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21 de diciembre de 2016

Presenta tu candidatura.

A días del año electoral, y como una pequeña muestra de lo que será el mismo, arrecian las precandidaturas, instalaciones o expresiones de deseo, de quiénes ya están en el circuito político o pretenden estarlo. De propuestas y proyectos se habla y muy poco, claro está, como debe ser.

No se trata aquí de una cuestión ontológica, religiosa o trascendental, referimos a lo espiritual en lo político, como representación más fidedigna de lo que somos. Pues sí en una elección, lo que está en juego es el fenómeno sociológico de la representación, debemos ahondar en aquello acerca de lo que es o lo que son los candidatos y que por tal cuestión plantean representar o pretenden hacerlo para las o hacia las mayorías.

Por eso, existen discursos diversos y toda una mercadotecnia en cuanto a esto, dado que mientras más diga representar un candidato, más sectores  podrán contemplar para dirigir sus actos o discursos. Vale decir, en tiempos de elecciones, se sabe que el candidato (de allí su nombre que lo dispone a la seducción del voto) va a lugares inimaginables y se sienta con personas y personajes variopintos (desde lúmpenes a curas) a los efectos de pretender abarcar ese todo denominado gente, soberano o votos. De allí la atracción/trampa que ejercen los medios de comunicación, que supuestamente llegan de varias formas por diversos canales, cuando en verdad, en la actualidad, solo difieren de formas, pues lo que se envía, tanto desde los candidatos, como lo que se procesa desde los medios, es lo mismo. Aquí comienzan los problemas y aquí metemos al espíritu como concepto clave.

En tiempos donde Francisco, sin ninguna asesoría de marketing, hace estragos de popularidad, reinando en uno de las instituciones, con más mala fama, antes de su llegada, nadie pone el acento, en que al Papa Argentino, lo que le sobra es espíritu, y esa espiritualidad, es la que contagia, lo que la gente no tiene y necesita, lo que el mercado ni sus gurúes le pueden vender.

Volvemos a la política y de Corrientes, pues este es nuestro tema, y pasa calcado lo que relatamos ocurre fronteras afuera y en otros ámbitos de la vida.

Candidatos, en su gran mayoría, vacíos de todo, carentes de objetivos, de discursos, impulsados por un único deseo materialista, que se les nota y los trasvasa. Pretenden con esa materialidad comprar los discursos, la toma de la cámara donde mejor se los vea, la pregunta cómplice del periodista, la crónica favorable del redactor, la actividad o el mitin en el barrio, la militancia del militante, los aplausos de seguidores pagos y que todo lo invertido le vuelva en esas jugosas dietas que lo ponen en un sitial diferente al resto, ese instante de poder en donde solo decide a quién le da siempre lo mismo, que es dinero en todas sus formas y manifestaciones.

No es necesario definir política, como el ejercicio del poder destinado a la transformación, pero los carentes de espíritu no tienen con qué hacerlo, son simples marionetas de un sistema, símiles a los agentes Smith de la trilogía del cine Matrix, copian y pegan, discursos, ideas prestadas o compradas, para repartir bienes entre personas que varían cada tanto, esa es toda la libertad que tienen y por ende que pueden ofrecer.

Se les nota, y demasiado, en sus afiches, en sus memes en lo que dicen sin creer, en lo que prometen sin entender, y en lo que claman, sin verdaderamente querer, les deberíamos dar, casi como una limosna, ese supuesto poder que ellos creen tal, que en verdad son migajas materiales a repartir, dan pena , pero se los necesita como contraejemplos, como muestra de lo nocivo, del camino que no debemos seguir, por más que circunstancialmente y mediante los engaños que plantea la mercadotecnia cosechen pingues adhesiones a precio vil.

 “El espíritu no es ni la sagacidad vacía ni el juego de ingenio que a nada compromete,  ni el ejercicio sin fin del análisis intelectual, ni una razón universal, sino que espíritu es el de decidirse originariamente templado y consciente por la esencia del ser “(Jacques Derrida)

 

¿Asistiremos nuevamente a ese espectáculo casi circense de cierta clase político, en donde además de los mismo, hacen su agosto, los menos escrupulosos de los comunicadores y los dueños de casas de ploteados y de imprentas? ¿Se repetirán esas caminatas por los barrios, cuál recorrida de emperadores romanos en terreno de bárbaros, ese tracking de campaña, con la parafernalia de banderas, gorros y calcos, un sincretismo entre los tiempos de unitarios y federales y la imposición del merchandising proveniente de Norteamérica, logrando el cometido del contacto con la gente, del besamanos hacia los funcionarios o candidatos, en definitiva esa eyaculación violatorio  que da esperanza a cambio del pedido del voto, o de la toma del mismo, el croto seguirá en su condición, mientras los nombres se suceden como en un calesita, sin que las soluciones asomen como milagroso horizonte?.

 

 

¿Qué hacer? Se preguntarán los pocos que conserven ciertos escrúpulos; presentar la declaración jurada de bienes, bajar al papel, con nombre y apellido, a los aportantes financieros de cada campaña. Ni utópico, ni revolucionario, forma parte de nuestro compendio de normas lo peticionado. Hablarle al correntino, diciéndole que en realidad, no dependerá de quién llegue, la transformación de la realidad, que mentirosamente ofrecen. En todo caso, que el pobre deje de ser tal, depende más de la voluntad del afectado, y obviamente de las herramientas que le puedan ofertar, quienes conducen el estado. Los instrumentos, son los proyectos, las propuestas, los planes. Organizar a la comunidad, mediante cooperativas, micro-emprendimientos, generando industrias, como la del turismo, o volcando las acciones en campos de la producción, podrían ser, puntas de lanza de los candidatos que pretenden llegar a la administración. Pero claro, no se les cruza por la cabeza, piensan en el fondo que el cáncer se cura con aspirinas. La bolsita de alimentos, el plan disfrazado en programa que termine en “ar”, en el mejor de los casos, hablar mal de tiempos pasados, echar la culpa a los otros, tiene un rinde electoral mucho más positivo que el proporcionado por la soja a los productores del campo.

 

Cuentan con el apoyo irrestricto de una prensa mediocre, ávida de enfrentamientos mediáticos, o de divisas, que para el caso, lo primero es causa para lograr la consecuencia monetaria. Mercenarios de la comunicación, que transparentan los números del ratings, y los números de las encuestas, más no así el número de las pautas publicitarias que reciben.

 

¿Por qué no debaten públicamente los candidatos, entre sí en vez de amenazarse?. ¿Por qué eligen el barro de la cancha, y no la claridad de las propuestas?. Respuestas que mientras más pobreza y más analfabetos existan, menos interés tendrán en responder los protagonistas.

El tiempo, irrefrenable y sabio, se encarga de desnudar las debilidades, los que hoy piensan que por llegar sin propuestas, por simplemente acceder a lugares de poder, los responsables directos de la miseria y personeros del atraso que creen, que conseguirán la gloria por los votos, que secuestrarán a quiénes le han quitado todo, por una boleta más en la urna, a cambio de la consagración, se equivocan, abismalmente. Los que hoy, revuelven en la miseria, caminata mediante, para ser legislador o concejal, no lograrán la gloria de imprimir su sello en la historia. Podrán figurar en un manual escolar, que diga que de tal año a tal otro, se sentó el fulano de tal, pero estando tan cerca, dejarán pasar la posibilidad de dejar su huella impresa en los anales.

En caso de que ese barro, cubra las expectativas de una campaña sin propuestas, sin proyectos bajados al papel, con el cotillón de los afiches, los jingles de campaña, a los actuales candidatos del hoy, muchos seguramente ratificados por una democracia inerte, al verse sorprendidos por la vejez ya no tendrán ese tiempo, ni la  posibilidad de caminar los barrios, y quizá en esa ancianidad solitaria, los de hoy se pregunten (como lo hacen los de ayer) ¿y todo esto para qué?.         

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