1 de junio de 2026
Del anticristo de Nietzsche al anticristo de Thiel.
El atributo que mejor describe a Peter Thiel es que se formó en filosofía. Mediante tal predisposición de su ser para abordar el conocimiento, entre algunos, se topó con Nietszche y probablemente se fascinó con su obra "El anticristo". En este texto, el filósofo alemán, brinda una lectura, de la cuál se desprende, como interpretación, que Jesús en verdad ejerció un contrapoder del mundo platónico-eidético-kantiano que sostiene el judaísmo y finalmente el cristianismo. El que se mezclaba con pobres y prostitutas, el que golpeaba a estafadores, el que rompió la promesa del paraíso y militó la posibilidad de la felicidad y no de lo justo, en lo que sólo era y luego de su muerte, seguiría siendo "el valle de lágrimas".
La lectura lineal es que su obra cómo el mismo, fungen como la contraposición de un mundo orquestado por un dios que exige y demanda igualdad, y que por tal ruín pretensión, se cercena la voluntad de poder y la verdadera potencialidad de un hombre que debiera dar lo mejor de sí, sin esperar ninguna gratificación ultraterrena o penalidad so pretexto de una promesa que no llegará jamás. En cualquiera de los casos, no se distancian demasiado la una de la otra, la versión contradictoria del jesucristo que asesta un golpe contra su propio modelo o el de su padre, y que por ello luego padece no sólo en la cruz, sino que da lugar a la versión más concentrada de judaísmo, el cristianismo, Pablo mediante o la del propio Nietzsche mostrando tras la fuerza volitiva de su pluma, aspectos centrales de lo que cree cómo lo siguiente: "La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor y más fuerte o más alto, como hoy se cree. El progreso no es más que una idea moderna; esto es, una idea falsa...La igualdad de las almas ante Dios, esta falsedad, este pretexto para los rencores de todos aquellos que tienen el ánimo abyecto, esta idea que es un explosivo y que terminó por convertirse en una revolución, idea moderna y principio de decadencia de todo el orden social, es dinamita cristiana... ¡Los beneficios humanitarios del cristianismo!" (F, Nietszche. "El anticristo").
Esta suerte de perversión, de hablar de ir por determinado objetivo pero en verdad ir trás lo opuesto, es lo que en mismos términos de anticristo, Peter Thiel refiere en sus charlas, con respecto al supuesto "buenismo" de ciertas tendencias ideologizadas de cuidar el medioambiente y la sustentabilidad o garantizar la igualdad de derechos para todos y generar para tales fines, un sistema férreo e irrestricto de normativas universales o gobierno mundial regente, que ampute la posibilidad de libertad de lo humano como en su sentido lato.
Retoma Thiel lo planteado por Nietszche, dado que este, en tal texto, arremete directa y puntualmente contra Inmanuel Kant, a quién se le ocurrió entre tantas cosas, ir "hacia la paz perpetua" texto, que establece una suerte de principios generales para la constitución jurídica del derecho internacional y de organismos globales que imponen reglas, al menos morales (siguiendo los preceptos kantianos) que a criterio de quiénes apoya Thiel, como Donald Trump en su concepción y acción geopolítica, son elementos menores a los que el ejercicio del poder no debe ni puede detenerse, ni por asomo.
El nihilismo de Nietzsche es la pulverización del mundo cristiano, de la verdad como valor, de la muerte de dios como la certeza de que este mundo es lo previo o condición necesaria de lo ulterior, el anticristo es su pluma o la interpretación de un hijo de ese dios, como lo podríamos ser todos, que podríamos actuar ejerciendo una pretensión de otra cosa.
Para Thiel el anticristo son las defensas a un mundo de promesas igualitarias y democráticas, que en nombre del respeto del derecho de una sola persona puede y debe constituirse en un conjunto de reglamentaciones para de acuerdo al cumplimiento de ellas tener una recompensa en una vida ultraterrena o en caso de incumplimiento una penalidad en esta.
Al Principio el Ser era todo, de lo demás siquiera pensarse podía. La luz llegó cuando se dividió al Todopoderoso concepto en cinco fragmentos que combinados establecieron una frontera con las demás entidades, las cuales destinaron sus pretensiones a imitar la pentagonal conformación. El Firmamento se produjo cuando se concibió al Ser como un compuesto capaz de sufrir accidentes, animado por las potencias, consumado por los actos, dirigidos por una causa final y respetada por una adquisición de identidad. La Tierra firme se concretó en el momento en el cual se halló una vinculación entre el Ser y el atributo razón, este adquirió un preponderante papel cuasi fundador que asentó o permitió el asentamiento, contundente, de determinadas definiciones. Los Astros en el cielo llegaron, luego de imponérsele críticamente al Todopoderoso los límites del todo de su poder. Los Seres vivientes aparecieron al concretar dentro del Ser un concepto pleno de conciencia, el cual podía adquirir atributos múltiples, hasta espirituales, llegando incluso a un absoluto. El Hombre y la Mujer fueron creados al cabo de una larga y pésima interpretación del Ser, con la función de brindarle, a éste, un sentido, certero y real, por tanto único. Así fue terminada la historia. El séptimo momento significó la consagración, en toda su dimensión del Ser, por tanto su eterna desaparición.
El anticristo sintético, analógico, cómo un olvido de época o desde antes de que fuéramos una conversación, es el pensamiento que detiene, que pone en pausa, que crítica y cuestiona a la acción, es la pregunta sin respuesta, la narración errabunda, sin coma ni punto, la voz que se despide sin decir aDios.
Por Francisco Tomás González Cabañas.
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