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ACTUALIDAD

28 de junio de 2016

El pavor al voto del ciudadano o la ficción del político.

Por facción entiendo cierto número de ciudadanos, estén en mayoría o minoría, que actúan movidos por el impulso de una pasión común o por un interés adverso a los derechos de los demás ciudadanos o a los intereses permanentes de la comunidad considerados en conjunto. Hay dos maneras de evitar los males del espíritu de partido; consiste una en suprimir sus causas, la otra en reprimir sus efectos. Hay también dos métodos para hacer desaparecer las causas del espíritu de partido: destruir la libertad esencial a su existencia, o dar a cada ciudadano las mismas opiniones, las mismas pasiones y los mismos intereses. James Madison, El Correo de Nueva York, 1787.

Que es lo que no podemos terminar de entender sobre el funcionamiento de lo que llamamos democracia. Por qué hay comunidades que tienen aprehendida la democracia como fin en sí mismo y no como medio para la obtención de caprichos, prerrogativas y privilegios para algunos. Si la democracia es opinión para ello hay que preguntar, para luego decidir.

Un ejemplo reciente sobre la importancia de preguntar para legitimar posteriores decisiones es el llamado Brixit del Reino Unido, que no fue solo uno y esporádico, fueron dos y sobre el mismo tema.

El 5 de junio de 1975, el gobierno del Laborista Harold Wilson preguntó a los ingleses: ¿Piensa usted que Reino Unido debe permanecer en la Comunidad Económica Europea (el Mercado Común)?

El gobierno Ingles hizo campaña a favor del SI (pertenecer), aunque miembros del mismo gabinete se enrolaron en la campaña por el NO (no pertenecer), a raíz de esta discordia de opiniones entre miembros del mismo gobierno no ocurrió cataclismo ni tempestad o in-gobernabilidad, como pasa seguido en nuestras tierras cuando no se sigue a cabeza gacha las decisiones de los “jefes”.

Los ciudadanos ingleses acudieron a dar su opinión en el Referéndum y triunfo el SI (pertenecer). Reino Unido ingreso a la CEE (Comunidad Económica Europea) en 1973, durante el gobierno de Edward Heath del Partido Conservador.

El primer ministro, David Cameron nuevamente acude al pueblo, a los ingleses, a que expresen su opinión y el 23 de junio del 2016, los ciudadanos acuden al llamado y contestan la pregunta del Referéndum.

La pregunta fue: ¿Debe Reino Unido seguir siendo un miembro de la Unión Europea, o debe abandonar la Unión Europea? Y las respuestas posibles eran dos:

Remain a member (permanecer)

Leave (salir)                 

El referéndum del que hablamos no es vinculante para el gobierno, de hecho el Parlamento puede dar marcha atrás con el Brexit si así lo quisiesen, pero sucede algo estrambótico para nuestra cultura paternalista, auto-opresiva, costumbre de patrón de estancia, no entendería del todo, David Cameron no haría vista gorda al resultado del Referéndum (salir) y tampoco incitará a los parlamentarios a voltearlo, porque tienen bien sabido, bien entendido que semejante acto contra la voluntad popular es un suicidio político, la decisión del pueblo ingles es sagrada.

Ejemplos de Referéndum podemos ver a lo largo y ancho de toda América Latina, salvo Argentina que se niega a extraordinario método de obtener la opinión del ciudadano.

Las reglas de juego sociales son las primeras y principales donde todos nos movemos, donde nos enteramos que podemos hacer y que no, el cambio de esas reglas primarias de convivencia no pueden ser modificadas en medio del juego por un minúsculo grupo de legisladores que no fueron “votados” para ello. El engendro de sistema democrático que tenemos, llamado representativo tiene su fundamento que lo mantiene a flote en la famosa voluntad general, voluntad popular, soberanía popular, etc., que solo tiene valor cualitativo cada dos años.

Los partidos políticos es la parasitosis que provoca la ficción representativa, la artificiosidad que generan los partidos se nutren de la sectarismo, el oxigeno que los mantiene con vida es nativo de la división social, solo existen en tanto dividan, incluso dentro de su propio seno, los partidos políticos son la negación del grupo total social. La partidocracia provoca un pueblo marginado totalmente del las cuestiones publicas absorbiendo para sí la totalidad de las decisiones públicas.

El “representante” del pueblo como se hacen llamar, en realidad no tiene absolutamente nada que ver con ese pueblo, entre representante y representado no existe ningún atisbo de acato posible, porque los partidos políticos representan intereses propios y sectoriales, se representan a sí mismos. La banda partidocratica que colonizó Corrientes (y todo el país) no quiere someterse a que el pueblo exprese sus opiniones en los temas de relevancia presente y futura, denigra y pisotea la cualidad de soberano que la teoría coloca en cabeza del pueblo, los partidos políticos tienen pavor de la democracia.

La reforma constitucional que se pretende en Corrientes, solo podrá ser legitimada desde su origen si la soberanía popular, a la que acuden y detrás de quien se escudan los partidos políticos para mantener su poderío y monopolio, lo decide por medio de un Referéndum, si la soberanía esta en el pueblo será solo él quien pueda decidir un cambio en las reglas primarias de convivencia antes de cualquier intento legislativo. Los “políticos” deben mandar obedeciendo manda el sentido común.

Por Carlos A. Coria Garcia.

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