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ANÁLISIS

11 de agosto de 2015

El germen del desierto.

Resulta que nos encontramos invadidos en discursos de atril, está claro que cuando en una sociedad se habla demasiado de derecho penal se perdió el rumbo, la degradación llego a tal punto que todo parece solucionarlo la acumulación de años en una condena, se supone que el único derecho que deseamos o aspiramos a que deje de existir es el Penal que es la prueba fáctica de que podemos convivir gozando de derechos y libertades. Cuanto más derecho Penal mas anomia social. Por Carlos Coria García.

La muerte de Maxi Aquino que intercambio ocho puñaladas por un teléfono celular es la prueba cabal de la patología social que en innumerables ocasiones por acción u omisión es incentivada por el Estado, quien justamente juega el rol de una suerte de arbitro y regulador de la vida social. Posteriormente a terrible suceso fatal se pudo ver en la ciudad capitalidad una invasión de patrulleros en ronda lo que demuestra que el Estado constantemente nos está tomando el pelo. Como no podía ser de otra manera, la gente, los familiares y amigos salieron en horda a la calle a pedir justicia entonces, si el fin último de una masiva marcha es la justicia, estamos frente a la injusticia como regla general.

Si acaso el Estado no sea garantía de convivencia pacífica, ¿Quién o qué lo seria? A tremenda pregunta esta tribuna responde que solo puede serlo la sociedad, la inseguridad de muchos es la seguridad de pocos lo vamos a repetir hasta el cansancio, el caos, la delincuencia y la violencia actúa y permanece sobre el miedo, el mejor plan de “seguridad” proviene de la comunidad misma, hay que tomar las calles, salir, volver a sentarse en las veredas, tomar el espacio público como propio y de seguro que el radio de actuación de la violencia se verá menguado, amenazado de ser desactivado.

Henry D. Thoreau reflexiono hace tiempo sobre estos temas de la siguiente forma: Existen leyes injustas ¿Debemos aceptarlas y cumplirlas o trabajar para enmendarlas y cumplirlas hasta que lo hayamos logrado o debemos incumplirlas desde el principio?

Las opciones que nos propone la pregunta y la elección que se haga de alguna de ellas nos empuja a una justificación en la elección que implica un juicio de valor, como todo valor estos vienen de a par siempre: bueno-malo, lindo-feo, etc. Muchos piensan que la sola cualidad de ley la hace irremediablemente cumplible ¿es posible eso? En otros términos ¿debemos someternos a cualquier cosa incluso al Estado inútil?  Rudolf von Ihering nos da una pausa e interfiere en la forma de construcción social y nos dice: “el derecho no es una idea lógica sino, una idea de fuerza”. Pues resulta que el derecho es la síntesis de lo social, de cómo se organiza la sociedad en torno “a”, pues tal cosa no puede ser el látigo que se vuelve contra quien le da vida.

No sería más conveniente edificar la convivencia en derecho y no bajo derecho, no sería mejor que el verdadero propietario si se quiere de lo social construya sus modos y no un puñado de privilegiados que perviven en esa necesidad social de sentirse “representado”.

El voto o sufragio no es un cheque en blanco, es un pagaré que puede ser ejecutado en cualquier momento ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué debemos esperar que sucedan más muertes, aumente la indigencia, la pobreza, la desigualdad? ¿Por qué?

Por fin y como sostenía Nietzsche “el desierto crece, desdichado quién alberga desiertos", el trabajo más arduo es volver a poblar las conciencias humanas de que es posible la incubación de un ser social por encima del paradigma paternalista del Estado, creer que dicho monstruo nació para ser inmortal y muere a cada segundo llevándose al mas allá nuestra existencia fenomenal, pues hagamos la de la sociedad un Estado y que no sea el Estado el garante de la sociedad.

 

 

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