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ANÁLISIS

12 de enero de 2017

El tesoro de los Nibelungos.

¿Acaso la democracia occidental que nos hemos forjado, no continúa conceptualmente, con los principios básicos del nazismo, que creíamos derrotado, con la cuestión migrante, con el cerco galvanizado en los inicios geográficos de Europa, pese a que los de afuera mueran en persecuciones, en archipiélagos de excepción y naufragios?

¿Cuánto nos corresponde de responsabilidad, a cada uno de los que consumimos un chocolate de las marcas más consagradas, en nuestra confiterías, en la comodidad de nuestros hogares, sabiendo que el cacao que los nutre, proviene del África occidental, donde los niños de allí mutilan su vida por una meandros, por los que nosotros, desde aquella comodidad-complicidad pagamos, empachados y extasiados?

¿El eje Franco-Alemán, que gobierna Europa y Occidente, no es acaso el maridaje entre las formas democráticas, o jacobinas, de igualdad, fraternidad, y libertad, para los que estamos dentro de las fronteras en donde todavía se come y se puede disfrutar de los placeres ficticios que nos inventan, a costa de los lugares en donde los sacrificios humanos, se cometen, casi como en tiempos de Auschwitz, y extrañamente no son visibilizados por la turbamulta de medios y de formatos para comunicar, dado que en la multiplicidad de lo mismo, nos han mareado al punto que denostamos lo único que nos puede permitir ser diferentes en la mismidad, que es la  posibilidad de pensar?-

Quedarnos con la imagen de un camión atropellando gente, como en Niza o Berlín, sólo genera mayor caos, confusión y agresividad a un mundo que precisa cuestionarse sus ejes conceptuales. Ni las cuestiones accidentales, ni mucho menos las acciones desarrolladas por extremistas (a quiénes se les debe responder, únicamente con el peso de la ley terrena, esa que dicen aborrecer y pretenden abandonar) pueden impelernos ni a reacciones, ni pensamientos. Ahora, el tratar de entender cómo o de donde proviene el estado de bienestar que cada uno de nosotros alcanzó o puede alcanzar es básico y de sentido común. En caso de que lo pensemos de tal modo, que creamos que ya es tiempo de que pensemos en otros sistemas, en otras formas, en otros contratos y ver como los aún actuales, están tan emparentados con los horrores que nos supimos perpetrar y nos seguimos perpetrando, posiblemente sea el desafío que la actualidad nos impone. El bienestar, supuesto y ficticio, que para que exista, debe ser vendido como expectativa y posibilidad para los que aún no lo gozan, no sólo que cada vez alcanza a menos, también ve menguada su capacidad de encantar, de seducir y finalmente, sí lo pensamos bien y detalladamente, ni siquiera estaría brindando bienestar a quiénes dicen sentirse sus principales benefactores.

Todos conocemos el acto de Fe que hizo David, al enfrentar al gran Goliat, nada mejor que recurrir a la Biblia como para recordarlo con precisión, pero de esa historia, se desprendieron varias más, con connotaciones religiosas, pero también sociales y políticas, es el caso de Sebastián Castalion contra Calvino o El Mosquito contra el elefante:

“Castalión, — y ésta es su inmarcesible gloria — es el único de todos estos humanistas que avanza resueltamente al encuentro de su destino. De modo heroico, se atreve a alzar la voz en favor de los compañeros perseguidos y con ello se juega su propia existencia. Totalmente libre de fanatismo, aunque amenazado a cada instante por los fanáticos; en absoluto libre de pasión, pero con una firmeza tolstoyana, alza, como una bandera, por encima de aquellos furibundos tiempos, su declaración de que ningún hombre debe ser forzado jamás en sus opiniones y que sobre la conciencia de un ser humano no le es lícito nunca ejercer violencia a ninguna potestad de la Tierra; y como esta declaración no la formula en nombre de ningún partido sino en el del imperecedero espíritu de la humanidad, sus pensamientos, lo mismo que algunas de sus palabras, han quedado por encima del curso de los tiempos. Siempre, cuando están formulados por un verdadero artista, conservan su sello los pensamientos de un universal valor humano, que trascienden por encima de todos los tiempos; siempre son de mayor duración las declaraciones que enlazan al mundo entero que las particulares, doctrinarias y agresivas. Como modelo, sin embargo, para todas las generaciones posteriores debería ser conservado el valor, no por nadie imitado y digno de serlo, de este hombre olvidado. Pues cuando Castalión, a despecho de todos los teólogos del mundo, llama a Servet, víctima de Calvino, un asesinado inocente; cuando contra todos los sofismas de Calvino arroja estas inmortales palabras: "Matar a un hombre no es nunca defender una doctrina sino matar a un hombre"; cuando proclama, en su Manifiesto de la Tolerancia, de una vez para siempre, (mucho antes de que lo hagan Locke, Hume, Voltaire y de modo mucho más magnífico que ellos) el derecho a la libertad de pensamiento, entonces este hombre, como prenda de sus convicciones, se juega su vida” (Stefan Zweig).

La principal leyenda Alemana, a la que se refiere el título, en verdad se traduce, o desde acá lo traducimos en esta clave política actual, en cómo, los teutones, se reconstituyen de las diferente tragedias en las que participaron, como protagonistas (suponiendo, que lo hicieron con la perspectiva de que estaban contribuyendo a un mundo mejor) sin dejar de ser tales o dejándolo de ser en breves interregnos, para continuar, como en los últimos 100 años dirigiendo los destinos de occidente y del mundo.

Encontrar este tesoro, se traduciría en que sea la cultura que fuese, que ocupe el rol de administrar las referencias principales para las restantes, en cuanto a la organización social, económica y política, tenga como prioridad el principio de Calvino, contemplando de tal manera que nadie viva mejor a costas o expensas de que otras vivan peor, porque llamémosle como la llamemos, ya sabemos de qué se trata esa concepción del humanismo, hasta que infiernos nos condujo y que ningún tesoro o riqueza de ninguna leyenda valdría el que emprendamos tal aventura, o que conduzcamos a tal fin el timón de la humanidad.

  

 

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