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10 de febrero de 2016

La masa del relato local

De todas las causales de destitución basta con la del art. 18 de la Ley Orgánica de Municipalidades: si, Publicidad de los actos de Gobierno -no propaganda-. Tan simple y tan complejo a la vez. ¿La servidumbre voluntaria nos obstruye la Republica-Democrática verdadera o nos incita a la lucha en la faz agonal de la política?. La política –que persigue la obediencia, la adhesión voluntaria, la militancia y la hechura de políticas activas públicas que sirvan al progreso y al desarrollo (al menos en el discurso de la mayoría de políticos y las ilusiones de la mayoría de los que son hechos por la política). Me gustaría recitar el articulado de, por lo menos, la Ley orgánica de municipalidades de la provincia de Corrientes pero, sintiéndola una tarea benévola, se la dejo a la natural curiosidad de, por lo menos, los lectores de este articulo. Y “La psicología –que persigue los instintos, disposiciones, móviles e intenciones del individuo hasta sus actos y en sus relaciones con sus semejantes-…”. Por el Profesor Julio Paredes.

 “…La incorporación de un individuo a una multitud humana -masa psicológica- que hace que obre de una manera inesperada. La pregunta es, entonces, ¿qué es una masa? ¿Por qué medios adquiere la facultad de ejercer tan decisiva influencia sobre la vida anímica individual? ¿Y en qué consiste la modificación psíquica que impone al individuo?...” (Sigmun Freud, psicología de las masas y análisis del yo 1920-1021. El alma colectiva según Le Bon). Estas y otras tantas preguntas similares son parte de las cuestiones que hicieron al estudio de la psicología colectiva, a la cual Freud se suma luego de que Gustave Le Bon haya impreso sus trabajos:  “La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar casi exclusivamente por lo inconsciente. Los impulsos a los que obedecen pueden ser, según las circunstancias, nobles o crueles, heroicos o cobardes, pero son siempre tan imperiosos, que la personalidad e incluso el instinto de conservación desaparecen ante ellos. Nada de ella es premeditado. Aun cuando desea apasionadamente algo, nunca lo desea mucho tiempo, pues es incapaz de una voluntad perseverante. No tolera aplazamiento alguno entre el deseo y la realización. Abriga un sentimiento de omnipotencia… La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan a ella asociativamente, como en aquellos estados en los que el individua da libre curso a su imaginación son que ninguna instancia racional intervenga para juzgar hasta qué punto se adaptan a la realidad sus fantasías. Los sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. De este modo no conoce dudas e incertidumbres.” (Sigmun Freud, psicología de las masas y análisis del yo 1920-1021. El alma colectiva según Le Bon).

Mi interés de estudio va mas allá de la simple imagen que retrata esta humilde y arrojada pretensión de explicación de nuestra, quizá,  exacerbada como desorbitada  comprensión de la realidad que nos construyen. Tratare de vincularla con las formas más problemáticas de coacción, como los “castigos” corporales producidos por el trabajo en condiciones de explotación o las presiones sicológicas y morales de cualquier tipo que tienden a debilitar o anular la voluntad para obtener el seguimiento, confesión, chupamedismo, obsecuencia, etc. que, no siendo percibido como tal o percibido, no es la acción de luchar por disolver ese trato la conducta que racionalmente esperaría alguien que cree profundamente en la Libertad y en la Justicia Social, en un Estado democrático. Me pregunto cotidianamente, permanentemente, si ya no viene siendo la hora de abandonar estos discursos cargados de “buena voluntad”, ya fastidiado por las respuestas de un colectivo inhumano a las cuestiones de sentido común y de buena fe, de este ya casi agotado espíritu humano de un hombre de 30 años que anhela, con todos sus defectos, vicios, virtudes, aciertos y errores, coconstruir un lugar más digno para la vida de todos.

La psicología, la sociología y la politología unidas pueden darnos algunas respuestas para aproximarnos a la comprensión del objeto. Siempre atentos a la realidad de que nuestra vida consciente se nos da muy limitada al lado de la inconsciente. Así como nuestros actos conscientes derivan de un substrato inconsciente formado, en su mayor parte, por influencias hereditarias; los actos conscientes de un colectivo humano devienen de un inconsciente colectivo –de una historia y una forma de ser pueblo- sedimentada y formada desde sus inicios. El combustible fósil con el cual nos dotamos de energía para obrar en el constructo. Placas de una historia oculta, secreta, anegada, que escapan a nuestro conocimiento,  con la fuerza necesaria para orientar las acciones.

Me refiero al desprecio por lo colectivo y por lo individual que cada uno de nosotros experimenta en lo cotidiano. En la apariencia de querer una reunión multitudinaria y que eso representa un sentimiento positivo hacia un colectivo, y en la apariencia de querer proteger nuestro trabajo –como fuente de ingreso, nada mas- haciéndonos explotar laboralmente o proyectando la imagen de no sentir ni siquiera angustia ante el escupitajo y la mazorca de nuestro patrón o patrona; la infatigable obsecuencia; la constante humillación que fomentamos cuando nos dejamos mal pagar, cuando dejamos hacer y pasar todas las ilegalidades e inconstitucionalidades referentes a la dignidad de nosotros mismos y de nuestras familias.

Muchos son los hipnotizadores que nos dejan sin voluntad y discernimiento; sin dignidad; sin derechos; sin verdaderos deberes: Políticos, Empresarios, Financistas, Docentes, etc.

La masa es más compleja de definir. No me refiero a la masa definida por Le Bon y Freud. Hoy por hoy ya no es aplicable exactamente. La interacción invisible en la que (individuo-masa, masa-individuo) se sustraen y suministran mutuamente aspectos vitales, porque aunque parezca paradójico y lo es, dotar de involuntad (o voluntad viciada) y de voluntarismo a la vez significa, quitarle, anularle, la voluntad verdadera y hacerle pensar que está actuando con propia consciencia y determinismo hacia un objetivo que lo beneficia y que con su beneficio promueve el del colectivo humano.

Pensamos a la masa como algo unido circunstancialmente y temporoespacialmente o no por un algo determinado;  Podemos arreglar este concepto en plural, como las masas (muchas masas). Lo cierto es que estos sentimientos, pensamientos, creencias, conocimientos, costumbres, etc., orientan nuestras conductas hacia objetos que nos condicionan la vida. Y si estas son orientadas por nuestros hipnotizadores y estos no tienen por finalidad el “bien común”, entonces los condicionantes para nuestra vida serán determinantes de una exigencia de voluntad verdadera y transformadora de la voluntad condicionada para los efectos queridos por los hipnotizadores.

Pero, ¿cual personalidad inconsciente colectiva predomina en el constructo individual y colectivo de nuestro presente?. Ya vendrán, pues, las fiestas patrias (bicentenario de la independencia) y se escucharan un montón de discursos, y me harán repasar a la fuerza todas las vicisitudes de los hacedores de la independencia, todos los ideales de una patria justa y grande. Pero también se cumplen cuarenta años desde la imposición de un gobierno dictatorial cívico-militar, por enumerar solo algunos hitos que tienen un tiempo exacto o casi exacto de instauración.

La sugestión y el contagio van siendo los medios para ejercer influencia, además de la fuerza y la violencia.

Tenemos ante nuestros ojos el cuerpo de la irregularidad, pero ya percibirlo como tal es muy difícil y más aun discernir lo que al menos debería de inquietarnos, llenarnos de incertidumbre, de pregunta, de duda. El escenario a inaugurar es más que un montón de hierro y cemento en medio de un montón de “naturaleza”; es la consumación del despilfarro, de la desconstrucción de sentido común acerca de las prioridades que debería encarnar un gobierno serio, o, la construcción de sin sentido que verdaderamente gestiona un gobierno que aparenta tener política de turismo.

Los trabajadores municipales y los funcionarios públicos no electos convalidan el maltrato, lo justifican, lo legitiman cuando saben que por sus propios meritos les sería muy difícil honrar los altos cargos y honores de los títulos que se desprenden de un organigrama municipal administrativo y de gobierno que no existe en cuanto sustancia. Son tan solo posibilidades de un ingreso económico para los jefes de familia y para sus hijos que ya son jefes de familia. Se convalida, justifica y legitima el nepotismo. No hay reglas para la administración pública local, al menos no surge del cuerpo legislativo y de un consenso entre trabajadores, empleados y gobierno. No hay escalafón, carrera administrativa, estatuto del personal-agente administrativo y trabajador al servicio dependiente del municipio, hay, en cambio, irregulares contrataciones, precarias formas de trabajo y de explotación. No hay salario mínimo vital y móvil. No hay rendición de cuentas, y parece no haber salida a este agujero negro en el universo del verso y del relato, del pan y circo, del corso de mascaras y caretas, del brillo de las lentejuelas y las plumas de faisán que usan las chicas de la elite en un pueblo sumido en el subdesarrollo promedio y en la pobreza de la inmensa mayoría. 

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