ANÁLISIS  4 de noviembre de 2015

Somos presupuesto y condición de la democracia.

Un grito en clave de sapucai, un grito que rompe el silencio de los que tienen voz pero no pueden hablar y el de los que hablando callan. Por el Profesor Julio Paredes.

Si yo considero a la Ciencia Política como lo hace el maestro Guillermo O`donnell “la crítica del poder”, asignándole positividad al concepto poder, no puedo no empezar por considerar la situación de poder desde la cual considero, valga la redundancia, la situación en la que vivencialmente me encuentro: “… por eso la filosofía indigente que propugnamos esta tan despojada de poder concreto, como los sectores populares. Las batallas del mundo que vienen no pueden librarse solo desde la política tradicional, porque ella ha sido dominada por el mercado. Debe reivindicarse la política desde lo local y desde la cultura. Transformarla en un espacio existencial, cotidiano y concreto desde movimientos sociales y contenidos culturales que resignifiquen el bien común como aquello que es compartido por el pueblo” (el subrayado es nuestro) … “la filosofía indigente es aquella que recupera la reflexión practica y comprometida a través del servicio a nuestros hermanos excluidos y despojados de sus derechos, los ahí-tirados, los que nos posibilitarían la recuperación sobre todo aquello que ellos pueden enseñarnos sobre los decires, en los límites de la extrema radicalidad del ser despojado” (Sala, Arturo, en Eroles-Gagneten-Sala, citado en Glosario de temas fundamentales en trabajo social).

La situación de poder en la que objetiva y subjetivamente me encuentro es de potencialidad, una potencialidad de muchas subjetividades que si logramos colectivizarlas lograremos transformar esa potencialidad en poder popular. Lo local es nuestro punto de partida naturalmente pero no, necesariamente, el punto final de nuestro poder popular transformador.

La alteridad = otro hace necesaria la instrumentalización de la educación con los pobres, desposeídos, desarrapados; “discernir esos rostros desfigurados por el hambre, afectados por la exclusión, por la violencia, por la explotación o simplemente por la indiferencia” (Documentos de Puebla y Santo Domingo, 3ª y 4ª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Glosario de términos fundamentales en trabajo social).

Una desposesión inhumana posee a  muchos hermanos -incluyendo la desposesión de ciudadanía-. Por eso debemos posesionarnos en la ciudadanía entendiéndola como lo hace Elizabeth Jellin: “la ciudadanía es una práctica conflictiva vinculada con el poder, que refleja las luchas de quienes podrán decir que, al definir cuáles serán los problemas comunes y como serán abordados” (Aquin, Nora, 2003, en Glosario de términos fundamentas en trabajo social). Si la potencialidad individual que aun no es ciudadanía, transformada en poder colectivo para, formándonos, transformarnos en ciudadanos y, así, empoderarnos individualmente empoderando al colectivo u organización coproducida  es condición, empezar a ser ciudadanos empezando por la toma de conciencia de que poseemos además de la desposesión, la posesión de potencia, ergo la posesión de poder en potencia.

Viviendo la dialéctica educacional aprendemos y aprehendemos la dialéctica de ser ciudadanos. Educar es ese proceso humano que desde lo local se aprehende lo universal y viceversa. Un proceso exógeno hacia adentro y a la vez endógeno hacia afuera, en la cual una energía exterior crea y mueve una energía endógena que transforma, al mismo tiempo, lo endógeno y lo exógeno; “la educación es ese proceso dialectico por el cual un sujeto, en interacción con su medio, y a partir de sus propias posibilidades que le permiten la formación de una personalidad autónoma e integrada activamente a la sociedad y cultura en que vive”. (Diseño Curricular –Secretaria de Educación –MCBA- 1986- EN Glosario de términos fundamentales en trabajo social).

Entonces, crear una alternativa participativa es poner la potencia en poder, creando una alternativa de poder, empezando a ejercer derechos.

En las elecciones de agosto pasado en la localidad de Sauce (Departamento Sauce, del interior de la provincia de Corrientes) que a nivel local elegían concejales el FpV (Frente para la Victoria), uno de los Frentes electorales competidores en las elecciones, plantea la propuesta de implementar el Presupuesto Participativo en dicha localidad. Esto debería ser celebrado por aquellos que pensamos que una propuesta como tal es fundamental para la cultura política participativa en un pueblo o ciudad. Lo es, así como también celebramos la posibilidad de generarnos  muchas preguntas que surgen a partir de esta propuesta, preguntas que para nada anulan las que nos hacíamos antes de que exista dicha propuesta cuando, obviamente, no se encontraba ni siquiera la propuesta: ¿Por qué el FpV propone ahora la implementación del presupuesto participativo y no lo puso en funcionamiento cuando era gobierno, hasta el año 2013?, ¿es solo una propuesta electoralista, sin la real convicción de llevarla a cabo y que eso sirva para transformar la cultura política local?, ¿el pueblo entero, los sauceños, tienen conciencia de lo que significa poner en práctica la institución del presupuesto participativo, es decir, está en la cultura política o hay que construir esa cultura y hacerla encarnar en los ciudadanos sauceños?, podríamos seguir cuestionándonos esa realidad pero, con esas preguntas disparadoras, pensamos, Ya dejamos abierto el panorama.

Lo cierto es que nuestra democracia no solo es de pecho (creatura humana de pocos años) sino que además quienes la vivimos y sufrimos no maduramos políticamente lo suficiente como para poder presionar democráticamente para vivir democráticamente. El rol que los ciudadanos “jugamos” (en el amplio sentido de la palabra, con sus dobleces y reveses inclusive) en la vida  política argentina (local, provincial y nacional) se encuentra signada por la democracia instrumental (versión Liberal de Democracia) esto es, un voto una persona, el procedimiento de elegir-delegar a nuestros “representantes” las cuestiones que nos afectan la historia, presente y futuro. Nuestra preocupación por la participación en la toma de decisiones ha sido delegada y relegada a la democracia indirecta. Amén de las criticas de politólogos como Giovani Sartori a la democracia directa en extensiones territoriales inmensas como toda la Argentina, pensamos que la democracia directa o, en su defecto, lo más directa posible es perfectamente realizable en los pueblos como Perugorria y Sauce.

Cuando seamos capaces de comprender que la estabilidad del régimen democrático está ligada ineludiblemente a la capacidad de elegir, controlar pero, también de decidir y tomar parte en los procesos de toma de decisiones que tenemos los ciudadanos de los pueblos, pueblos que hacemos que la argentina sea la argentina o que la argentina sea la ciudad de Buenos Aires, seremos capaces de vivir democráticamente. No le demos la razón a SHUMPETER (teórico de la democracia liberal-instrumental) que decía que la política requiere un nivel de racionalidad que el hombre ordinario no posee y, por eso, su participación es innecesaria e indeseable.

A veces, más comúnmente de lo deseable,  la realidad da muestra de coincidir con lo afirmado por Schumeter; Resulta que en Perugorria ni siquiera la propuesta de presupuesto participativo esta en el horizonte remoto de los candidatos a concejales electos en las últimas elecciones del 25 de Octubre; de ahí para abajo o para arriba ni un perugorriano, “común o especial”, puede esgrimir tal esbozo de critica al poder democrático o poder de los demócratas Schumpeterianos.

¿Pero entonces, donde reside mi confianza en que el poder de aquellos que queremos ser ciudadanos se encuentra, al menos, en potencia?; La respuesta no es tan sencilla, pero diré que reside en mi voluntad, en la voluntad de muchos más que aun no podemos organizarnos por la incidencia de múltiples factores.

Procesos históricos, contexto político y la cultura política son partes fundamentales a analizar en este rompecabezas.

La tipología de estructuras y mecanismos participativos es variada, rica y compleja pero, es urgente trabajar en conocerlas y conocerlas trabajando en ellas y con ellas.  Si dejamos de ser mediocres o mediodemocraticos la democracia será el medio y el fin para lograr una vida más digna para todos.

El presupuesto participativo es un mecanismo que permite el intercambio de información autoridades-ciudadanía, la deliberación y concertación y, por último, la adopción de decisiones e incluso el control de lo acordado (Schneider, Cecilia , 2007, tesis doctoral). Un mecanismo participativo formal con una alta capacidad para influir en las decisiones públicas y una cultura que podría lograr una relativa apertura del sistema político local, haciendo de la gobernanza un mecanismo para fortalecer a la democracia logrando gobernabilidad y estabilidad.

 

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