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ANÁLISIS

10 de mayo de 2015

Emotividades; piedra basal de la política actual o de la “amigocracia”.

No existe una razón científica del porque los domingos es el día en que mayor gente se suicida, tampoco del cambio abrupto de humor que podemos tener si una persona vestida con una camiseta patea una pelota dentro de una red, en ocasiones, las elecciones de una porción de ciudadanos correntinos se ven atribulados de aspectos místicos, esotéricos, quiméricos, fantasiosos o alejados del positivismo pero que apuntan a un aspecto central de la humanidad; la emotividad. Que actúa como eje rector en el epicentro democrático actual que es ni mas ni menos la elección de los candidatos en las listas regadas de recursos del estado, entre los que tendremos que optar (que no es lo mismo que elegir) en el cuarto oscuro. Ni el mérito, menos la idoneidad, sí no la emotividad, de que los elegidos le caen bien, son amigos, le garantizan el sí fácil al dueño de la lapicera, al leviatán hecho carne, es la piedra basal, el requisito básico e indispensable que tendrán los ungidos que serán nominados el próximo sábado.

En ciertos lugares públicos, como lo pueden ser hospitales o cementerios la emotividad se muestra de forma contundente, mucho menos es percibida en escuelas o facultades, un poco más quizá en templos o lugares de responso religioso, algo o una mezcla de varias cosas en parques, paseos y sitios  privados con acceso al público (casino, centro de compras, peatonales).

 

En una terminal de pasajeros, quizá la emotividad no sea tan contundentemente radical y expresa como lo referimos en los ejemplos del cementerio u hospital, podríamos agregar morgue, sala velatoria, pero continuemos con el espacio de la terminal.

 

Sí usted ha pisado una estación de trenes, de colectivos, fluviales, o un aeropuerto, sin ir  o llegar de viaje o sin despedir o recibir a nadie, o con alguno de estos objetivo pero apartándose emotivamente del mismo, seguramente coincidirá; en una terminal se derrochan emotividades sin que nos demos cuenta, porque todos estamos emotivos, porque nos vamos, llegamos, se va/n llega/n.

 

Mentes afiebradas por la locura refieren que en tales sitios, les embargan hasta deseos de “tirar sus estructuras por la borda” es decir, subir al último tren al país de nunca jamás, tocar el cielo en las alas de un avión o dejarlo todo para irse a vivir a una isla y dedicarse a vender manualidades, ocurre, es un instante, un momento, como cuando un cuarentón le mira morbosamente la cola a una veinteañera, con la grupa armónica, turgente, amanzanada que le susurra eróticamente un “ponela” y el dominado por los bajos instintos en esos segundos lo deja todo, trabajo, hijos, mujer, vida, ese acabóse por años de degradación y miseria, por incertidumbre o por el apostolado amoroso que brinda occidente como vida civilizada.

 

En este sitio, donde se vivencia con suma intensidad la emotividad, pero no se nos presenta intempestiva, voluptuosa e intratable, como sí se nos presenta en hospitales (por eso existe hasta una ley de comités de ética que disponen la obligatoriedad de contención psicológica en los mismos) ni que hablar en morgues y cementerios, es en donde debemos estar alertas, porque caemos en la demoníaca trampa de pensar que no existe y esta tan presente que nos atraviesa, nos envuelve, nos manda.

 

Un sitio de calcadas características es un cuarto oscuro, para cierto sector de la población claro está, y no es percibido por los políticos o la clase política en general, tampoco por los consultores o publicistas como un recinto donde la emotividad trasvasa.

 

Todos quedan en la prohibición expresa del código electoral horas antes, durante y después del comicio y las emotividades van mucho más allá de hacer expresa una preferencia o de colgar un cartel, por supuesto que tienen que ver con una historia previa construida entre elector-político, consultores-equipos técnicos mediante, pero apelar a la misma el domingo mismo del comicio, muy pocos lo han hecho y los que lo hicieron terminaron, casualmente, prevaleciendo.

 

El amigo del poderoso, el que le ha despertado esa emotividad, es quién será finalmente representante de la población, en la pequeña porción de poder que adquiera, este consuetudinariamente aplicará la misma lógica, sus amigos (familiares incluidos) serán quienes estén cerca de él y gozará de ciertas prerrogativas otorgadas por el estado.

 

La “amigocracia”, hace tiempo que es el concepto fundamental que bien podría definir nuestro actual sistema representativo, usted lo sabe a la perfección, y debe ser que se beneficia con el mismo, pues, nada o muy poco, al menos de lo evidenciable, se hace como para que tengamos otro tipo de eje rector.

 

Seguramente, enseñara a sus hijos a hacerse amigo de la maestra y de los directivos escolares, usted debe tener actitudes laudatorias para con su jefe, debe ser un buen vecino en caso de que le convenga y el mejor sobrino o primo del familiar adinerado, el gran problema es que existen bolsones de seres humanos, que ni siquiera son considerados amigos (lugar incluso desplazados por las mascotas, que tienen derechos, a cambio de quitarles su naturaleza, es decir ninguna asociación pelea por el derecho de estos de no ser separados de sus familias para ser parte de las familias humanas) pero que están allí sujetos, pendientes por un hilo ilusorio de que alguna vez tendrán amigos en el poder, sin que, al menos por ahora y contundentemente, se sientan enemigos del poder, sí eso alguna vez sucede, pues finalmente, se verá la máxima de la amistad, y se podrá comprobar cuantos amigos realmente estarán en las malas.

  

 

 

 

 

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