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ANÁLISIS

6 de julio de 2015

Los personalismos en la política y el fútbol, los casos Colombi y Messi

Con el afán de asociar aspectos de la realidad que se dieron casi sucintamente, que otra cosa es sí no “el significante”, horas después que el jugador catalán, arropado en la blanquiceleste porque el destino, del cual ningún mortal puede evitar, decidió que naciera en la cuna de la bandera, acumulara otro fracaso deportivo, el gobernador de la provincia de Corrientes, lugar que probablemente el jugador de fútbol no conozca, apenas sí haya escuchado nombrar, sumaba otro triunfo, épico y categórico, riéndose, con la mayor de las soberbias que es la humidad, de sus vencidos, a quiénes los sentenció nuevamente, a colgarse detrás, ahora de un pantalón nacional, esconderse en otra camiseta, para decirlo para la tribuna.

De un tiempo a esta parte, desde el anterior fiasco de la pulga (cuando lo más atinado a nivel futbolístico en el mundial de Brasil, fue hacer un golazo, ante la siempre difícil selección de Irán) hasta este reciente, han salido en manada, un antiperonista diría, un aluvión zoológico, de mentes colonizadas por el eurocentrismo imperial, que expresan en foros y cuentas de redes sociales, frases o “memes” como gracias pulga, grande, ídolo y demás, asociaciones de vocablos orientados a una suerte de cadena de la ayuda emocional, espiritual, hacia el jugador, nacido en argentina, exitoso en Cataluña, y acusado en tal lugar de evasión fiscal (un dato que habla de su condición de ciudadano, la cuál no solo se ratifica votando). Hasta tal grado de pelotudismo llegan con este cipayaje, que se ha leído que deberíamos agradecer al destino que el señor pulga, haya nacido en estas tierras, o que no se le ocurra renunciar a la selección, o a jugar al futbol, gastando sus millones en vaya uno saber qué.

El problema no es del muchacho, que bien merecido tiene su éxito europeo, que desde Europa se nos hace creer que es un éxito mundial. Acá comienza el problema, estos tontos de los memes que hablábamos antes, son los que se comen el verso de que la “Champion League” (Una Libertadores pero de allá) es preferible a pasear con sus hijos, salir con la querida/o, perder el tiempo con los amigos mirando el Paraná, o lo que fuese; hacerse hincha del Real, el Bayern o el Barsa, que aplastan al Ludogorest, o esos equipos de los Cárpatos, de las estepas, del tártaro, es realmente patético, usar esas camisetas, hechas con manos de esclavos bolivianos o paraguayos, para quiénes la asamblea del año XIII no ocurrió, es directamente un atentado al sentido común, una crimen contra el medio en donde uno vive y se desarrolla. Claro que son años, la estructura imperial eurocéntrica, nos entró por la espada, pero se sostiene con la vara del madero que educa y genera las perspectivas de trabajo, por tanto, los que podemos comer y con ello pensar, lo hacemos bajo esas categorías, las que colonizaron hace siglos, a fuerza de la matanza de los nuestros. Claro, que ya no somos las víctimas, es decir, el mestizaje, independientemente como se haya dado, es nuestro paradigma, y de allí es que suenan “con sentido común” decir que un flaquito que la rompe en su equipo europeo, inflado su éxito por las marcas que viven de él haciéndolo millonario, al llegar a su selección no puede levantar ni una copa de leche, es incriticable, o debe ser bancado, por millones de tipos que viven en la villa la olla de Corrientes o la Itatí del Conurbano, es ser funcional a ese imperialismo, es demostrar que estamos arrodillados ante él, es básicamente obedecer a una premisa, que habla de cómo pensamos y sentimos lo colectivo; creemos que lo individual debe estar por delante del grupo. Es decir, ese dios deportivo que nos vende Europa, ese “Inmesionante”, por más que no se ratifique en la cancha con nuestra camiseta, tiene que ser el mejor, porque así nos lo hicieron creer, entonces lo vamos a decir, vamos a pedir bancar, que sea el mejor, porque en Europa lo es. Y es más importante, tener una figura individual que un equipo. Para finalizar lo futbolístico, debería establecer la AFA, que ningún jugador puede integrar la selección argentina en caso de que no haya jugado en algún club del país, o que permanezca fuera del mismo por más de siete años continuos (Me dirán, pero perdemos los mejores? Hace 22 años que no ganamos ni una copa américa, esos mejores lo son para Europa no para nosotros) la territorialidad no la define donde uno nace (esto es azaroso, nadie lo elige) ahora, en la vida adulta, donde uno vive y trabaja, sí es una elección y esa debería ser la vara para determinar “Argentinidad” futbolística.

Para el electorado correntino, mucho de los cuáles caen en la trampa que desnudamos antes, Ricardo Colombi, es el ECO, es la política, la provincia y todo lo que signifique que eso sea. Por ello, el gobernador se puso la campaña al hombro, por eso el gobernador, maneja a los 20 partidos que se le arremolinan, con una precisión cartesiana, para que ninguno le sume una cifra que lo haga pretencioso, los rota, los arma y desarma, a gusto y “piacere”, para que se crea que ECO, es un proyecto político, cuando es ni más ni menos, que réplicas de  su voz, de su corporeidad, de su impronta, ECO, es tal como piensan que debe ser la selección argentina para con Messi, un nombre y apellido, Ricardo Colombi,

Aquí es donde se equivocan a algunos, de los muy pocos que deciden enfrentar a Colombi, a un rival político de estas características no se le vence con la pureza democrática y los principios que supuestamente defendería detrás de esa camiseta de la UCR. Para ganarle a Colombi, primero debe haber alguien dispuesto a hacerlo, es como Messi, pero al revés, este debe querer ganar algo con la selección (su mente esta colonizada por lo eurocéntrico y le dan los balones de oro y tantas cosas en Europa que ya le dijeron que es el mejor del mundo sin serlo, por ende le sacaron las ganas con esta operativa) para hacerlo primero, y en el FPV Correntino o el principal espacio de oposición en la provincia, salvo Camau, el resto ha demostrado que ni siquiera quisieron ganarle a Colombi, se conformaron con la quinta, con el quiosco, con la millonaria bolsa que cobra el boxeador que va a perder contra el peso pesad. En un segundo paso, a Colombi, se le debe cambiar el escenario, es decir, que juegue con otra camiseta, plantearle una elección en donde se pongan en juego otros aspectos que no sean su administración, ni la relación Corrientes-Nación. Quién decida ganarle a Colombi, deberá hacer que se saque la del Barcelona y se ponga la Blanquiceleste, esa es la cuestión política, en lo futbolístico, ya sabemos que sucede con un simple y complejo cambio de escenario y de casaca. El carisma y esos factores son secundarios, tal como ocurrió con Messi (de hecho pasaba con Maradona, ahora pasa con Mascherano) quién venza a Ricardo, tendrá automáticamente el visto bueno de la “gente” conciben las cosas desde ese individualismo por sobre lo colectivo, como lo dijimos responsabilidad de la tutela colonial del eurocentrismo conquistador que nos ha colonizado.

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