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ANÁLISIS

23 de abril de 2017

¿Que se hace con el pito? O del tercer frente político.

“No hay que darle más importancia al pito de lo que vale” sentenció el gobernador, cuando el carro se le transformó en calabaza. Él mejor que nadie sabía que la pintura peronista que había adosado a su compañero de fórmula, no iba a resistir demasiado, no sólo no era de buena calidad, poseía varias capas que hacían insostenible que la fachada fuera duradera. Finalmente terminó de desteñir, se corroyó y terminará destilando lo que le quedará de sí en un ecosistema político que sí de algo debe preservarse, es de mayor material nocivo para su armonía y supervivencia. Sus pares, es decir quiénes están dentro del círculo de las decisiones, antes que penalizarlo, o hacerlo a un lado, deben desapoderarlo, simplemente y a los únicos efectos de preservar el régimen, el statu quo, el valor simbólico de tres o cuatro grandes definiciones que sostienen lo democrático. No se trata de quién gane o de quién pierda, del puñado de votos que luego e hipotéticamente se puedan malvender en un supuesto balotaje, el dejar correr caprichos incompresibles de caballos desbocados por el poder, al único que perjudica es al poder mismo, por ende a sus integrantes.-

“Pues si uno por querer recibir dinero de alguien, desempeñar un cargo público u obtener alguna otra influencia, tuviera la intención de hacer las mismas cosas que hacen los amantes con sus amados cuando emplean súplicas y ruegos en sus peticiones, pronuncian juramentos, duermen en su puerta y están dispuestos a soportar una esclavitud como ni siquiera soportaría ningún esclavo, sería obstaculizado para hacer semejante acción tanto por sus amigos como enemigos, ya que uno le echarían en cara las adulaciones y comportamientos impropios de un hombre libre y los otros le amonestarían y se avergonzarían de sus actos” (Platón “El banquete” 183ª)  

 

Queríamos dejar en claro, como ciertos actos de poder, que se leen desde el poder, también puede estar contaminados de acciones coléricas, enfermizas y afiebradas, producto de irrisorias decisiones, tomadas desde el empacho de la mendacidad política, desde la arrogancia plagada de brutalidad y del plagio irresponsable, inauténtico y ordinario que a fuerza de hacerse creíble se troca en risible y payasesco.

Por más encuestas, de quiénes luego de años trabajar en la provincia, realizan mediciones sin escribir bien los nombres de los encuestados, a nadie le escapa que la idea del tercer frente desde el núcleo del oficialismo, no sólo que será un acto burdo de deslealtad (que además originaría las ansias de investigación de otro de los  poderes del estado acerca de las trapisondas de los responsables), sino una película de mala calidad, que perjudicaría a la política, al sistema, o a la democracia toda. En función de preservar esta misma, es que entraremos en el juego descabellado de trazar esta enfermiza hipótesis, señalando lo siguiente:

1) Ya es una petición de principios arrancar con "yo tengo tantos votos" (por más contratos que se dispongan, temporarios claro, a sabiendas que en unos meses el dueño de esa lapicera se irá, producto de una eyaculación precoz, inconcebible e inentendible), nadie tiene la propiedad de los votos (por más locura galopante que le haga creer tal cosa al afectado), es más, ninguna persona cuerda podría sentirse orgullosa de "querer controlar, como si fuera un negocio agropecuario, cuanta gente lo puede acompañar con el sufragio, y creerse o venderse como democrático, en los medios que paga con fondos del estado que en breve dejara de administrar.

 

2) Al votante no se le ofrecen ni ideas, ni proyectos, ni alternativas, y las que han surgido de tal lugar, les fueron enajenadas a quiénes tuvieron algún grado de participación, habiendo sido expulsados por furias funestas, como las que explicarían la decisión alocada de una inmolación política como la de una presentación como tercer frente.

3) No existen definiciones ideológicas que distingan a partidos entre sí, mucho menos a quiénes, momentáneamente conducen los mismos. El pragmatismo de los ismos, sólo se reduce a bandas, compuestas por afinidades familiares y amistosas, que compiten entre sí y que arrean a lugartenientes pagos, para ver quién se queda con el botín en disputa y luego repartir entre los integrantes del grupo ganador por tanto, el querer vender, desde un no lugar, mediante el solvento de recursos no renovables que tienen fecha de vencimiento, sólo será un acto despectivo hacia lo democrático en general.

 

El único retorno que el hombre en cuestión podría tener, es que renuncie, dando públicamente las supuestas razones de ello. Irse unos meses antes, de lo que indefectiblemente lo hará, le generará un velada esperanza, para engatusar a la tilinguearía bullanguera a la que se le confunde mediante la vomitada de gacetillas de prensa, de regresar dentro de 4, 6 u 8 años, destacándose el supuesto valor de este renunciamiento histórico.

En un sentido semejante, lo mejor que pueden hacer, sus pares, ex correligionarios, o su patrón, en vez de hacerlo recorrer tribunales, es pedirle que se vaya, así como llegó, obediente, obcecada y disciplinadamente.

Corrientes tiene sobradas experiencias traumáticas en incendios, inmolaciones y quemaduras, no se merece, por parte de quiénes, como si fuera poco fueron privilegiados en el manejo de la cosa pública sin tener demasiado con que, actos inconscientes, desenfrenados o alocados, merece por parte de ellos, como mínimo un gesto de grandeza, tal vez el último, irse por una renuncia o por una solicitud de sus mandantes, por la puerta grande, tras haber ingresado por la ventana, historia que no podrá ser borrada, sí mejorada o empeorada, pero esto es lo que se pretende evitar, por el bien general. 

“Por otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni desean hacerse sabios, pues en esto precisamente es la ignorancia una cosa molesta: en que quien no es bello, ni bueno, ni inteligente, se crea a sí mismo que lo es suficientemente. Así, pues, el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar” (ibid 204ª)

 

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