rival más poderoso que le maneja el senado y que ira por mas (en la lista de senadores volvió a poner a su sobrina y a uno de sus apoderados que le cobraban su jubilación).

Sucede que bajo el significante extenso del peronismo, son senadores unos muchachos que bien podrían ser concejales de sus pueblos, sumados al chamamecero estelar, que podrá saber de sus respectivos oficios o profesiones, pero de política, bueno, para eso siguen ordenes, bah, ni siquiera siguen el símbolo, siguen la nomenclatura, esta es la razón por la que le resulte muy sencillo a Confucio manejar a control remoto el Senado. Su poder peronista, lo ejerce en este ámbito, les hace firmar declaraciones, los saca en el diario, los convence de que forman parte de la familia peronista, que sólo funciona en tal lugar, para ejecutar sus planes de poder y los que deberían estar a lo sumo en los concejos deliberantes de sus pueblos, para no quedar descolocados, para no mirar para arriba, firman, a pie juntillas, gratis, en nombre del peronismo y de la política que los excede.

Sí el gobernador se da cuenta de esto (es más sí el senador radical de Mocoretá deja su banca para recuperar la intendencia, le dejará el lugar a un filo peronista, que si lo deja sin alguien que lo maneje en términos peronistas, terminara, gratis y producto de la confusión descripta  en el redil de Confucio) y arma para ello una pata peronista, es decir si pone a quién le junte diez senadores de un total de quince, siendo necesario para ello que coopte quiénes se digan peronistas, podrá respirar tranquilo, independientemente de quién gobierne, hasta podrá decir que sigue manejando los hilos de la provincia.   

Lo que le acaba de suceder a su supuesto rival, el supuesto peronista, intendente de la capital, le podría servir de reflexión. La política no necesita de hombres que hagan, de quienes midan, de quienes tengan, de quienes caminen, de quienes recorran, la política necesita de personas que piensen, de lo contrario, otro lo hará y los problemas lloverán, agua mediante o procesamientos judiciales a granel, producto de no haber cerrado el ducto senatorial.

 

 

 

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