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ANÁLISIS

27 de junio de 2016

Bancar al evasor.

Partiendo de la máxima de que el pueblo tiene el gobierno que se merece, el actual caso “Messi” puede resultar un disparador para entender porque, desde tiempos inmemoriales, nuestra argentinidad se debate en la convivencia y connivencia, con su clase dirigencial, corrupta y acendrada en comportamientos ilícitos, perdonando, haciendo la vista gorda o queriendo dejar de lado, la condición de ciudadanía (el hombre como sujeto de derechos y obligaciones ante su comunidad) ante los éxitos, sean individuales o supuestamente colectivos, que de tanto en tanto nos despiertan algunos ídolos de pies de barros.

Es sumamente válido que cientos de miles o millones de compatriotas, se sientan extasiados ante los firuletes con una pelota de futbol, que pueda realizar alguien con la celeste y blanca ante los siempre poderosos seleccionados de Irán o de Panamá, o de aquel país balcánico al que la selección del 2006 le metió media docena de goles, incluyendo uno o dos del prohombre (es que si bien no se trata de argumentar futbolísticamente la pulga en la mayoría de los casos o partidos siempre ha sido tal, tanto en finales como ante selecciones con cierto poder de fuego o de peso futbolístico, sin que esto no signifique ni reproche ni queja, un simple dato de la realidad) o que mejor, con la camiseta de su club de futbol (aquí es donde notable e indiscutiblemente se ganó todos los blasones) por más que este no sea Argentino y que la identidad, al mejor estilo representatividad política, nos venga por propiedad transitiva u ósmosis (las camisetas de Barcelona que se venden, no sólo en Argentina, sino en el mundo, con el nombre del jugador estrella, hablan de esa referencia que desea el hombre o el niño con su estrella, con su referencia exitosa). Para expresarlo sin rodeos, el éxito futbolístico de Messi, siempre ha sido en relación (sobre todo comparativamente) con su club, más no así con su selección.

Que como compatriotas, hayamos deseado que tal éxito se replicara, es natural, lógico y sano. Como también aceptar que no ha sido así, por razones que no tienen ningún sentido ahondar (dado que deben ser por varias razones entremezcladas y siempre relativas en su mayor incidencia) y por tanto, lo mínimo que podemos realizar es mantenernos en silencio ante la decisión pública, y sumamente razonable, del jugador de no participar más en su seleccionado.

Toda la irracionalidad, proveniente tal vez de la pasión desbordante que genera el futbol, es lo preocupante y en lo que nos avocamos, sobre todo quiénes tenemos la innoble tarea de reflexionar.

Que los niños y adolescentes puedan adorar tanto a futbolistas, como a músicos y artistas, independientemente de ciertos aspectos públicos (es decir no perspectivas de sus vidas privadas, sino de sus posiciones elementales ante su comunidad, su razón de ser ciudadanos de este mundo) es aceptable o razonable. Ahora que los padres de estos, tomen a estas figuras como modelos de ejemplaridad, cuando, alguno de ellos, como el del presente caso, está siendo procesado por la justicia por evadir impuestos, es la muestra de las prioridades que tenemos los argentinos y tal vez los occidentales, ante nuestra razón de ser en el mundo. El mismo padre que le compra la 10 del evasor, es seguramente quién critico una evasión parecida (en cuanto al acto, más allá de la cantidad) del dueño del canal de cable en donde miraba el partido o los comentarios de este. Ese mismo padre, seguramente profirió improperios ante los bolsos de un tal López, que fue parte del mismo gobierno, también en sus altos y varios funcionarios, procesados por la justicia, por la causa “futbol para todos” que fue ni más ni menos la transferencia del erario público para quiénes desearan mirar futbol (destinando dinero a los clubes, que estos a su vez lo percibían mediante negociados con oscuras financieras). El mismo padre que debe saber, que el ex gerente de esa empresa que transmitía partidos internacionales, está en manos del FBI, como varios ex dirigentes de la FIFA, por coimas, sospechas de lavado y demás crímenes financieros.

Es ese mismo padre, o madre, o familia, que no puede desconocer, que evadir impuestos, sea en una off shore (como todo el escándalo de los Panama Papers), en los casos mencionados, o ante el pequeño acto que lo puede perpetrar en su día a día, es una lesa herida a la comunidad, en donde su pibe o gurí, juega con la pelota, con el 10 del evasor en la espalda.

Esa familia, no le puede pedir nada (es decir que sea honesto por ejemplo) a su político, a su referente, sea social, empresarial, gremial o laboral, sí su preocupación pasa, sí su accionar se consume, en un bancar, aunque más no fuere por twitter, al evasor, ejerciendo un condicionamiento autoritario a quiénes osen no mimar al argentino que tuvo éxito en Cataluña más no así en su selección.

En tiempos en donde la humanidad avanza por la misma posibilidad de los géneros (es decir que ni siquiera existan los mismos para el estado o para las organizaciones, que sólo sea una cuestión individual y hasta incluso circunstancial) por los derechos de los animales, y tantas perspectivas tan impensadas décadas atrás, que sean  cientos de miles los que bancan al evasor, habla de lo derrotados (y esta es la derrota que debería doler en verdad) que estamos a nivel cultural.

Sí la excusa que presento el jugador ante el tribunal (dicho sea de pasado existe un principio jurídico que reza : Nadie puede alegar su propia torpeza) es considerada  en tal fuero (que él no sabía nada de lo que firmaba y que era responsabilidad de su padre) todo el proceso que la justicia Argentina desarrolla ante los hijos del empresario Lázaro Báez, por citar un ejemplo (a sus cuatro hijos, le encontraron 25 millones de dólares en el exterior) deberían seguir el mismo principio y estos podrían alegar el mismo desconocimiento que el jugador de futbol. Estos hijos, como otros hijos de poderosos, sospechados de corrupción, podrían tomarse de esta jurisprudencia y serían tanto o más razonables sus desconocimientos que los esgrimidos por la pulga.

¿Entendes ahora Capo o Maestra, lo que generas bancando al evasor (lo futbolístico está fuera de discusión, es el mejor en el Barcelona, más no así en la selección)? Probablemente no, no importa, así estamos, no por nada, un verdadero referente, o ídolo, que por su accionar sigue salvando vidas a diario (René Favaloro) se pegó un tiro en el corazón, por la complicidad o el ninguneo de tipos o mujeres como vos, bancando un evasor.

 

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Boleteado.

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