Martes 6 de Diciembre de 2022

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  • 20º

ANÁLISIS

30 de octubre de 2015

Como no morir en el intento o muriendo en el mismo llegar a la inmortalidad.

Hacer política, es decir plantear resoluciones teóricas a problemas públicos, desde el no lugar de la militancia o desde el llano, por más que este sea el camino idóneo o indicado, se ha constituido en un apotegma de imposible cumplimiento o el camino de los desquiciados, subyace quizá la vieja confrontación del camino corto versus el largo de la conveniencia versus la convicción donde el triunfador es uno sólo y por aplastante diferencia.

 Como la fábula infantil de la hormiga y la cigarra, en la política vernácula los caminos de corto plazo, mediante el amiguismo, el oportunismo, el nepotismo y el “contactismo” se confronta a la construcción a largo plazo, nutrida de convicciones, de proyectos, pero que no sólo atenta contra el peregrinar de sus hacedores sino que también genera odio visceral, envidia ciega y desconsideración plena por parte de quiénes sólo conocen el atajo, la chicana, el hiato inmoral de llegada a un lugar del cuál muchas veces se preguntan para que han arribado, y es allí en donde el factor suerte, mediante el cual han llegado ni siquiera les puede extender una mano y fenecen en la penosa insidia de la nada espiritual.

La dignidad no la perdimos del todo. Por nuestras fibras intimas la sangre guaraní, bulle, efervescente, pidiendo a gritos que no nos rindamos ante el sometimiento, la postración, que nos conducen a ser el último orejón del tarro. Palabras bonitas, notas brillantes y esperanzas que se renuevan no serán el salvoconducto o la solución ante tantos problemas, simplemente es un inicio, una base. Estamos como siempre, firmes y altisonantes, para edificar lo que nos merecemos, lo que tiene que ver con nuestra historia y por sobre todo con nuestros deseos. No tendríamos que continuar esperando, calmos y resignados, que se instale la red de gas, para evitar seguir pagando precios exorbitantes, por un servicio básico e indispensable que se utiliza en el resto del país.¿Hasta cuándo miraremos el futuro por televisión o lo escucharemos por radio?. No seguiremos durmiendo el pesado dormir sin sueño, se puede tener algo mejor, se pueden modificar los códigos de la corporación, se puede progresar por la capacidad y no por los contactos, vos sabes, usted sabe, no les pedimos que nos acompañen, sabemos que somos más los que estamos hartos, juntémonos y lo lograremos. 

Invitado a pensar que la realidad, hace un lugar, a quienes proyectamos, desde el inicio de la conciencia, un plan una idea, pletórica de contenido y sentido. Respiro feliz, cierto aire de realización, triunfo, invade aquello abstracto que se convierte en el alma palpable, tangible, presente, algunos han pensado al azar como necesidad, elemento vital para la teleológica propuesta, del primer padre, sea por desconocer la existencia de este trazado, por adolecer, de esperanza o por pensar sin yugos protectores y ante la indómita, soledad de la nada, la suerte se me figura como el armazón, natural y gratuito de los débiles, las almas mustias, se transforman en algo merced a barquinazos, producidos por el libre y caprichoso danzar del azar, que de tanto en tanto, salva de su condición a quiénes no tienen nada más que su nominalizad, no debería ser motivo de infelicidad que la improvisación, en manos de estos neófitos, que por un golpe de suerte se transformaron en algo, pero ocurre, dado que el mundo nos pertenece a todos y a nadie a la vez, Siempre estuve y estaré en mis propias manos, que garabatean, vocablos insolentes para el sentido, he aquí mi huella, inmortal, por más que  sólo acuda a ella, antes de regresar de donde provine. Sin mendigar ni protestar por la ausencia o presencia del azar, evitando que el viento, deposite la hoja donde su curso imprevisible lo indique, habrá pasado, y con ello, uno se irá, sin depender de nada igualmente, en un rincón. La memoria, obligara a la diosa fortuna, a advertir, palabras, que me consta, que al menos le hacen pensar.

No se valora el aporte de ideas, de proyectos o de iniciativas, tampoco la influencia que se tenga sobre un conjunto de personas, lo único valorable, es el seguidismo o la obsecuencia a rajatabla que se te le tiene que dispensar, sin concesiones, al jefe o capanga. Saber la temperatura exacta en la que le gusta tomar el mate, pasarle una información personal acerca de otro dirigente o compañero, o simplemente “festejarle” lo lindo que le queda el saco, se constituyen en aspectos claves que tiene que poseer el segunda línea, para pasar al frente, o lo que sería en términos del lenguaje común, cobrar mejor.

Con la irrupción de la política del 2.0 o de la política en los tiempos de las redes sociales, el segunda línea, ve facilitado su trabajo, basta con poner en su facebook, una foto del jefe o del jefe o la jefa política de este y comentar positivamente todas las acciones del capanga o de cliquear en el botón me gusta. Se cobra mayor premio en caso de que el segunda línea, se disponga a comentar negativamente sobre adversarios políticos del jefe, los maltrate, los putee, es hasta terapéutico, dado que por lo general, el segunda línea, posee también una vida personal, bastante mediocre. Es donde lo laboral se mezcla con lo personal, sí uno ha optado por el camino del lamebotismo, del seguidismo obsecuente, ¿que tiene para ofrecer a sus hijos y familiares?, la mediocridad inusitada de ser un oveja en el rebaño de la vida, un ser carente de alma y de libertad, una máquina, una cosa, al servicio de intereses ajenos a uno mismo.

Lo más interesante es que el segunda línea ni se plantea este tipo de cosas, por ello, ante cada error del jefe, ni se mosquea, no lo percibe, sólo está para decir a todo que sí, para cumplir horarios, para confundir respeto con obligación, para dar muestras al mundo que el ser humano es un ser imperfecto.

Uno de los mayores problemas que poseen aquellas estructuras políticas donde abundan este tipo de conceptos políticos, y de personajes, se traducen en que nunca arriban al poder, dado que estos segundas líneas, terminan siendo, más sectarios, refractarios y cerrados que la propia lógica que le pueda imprimir el jefe o capanga, dado que como ha conseguido ocupar espacios en la política mediante estos pisoteos y humillaciones personales, a todos aquellos que pretenden acercarse o sumar a ese grupo, le imponen el peaje de ese derecho de piso, y no todas las personas, que hacen o pretenden hacer política, son seres sin alma, carentes de espíritu libertario y cosificados al punto de sólo obedecer para tener unos pesitos más.

La política, es otra cosa, claro está, por algo, la ciudadanía no vota, a quiénes forman este tipo de grupos masónicos, destinados a perseguir el beneficio económico de un puñado de familias, a expensas de otros tantos pisoteados en su vida, en su dignidad y en su orgullo.

Existen quiénes desde hace años que hacen política desde otro lugar, con proyectos, con propuestas, con presencia concreta en distritos electorales, con un concepto político claro, para resurgir la finalidad colectiva de la actividad política, con un sistema concreto de presencia del estado en aquellos lugares donde los sectores más marginales así lo precisan, con una visión a largo, mediano y corto plazo, con el acompañamiento de cientos y cientos que piensan  de la misma manera, y que trabajan inclaudicablemente para transformar la realidad de la sociedad, dado que las propias  ya la han modificado, sin necesidad de rendirle culto a ningún capanga, en realidad, pero que lógica y necesariamente deberán esperar, mucho más, que los que apuestan tan sólo a ser sin cambiar, a adular sin pensar, a cantar sin entender y a ser sin existir, dado que deberán llevarse lo establecido para de allí construir lo diferente, independientemente de cuantas elecciones tengan que pasar, cuantos que toman la política como un negocio, para que sea el arte que transforma, bajo el báculo de la convicción la realidad de las mayorías para un presente mejor.

Existen ciertos hombres quiénes a esto apostaron, como cuenta la leyenda de Robin Hood, a quién su padre le había legado “Perseverar, hasta que los corderos se transformen en leones”, que puede que estén desolados por la inquina personal de parientes, de supuestos amigos, que no los soporten ni desde sus círculos más íntimos, esos que leemos en libros y a los que nos sorprendemos en sus lápidas con inscripciones como “sólo la historia dirá cuán acertado me encuentro”, esos hombres que nacen cada tanto en nuestra humanidad, esos que a diario se desprecian porque consiguen lo que nadie, tan sólo con su voluntad y perseverancia, esos hombres son los que nos hacen humanos, los que nos separan de las bestias, esos hombres por más que los ninguneemos y posiblemente hasta odiemos, son los que inscriben sus nombres en la historia, mas allá de cargos, de materialidad y de sentimientos espurios que han tenido que soportar en sus tránsitos en esta vida, son esos hombres los que nos marcan las reglas de la humanidad más sensata y enaltecedora.  

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