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16 de octubre de 2016

La democracia, bebe cicuta

Constrúyase un cielo más bien cóncavo. Píntese de verde o de café, colores terrestres y hermosos. Salpíquese de nubes a discreción. Rafael Sebastián Guillén Vicente

 

Los asuntos del derrotero politiquero cotidiano, pero de aquellos que ostentan doctorados en malabarismos para atesorar conchabos eternos, donde entregan sus vidas y sostenidas desde la inmensa ubre estatal se están trasparentando. Hace un tiempo apareció en el universo mediático un proyecto de ordenanza presentado en Concordia, por el concejal del Frente para la Victoria Don Iván Alalí, el proyecto en cuestión intenta que los cargos municipales sean hereditarios como fuera en la vieja usanza. Pero resulta que los tiempos han cambiado, y tanto cambiaron, que la idoneidad (siempre supuesta en Argentina) es un requisito para el ingreso a la función pública, aunque, y a pesar de todo, el amiguismo en la politiquería pesa más que el ADN y la mismísima idoneidad, oficinas atiborradas de seres humanos y sudorosos que se atropellan y molestan hasta cuando se rascan donde no da el sol vemos todos y cada uno de los días de la semana laboral, en cualquier dependencia pública, que mas que publica, se parece a un corral o gallinero del capanga de turno, donde reúne a su rebaño, que en épocas campañeriles los hacen salir a mostrar una sonrisa en las famosas caminatas y a contar las bondades de cacique circunstancial, manera en la que se paga la bendición del laboro, hasta que el pato un día comienza a renguear.

Pero regresemos a Don Iván Alalí, nuestro Concejal que corre lentamente el velo de las lucubraciones de los fétidos pasillos gubernamentales, con su proyecto hereditario, como si fuera un bien inmueble en disputa sucesoria, que algunos livianamente tildan de polémico, pero tal vez, esconde el último golpe maestro a la hipertrofiada democracia en estado de coma, que nos toca resucitar o, terminar con los tramites funerarios, guardarla once metros bajo tierra y comenzar a pensar una forma de convivencia comunitaria autóctona, con sujeto principal y exclusivo al hombre, -en términos filosóficos-, quitando de la escena a los reductos politiqueros, y si nuestro Concejal oso mover la ficha que le faltaba y perpetrar el asalto terminal en un intento, al menos, simbólico y subrepticio de instaurar una sucesión hereditaria también para los cargos ejecutivos y legislativos, ya que son los únicos que restan para tener la triada perfecta (Ejecutivo-Legislativo-Judicial) del monopolio absoluto de la partidocracia sobre la ciudadanía, apocada en su soberanía conceptual de envoltorio de azúcar de cafetería.

Otros, no pergeñan proyectos tan ambiciosos, tal vez escandalosos prefieren que pase desapercibida la intentona entre los curiosas, pero tienen la misma actitud planificadora y perversa de echar raíces en lugares que no le pertenecen por razón natural, parapetan sus vicios en reductos de vahos espesos donde diseñan planes de perpetuación, que simulen o hagan actos mímicos de legalidad, intentan pervertir las reglas básicas de convivencia social embriagados de café berreta, chipa cuerito y un paupérrimo nivel intelectual en los cráneotecas de la planificación de perpetuidad.

La situación nos empuja a preguntarnos ¿y si el Concejal Iván Alalí tiene parte de verdad en su propuesta? El proyecto del Concejal de Concordia propone un traspaso de puesto laboral por línea sanguínea que a primera vista, acusa un argumento crecidamente solido que el uso común de los puestos públicos, al menos de los últimos 20 años, la idoneidad para el cargo no es una opción aceptable para el mundillo politiquero, no interesa el servidor público capaz, apto, con pericia para brindar el mejor servicio, lo que importa a todas luces, es que los lugares desde lo subterráneo de la pirámide hasta la cúspide, este ocupado por los propios, aquellos que conforman el ejercito de los punteros, ceba mate, chupamedias, obsecuentes, lame botas, lame culos, etc., sin mencionar a la turba de familiares que encuentran su oasis laboral y la buenaventura mientras dure el periodo que no pueden acceder desde lo privado. El Estado, no solo es el Leviatán mortífero de la sociedad, es por antonomasia la oficina laboral para el círculo íntimo del ungido por la hipertrofiada democracia talada, desolada, devastada, arrasada, bebe cicuta.

 

Por Carlos A. Coria Garcia.

 

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