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20 de julio de 2026

El caballo de Troya Argentino.

La forma más contundente en que el poder es ejercido, se desarrolla, cuando menos cuenta te das de su ejercicio. Fuimos a un mundial de fútbol, dónde las pautas políticas estaban claras desde antemano. La Europa imperial menoscabada en su poder real, iba claramente por el poder simbólico que le había sido arrebatado en Qatar. Adueñándose cómo siempre, de la generalidad de lo humano, tenía en Gaza la excusa perfecta, para fortalecer su agenda “woke” que se iba destiñendo y deshilachando, no sólo se trataba de mostrarse generosa, amplia e inclusiva, integrando a uno de cada mil, de los que mueren en sus costas para llegar a destino o que acamparon y acampan desde otros extremos, sino pretendiendo reconstruir los imperios nostálgicos, ya desintegrados por los nacionalismos en ebullición, los que no se reconocen súbditos de las coronas, exacerbando la construcción de un otro imperialista autocrático y despiadado. Nada mejor que el gringo americano y su alianza con Israel. Pretendieron, pretenden, fundir a Messi con Milei.

Cuál Odiseo, el técnico Argentino, consciente o inconscientemente, afirmó ante el partido contra el imperio británico (al que la historia argentina resistió en la vuelta de obligado, en las invasiones a Buenos Aires y últimamente en Malvinas) que sólo se trataba de un partido de fútbol. Entramos a Troya con tal caballo. Tal como la primigenia historia, la devastamos, saqueamos e incendiamos.

No hubo reclamo, en tal circo del poder, en tierras gringas, ni por Gaza ni por Palestina, cómo lo pretendieron, urdieron, pensaron e intentaron. Hubo una bandera, que le enrostró al mundo, un saldo anterior, una herida aún abierta, de la que la Europa progresista y de los derechos humanos, ha sido parte y sigue siendo cómplice, reclamando por dolores más recientes y tal vez tan atendibles, pero de los que no tiene derecho a imponer cómo más prioritarios. No lo dice sólo está pluma, lo dijo la presidente de México, la heredera de la Malinche, recordando el accionar genocida de Hernán Cortés violando el Edicto de Valladolid de 1548, para recordarle al mundo, que Europa se asentó y acendró en genocidios de los que tapa, pidiendo por los derechos conculcados de otros, que lejos de su territorio, son violados.

Toca volver a Ítaca, y el precio que pagamos, es no haber jugado fútbol en la final del circo romano. De haberlo hecho, hubiéramos ganado la cuarta estrella, perdiendo con ella, la batalla subyacente del poder que se está librando.

Les hubiera cerrado la trama de la alianza entre Trump, Infantino y Netanyahu, con Messi, jugando en Miami, devenido en el presidente argentino libertario.

No toleran ni comprenden, que en nuestras tierras parimos al general Maradoniano que décadas atrás, cómo Leónidas y los 300, combatimos hasta con la mano y que años luego, decidimos otra estrategia, para no padecer las consecuencias de confrontar al poder a pelo y sin resguardo.

Seguiremos pagando el precio de haber incendiado Troya, quebrantando la ley de Zeus, hecha cuerpo en no subordinarnos a lo establecido de antemano, doblegamos a Polifemo, emborrachamos a la campeona, que cree que no jugaron contra nadie y en el camino, como la leyenda griega, seguimos perdiendo soldados.

Muchos hermanos latinoamericanos, que aunados con los perpetradores imperiales dispuestos siempre a establecer sus reglas y verdades, nos acusaron y acusan de petulantes y soberbios, nos maldicen y abjuran por estar peleando, con nuestros defectos y virtudes, defecciones y temores, a veces por intermedio de una pelota y otras mediante un relato.

Se entiende y comprende, que la lucha para algunos, sea con el vecino gringo y sus tratados. Que no para pocos la disputa política inicia y finaliza con las categorías eurocéntricas de derecha e izquierda, mientras nuestros pueblos no pueden pensar por estar mal alimentados.

Que hayamos logrado mediante una pelota de fútbol que se hable de nuestra porción de tierra birlada, bajo las argucias de antaño y que ello no implique que no nos interesen las injusticias que padecen otros pueblos, por la Europa que tutela siempre tales males, para evitar pedir perdón y hacerse cargo, es el triunfo geopolítico que no nos será perdonado.

Volveremos, pese al tiempo que nos lleve. Nuestro pueblo, cuál Penélope está esperando, asediada por los pretendientes, la argentinidad, cómo Telémaco reinará nuestra tierra, resistiendo a los que en nombre de las generalidades y las buenas costumbres siguen sin aceptar que decidir por nosotros mismos, y elegir prioridades es la base y fundamento de la libertad y esencia de lo humano.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

Escuela Correntina de Pensamiento. Conceptualización filosófica.

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