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ANÁLISIS

18 de diciembre de 2016

¡Adiós, ciudad de Mercedes!

Así dice Ferradas Campos en su Chamamé que en letra y musicalidad, destaca la tristeza de quién debe abandonar su terruño, y quizá pueda ser el anhelo y el deseo profundo de muchos, que pretenden otra cosa de la política, y puedan en algún momento decirle Adiós, Chau, hasta luego a una forma de vivenciar y de entender el manejo de la cosa pública, la representatividad y la legitimidad de las elecciones, como si fuese una trifulca en donde impera la ley del más fuerte, del más astuto o del más testarudo, dejando a la correntinidad toda expuesta a la verdad de su calidad democrática.

La correntinidad, ha encontrado en su historia,  encuentra y seguirá encontrando sus problemas insolubles producto de la disputa, sin códigos, ni acuerdos mínimos, o fragilidad de estos, de su clase dirigente. Solamente diremos que es la Provincia con mayor cantidad de intervenciones federales, el resto, que los responsables, alguna vez se hagan cargo de la responsabilidad que les cabe en todos y cada uno de los episodios vergonzosos, disfrazados de democráticos. Ningún sentido tiene, entrar en el menoscabo que propuso la situación política de la Ciudad de Mercedes de los últimos años, menudo trabajo tienen los cronistas de actualidad como para a ciertos partes de prensa, introducirle vicios de seriedad como para que lo narrado sea creíble para los lectores, ni siquiera válido para un tribunal o sensato para la comunidad (la complejidad en la que asumió el actual intendente, el asesinato de otro electo, la última asunción del fiscal, escandalo senatorial mediante). Consignamos sí que las características que la hace particular, ser el terruño de los últimos dos mandatarios provinciales, no debería ser óbice para ningún otro análisis con otras vetas, sino que agrega un grado más a la vergüenza que puede generar a los que pueden estar orgullosos de ser correntinos, que en una de sus comunas más representativas de la correntinidad, se susciten este tipo de conflictos que parecen sacados de las épocas del fraude patriótico del siglo pasado y que sin embargo, se disponga a ser el enclave político de 2017 (por la participación del que será ex gobernador) o el recinto de la madre de todas las batallas.
Mal de muchos consuelo de tontos, afirma el dicho popular y en verdad uno ante un escenario nacional y regional más complejo, podría estar satisfecho de sus hermanos en la pobreza, que a diferencia de lo que sucede en otras latitudes o en otras oportunidades históricas, no están al acecho de los supermercados o negocios ni agazapados esperando que la policía declare huelga, es que se ha escrito con argumentos y citas históricas de proporciones.  
Es aburrido recordarlo, pero existe cierta obligación en hacerlo, pues también toda una fuerza con intenciones obvias, intenta invisibilizar esto mismo, o llevarlo al terreno de la disputa normal y política, cuál si fuese un juego de niños, algo más de la normalidad a la que nos debemos acostumbrar.  
No hablamos de gente que vive de una asignación, que tiene que cerrar los ojos y suprimir el deseo, pues el sistema que a él y a los suyos los hace pobre, los necesita como espectadores, como seres deseosos, del plasma, de las comodidades del mercado, a las que nunca accederá del todo, pues ni casa, ni terreno tiene, apenas para la leche y para su celular; ese mismo sistema le dice que “no es lo mismo que el 2001” como sí uno en estado de necesidad, sea de comida o de confort, este pensando que en el África a los tutsi los muelen a palos o que en la dictadura desaparecía gente, en ese aquelarre que aquí no sucede porque el correntino es bien parido y tiene a la religión como manto protector más social que espiritual, ocurre esta pelea de panzones, de tipos que en verdad, y por más que hayan sido votados, no merecen, varios al menos, ser mencionados, pues en caso de pretender depositar una lupa periodística de lo que hicieron o dejaron de hacer, no caben las hojas de un suplemento, como para dar a conocer las barrabasadas políticas que han emprendido en nombre de la democracia, o de su pueblo.
Podrían resolver sus cuitas, en el patio de su casa, a las trompadas, o incluso tal como no hasta hace mucho permitía el código civil, batiéndose a duelo, los problemas que ellos acarrean como clase dirigente, no la pueden dirimir a través de la cosa pública, que le pertenece a los tipos que no tienen donde caerse muertos y ni siquiera los apuran un poco a los que le sobra, la plata y el tiempo, para este tipo de payasadas, que encima nos hacen quedar mal a los correntinos en conjunto, desde un punto de vista social, político e identitario.
Menos mal, que esas mayorías silenciosas, que son usadas vilmente, para que estos organicen sus fiestas y con ellos sus excesos no puedan procesar lo siguiente de Alan Touraine: “El orden social sólo debe depender de una libre decisión humana, que hace de ese orden el principio del bien y del mal y ya no es el representante de un orden establecido por Dios o por la naturaleza…el miedo a la muerte resultante de la hostilidad general lleva a establecer la paz mediante el renunciamiento de cada cual a sus derechos en provecho de  un poder absoluto. Lo cual no suprime el derecho del soberano, si éste ya no asegura la paz de la sociedad”
Finalmente, siempre nos preguntamos la necesidad de hacer públicos este tipo de planteos, sin el fondo uno comete su objetivo de aportar a su comunidad o si genera un efecto contraproducente, siguiendo con Touraine, nos obliga una apreciación conceptual como la siguiente:
“Es inadmisible encerrarse orgullosamente en el mundo de las libertades sin preguntarse si esas libertades no suponen alrededor de ellas muchas servidumbres, de la misma manera en que la elegancia de las clases superiores disimula la brutalidad de las condiciones de vida de las masas desheredadas. Igualmente peligroso es llamar democrática la invasión de los espacios de libertad por las masas populares que pronto se transforman en disciplinadas tropas de asalto…”
Menos mal que las fiestas de fin de año, poseen connotaciones religiosas y apelan a la caridad y la buenaventura del hombre, tal vez sin ello, hace tiempo, el adiós hubiera sido a todo un sistema organizacional con más falencias que las tolerables o aceptables en nombre de un bien común, que no es tal o es escaso. 

 

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