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ANÁLISIS

4 de enero de 2017

El poshumanismo producto del maridaje entre la posverdad y la posdemocracia.

La posdemocracia ha construido, bolsones, archipielielagos de excepción, guetos, extensiones amplísimas de poshumanos a los que creemos (en un uso de la posverdad) como si fuesen iguales en derechos y posibilidades, pero que sin embargo en la realidad son completamente desvalidos en su propia condición de sujetos. Nosotros, insistimos en nuestra posverdad, los creemos prójimos, o próximos o asequibles a nuestro género humano, sin embargo, mediante nuestra posdemocracia los hemos transformados en los residuos necesarios, para extender nuestro ser en el mundo. En sus faltas, en sus carencias, nosotros podemos observar, sentir y percibir nuestros logros, validarlos y legitimarlos, darles sentido a nuestras vidas en la posmodernidad que nos arremete con sus excesos y provocaciones. El desafío consumista-existencial de no poder tenerlo todo, lo hemos resuelto generando quiénes no pueden tenerlo nada.

Expresa muy pedagógicamente Juan Carlos Monedero: “El uso del prefijo «post» en las ciencias sociales suele responder a tres razones: prudencia, impotencia o ánimo ideológico. Prudencia, cuando se verifica que un hecho difumina sus contornos, incorpora matices y anuncia novedades sin perder totalmente su condición original. Impotencia, cuando se carece de la capacidad de identificar si lo viejo se ha marchado y lo nuevo ya ha llegado, algo relacionado con la turbulencia de la época y la dificultad del análisis para llegar al núcleo de lo que se quiere definir o para proponer alternativas. Y ánimo ideológico, cuando se quiere distraer la atención para rebajar un potencial conflicto explicando que los cambios son inevitables o no tan relevantes, o bien, en una dirección contraria, cuando se quiere dejar claro que algo que era positivo se ha perdido y conviene recuperarlo para el bien de la colectividad. Los post suelen estar llenos de memoria y de subjetividad” (http://nuso.org/articulo/posdemocracia-frente-al-pesimismo-de-la-nostalgia-el-optimismo-de-la-desobediencia/ )

Este uso si se quiere abusivo del prefijo, para conceptualizar términos, con historias recientes, nos direcciona a un campo en donde la realidad en la que estamos viviendo, no solamente no la podemos dimensionar sin la distancia necesaria, sino que presumimos que eso indeterminado, indefinido o incierto puede, casi por fuerza intuitiva lo arriesgamos, tener características disruptivas, instancias aporeticas o zonas de bifurcación en donde, o sucederá una cosa o la otra, pero, necesariamente, la disyuntiva se resolverá.

Una de las tantas variables que definen nuestra actualidad, es la medida del éxito que nos entronizan desde los medios de comunicación, desde tal atalaya u olimpo en que ciertos semidioses determinan muchas de nuestros sucesos cotidianos, se apuntó al término posverdad como concepto del año, de acuerdo a la razón que esgrimieron, en base a un cálculo aritmético, proporcionado por las estadísticas de la red, en relación al aumento, exponencial, de un año a otro, en su uso en el distrito del lenguaje y por ende en el andamiaje de la comunicación.

La posdemocracia  tiene un origen más académico ya que  proviene del autor Colin Crouch con su libro cuyo título acuña precisamente el neologismo. En el siguiente y pedagógico resumen del texto podemos obtener una síntesis nodal: “Durante la posdemocracia sobreviven prácticamente todos los elementos formales de la democracia, lo cual es compatible con la complejidad de un periodo “pos”. No obstante, debemos esperar una cierta erosión a largo plazo, a medida que, hastiados y desilusionados nos alejamos cada vez más de nuestro concepto máximo de democracia. También debemos esperar la desaparición de algunos apoyos fundamentales a la democracia y por tanto un retorno todavía más pronunciado  a  algunas de las situaciones características del periodo predemocrático, retorno cuya responsabilidad es atribuible a la globalización de los intereses empresariales y a la fragmentación del resto de la población.”  (Polsci Noob: https://reflexionessociales.wordpress.com/2010/09/22/libroposdemocracia-de-colin-crouch/)

A diferencia de lo que considera el autor, no creemos que el habitar un proceso posdemocrático nos traslade, o devuelva, o retorne a una situación predemocrática. Consideramos que sucederá, precisamente lo contrario, de allí que hablamos de una suerte de maridaje, de hermanamiento, de sincretismo, o síntesis con la posverdad, a la que podríamos definir de acuerdo a la siguiente consideración: Post-truth (posverdad): Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales. Esta es la palabra del año para el Diccionario Oxford, que ha constatado un incremento en su uso “en el contexto del referéndum británico sobre la Unión Europea y las elecciones presidenciales en Estados Unidos”, hasta convertirse en un término habitual en los análisis políticos. (Jaime Rubio Hancock. http://verne.elpais.com/verne/2016/11/16/articulo/1479308638_931299.html )

La posdemocracia ha construido, bolsones, archipielielagos de excepción, guetos, extensiones amplísimas de poshumanos a los que creemos (en un uso de la posverdad) como si fuesen iguales en derechos y posibilidades, pero que sin embargo en la realidad son completamente desvalidos en su propia condición de sujetos. Nosotros, insistimos en nuestra posverdad, los creemos prójimos, o próximos o asequibles a nuestro género humano, sin embargo, mediante nuestra posdemocracia los hemos transformados en los residuos necesarios, para extender nuestro ser en el mundo. En sus faltas, en sus carencias, nosotros podemos observar, sentir y percibir nuestros logros, validarlos y legitimarlos, darles sentido a nuestras vidas en la posmodernidad que nos arremete con sus excesos y provocaciones. El desafío consumista-existencial de no poder tenerlo todo, lo hemos resuelto generando quiénes no pueden tenerlo nada.

La poshumanidad, puede ser visible y palpable, en la dificultad, y porque no ascetismo que propondría alejarse de la posverdad que inocula y establece como vara la posdemocracia; Escuchar a quién tenga como objetivo desde hace años, solamente sobrevivir, o hacer sobrevivir a sus hijos, requerirá, prácticamente de conocer previamente el dialecto en el que se comunican, en una suerte de argot callejero en donde la saliva debe ser ahorrada para prorrogar la segura victoria de la inanición. Estos seres a los que perversamente, se los sigue considerando iguales, en el caso de que sean estudiados por valores estándares de la cientificidad, guardarían más relación con el eslabón perdido, que con quién posee otras preocupaciones más allá de comer y no estamos hablando de aspectos estéticos, de los cuáles, el solo plantearlos ya  ganaríamos la connotación de además de crueles, ostentar en grado sumo el mal gusto y blandirlo para acomodar un par de letras.

En este festival del “más allá” que denota en definitiva el prefijo post, posible o probablemente y por sobre todo en relación a la crueldad que significa que convivamos con cientos de miles o de millones de semi-seres, a los que por acción u omisión los condenamos a esa situación, no sería solamente literario el pensar que tal vez, seamos el más allá de generaciones anteriores, de las que nosotros seríamos el resultante o una parte de ese resultante. En esa hipótesis, imposible de probar, tal vez, estemos recreando o viviendo, el infierno o el lugar de castigo, de penalidad espiritual, de seres preexistentes, de quiénes han hecho las cosas tan mal (que seríamos nosotros en una suerte de vida anterior, o pasada, siguiendo con esta hipótesis incomprobable, pero verosímil) condenados a habitar un más allá, una suerte de posvida, en donde de maduro caería la necesidad de creernos y mentirnos en posverdades, organizarnos en posdemocracias y por sobre todo, hacer valer nuestra malicia, nuestra mal conformación o adopción de acciones humanas nefastas para haber generado, aumentado y mantenido nuestros niveles de poshumanos para el sostenimiento de nuestros privilegios y prerrogativas que se nutren de la sangre, del sudor y de las lágrimas de los humanos a los que hemos condenado a su actual condición de post o de más allá de lo humano, dado que de tantas carencias a los que los sometemos, ya no lo pueden ser.

 

  

 

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