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18 de marzo de 2026

Corrientes es marrón.

Producto de una de las realizaciones teóricas para el Centro Desiderio Sosa (presidido por el jalisciense Jorge de la Torre López), subieron a la cuenta de Tik Tok de la misma, un video de 36 segundos de duración, en la Arazat�, con el puente de fondo, dónde con la fuerza de la imagen que devuelve el color marrón oscuro del Paraná, el marrón claro de la arena, expreso la certeza cromática y obvia de que “Corrientes es marrón”.

En tal plataforma el Centro de estudios (que próximamente renovará autoridades y probablemente continue en manos mexicanas) no posee más de quince videos y ninguno de ellos superaba los 700 visitantes o vistas. Este del que te hablamos y adjuntamos, en poco más de 24 horas lleva más de 11 mil reproducciones. Más allá de las cuitas menores, de la obviedad de que el aumento del tráfico de un mensaje de pocos segundos, no sean pocos los otarios con los que te encuentres, para leerlos con tips agresivos y oligofrénicos al estilo “que fumo, que está tomando, que dice, quién es…” todas pseudo-preguntas que podrían responderse buscando información en la misma cuenta de Tik Tok, mirando los otros vídeos, googleando, lo cierto es que bien sabemos que muy pocos de los que toparon con tal material en ese lugar, tengan la disposición de leer y por ende conocer lo que hacemos, como tal vez sí lo tenga usted, a quién a diario le llegan nuestros reportes, pese a su obstinado silencio. Aquí el interés de nuestra “viralización”, bosquejar las razones de lo ocurrido.

Es claro que lo no dicho, y que circunda en todo el material, despierta cierto interés, o hasta morbo que toca el inconsciente colectivo de la correntinidad. El color marrón no es azaroso ni inocente. De un tiempo a esta parte se transformó en un concepto abierto o en disputa. El marrón como símbolo identitario (de lo etnográfico y de la ancestralidad) no es ni blanco ni negro, pero no en una suerte de isla salomónica o punto medio de equilibrio. El marrón lo usan tanto sectores de la “blanquitud hegemónica” los que se identifican con la nomenclatura �WASP o White Anglo-Saxon Protestant (los norteamericanos originarios del norte de Europa. Esta expresión fue acuñada en los años sesenta por E. Digby Baltzell, un escritor de Philadelphia y luego llevó como nombre una banda de heavy metal) y demás sectores supremacistas, que ante la reacción contracultural (que para muchos generó luego el wokismo) de la defensa de lo negro o la negritud, encuentran en bajar la caracterización peyorativa, el cambiar de color para la agresión. Es decir, cómo podían ser penalizados por señalar a una persona como negro, empezaron a llamarlo marrón. Y demás colectivos, no necesariamente negros o excluidos o perseguidos expresamente como estos, encontraron en la “marronitud” o lo marrón, el color para identificar sus orígenes, con muy poca incidencia de lo europeo, reafirmar su posición ante el mundo y denunciar con ello, la segregación subyacente y por tanto menos expresa, que impone el poder cultural que se pretende hegemónico de lo blanco.

Creemos que en Corrientes lo marrón, despierta una controversia que atraviesa tanto a los herederos de las cautivas y sus heráldicas, a la nueva burguesía instalada en el poder hace un cuarto de siglo y a la plebe o vulgo, en el manejo de sus expectativas, tanto las que pueden ser propias, como las que se las imponen desde fuera. Es decir, probablemente aquel que viva por fuera de las cuatro avenidas y apenas tenga para sortear la canasta mensual de alimentos, tenga la misma aversión de sentirse marrón, que los dueños de los caserones en las manzanas históricas, de prosapia y apellido, a diferencia de los hijos de los gobernantes o de los empresarios, que entienden que pueden decir marrón en Palermo Soho, a uno que este pidiendo monedas cerca de plaza Armenia, pero que evitarán tal mención dónde generan los recursos para ser quiénes son.

De estas cosas nos nutrimos, quiénes pensamos. Las compartimos, partiendo de la honestidad intelectual de creer que son indispensables para tener una comunidad mejor. Más allá de que no pocos crean, que el haber tomado ideas ofrecidas de esta manera, sin convocarnos o reconocernos, hará que los planteos funcionen mejor (en la barbarie de lo absurdo) lo cierto es que de esta cuestión de fondo (encontrar el color de nuestra identidad o de nuestra ciudad, que son cosas bien distintas) también posee estos aspectos de forma.

Rodolfo Kusch filósofo argentino, desarrolló el estar/siendo bajo la contraposición del “hedor y la pulcritud”, lo primero atribuido al originario, lo segundo al blanco. En tales intersticios y en la intertextualidad, nosotros también nos preguntamos ¿A que huele tu ciudad? para un tiempo después preguntarnos sobre el color de nuestra identidad.

No casualmente, cuando fundamos la escuela correntina de pensamiento, el único color de sus logos e imágenes es el marrón. Fue casi un hallazgo intuitivo, nos sorprendimos que nadie al menos que existan datos rastreables, se haya preguntado acerca del color de una identidad tan fuerte como la correntina o incluso asociarla con la ciudad (como por ejemplo los misioneros con la tierra colorada).

Nos respondimos lo siguiente: Es el resultado de no aceptar el pensar, de no reconocerles su valor, de no auspiciar instituciones como la nuestra, de tratar con indiferencia, cuando no persecución, cuando alumbra nuestra tierra, cada tanto, algún filósofo.

Finalmente la observación de la forma. Cómo podrá ver en el vídeo, apenas sí decimos que lo marrón no es lo blanco ni lo negro. La imagen detrás, que para los cultores de tales plataformas lo es todo (con la frase “vale más que mil palabras”) donde el color que predomina es el marrón (incluso la remera usada ex profeso de color marrón).

Sí alguna duda teníamos, se nos erradicaron. Corrientes es marrón. ¿Qué significa serlo? Eso seguramente llevará más de 36 segundos, nosotros estamos dispuesto a continuar trabajándolo, esperemos encontrar eco (o mejor dicho innovar y modernizarnos) con nuestras autoridades, con nuestros comunicadores, empresarios, actores sociales y público en general.

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Centro Desiderio Sosa (Francisco Tomás González Cabañas, secretario).�

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