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ACTUALIDAD

30 de junio de 2022

"La filosofía es fundamental en las cuestiones políticas".

Ciclo de entrevistas "tres preguntas a filosofers". Responde Angélica María Rodríguez Ortiz, docente-investigadora (departamento de educación, Universidad Autónoma de Manizales) y doctora en filosofía (UPB). "Exigir cuestiones de igualdad, sin ofrecer las garantías para tal fin resulta ser irresponsable con quienes no tienen cómo contribuir, porque el mismo Estado los ha relegado" sentencia la destacada filósofa colombiana en los considerandos de una entrevista profunda y sin desperdicios.

¿Es posible pensar desde la singularidad del uno, sea la conciencia, el yo, el cuerpo, los agenciamientos de la partícula elemental o lo que fuere, dada la interacción obligada a la que estamos impelidos, condicionado, sujetos y hasta condenados en lo múltiple o las multiplicidades? 

Resulta innegable que la consciencia tiene una particularidad, esta consiste en la subjetividad. No obstante, considero que los niveles superiores de este estado mental (conciencia) convoca en su naturaleza el lenguaje y la experiencia, lo que vincula, como bien lo expones lo múltiple, lo social. Como seres sociales desarrollamos no solo el lenguaje, sino estos estados mentales en niveles superiores, así como también se desarrolla esa capacidad racional. En este sentido, esa multiplicidad de pensamientos y multiperspectivas interactúan en nuestro desarrollo cognitivo, y empezamos a compartirlos a través del uso del lenguaje. En este sentido, considero siguiendo los planteamientos de Searle (1969, 1995, 2010), que existe una conciencia y una intencionalidad colectivas, que no existe un pensamiento solipsista en el que podamos decir que somos quienes lo creamos. En el campo de la vida social, política y moral, los estados mentales son colectivos (conciencia, intencionalidad y hasta las creencias son compartidas). La misma naturaleza de esos estados mentales, para alcanzar lo requerido para la interacción social es biopragmática (tiene elementos biológicos -en los que se podría decir que estaría lo propio del individuo- y tiene elementos pragmáticos,que convoca el uso del lenguaje y las experiencias sociales). 

¿Cómo cree que es, que debiera ser y que le gustaría que fuera el vínculo entre filosofía y política? 
La política y la filosofía, desde mi punto de vista siempre deben interactuar. Una política sin filosofía puede llegar a ser corrupta, movilizada por hedonismos, siendo extremistas podría incurrir o bien en autoritarimos o quizás en  anarquías. Separar la política de la filosofía puede conllevar a abusos y malos usos del poder.  La filosofía es fundamental en las cuestiones políticas, no solo por las herramientas que brinda para la reflexión, sino para el análisis crítico (desde la lógica y la argumentación);  para comprender la ontología de la política, para entender las cuestiones fundamentales del poder político, los cambios que se han presentado, el conocimiento que se ha construido. Asimismo, para lograr un ejercicio crítico en la participación política y en el estudio de la misma, la filosofía nos brinda herramientas desde la ética y la moral, en aras de que las normas y reglas sean justas y en pro del bien común.  

Dada la indignidad de la pobreza y marginalidad, que asolan a tantas personas a lo largo y ancho del mundo, ¿No cree qué el anclaje simbólico de seguir considerándolos con las mismas responsabilidades y exigencias (políticas) de quiénes nada les falta o todo les sobra, se constituye en un ariete profundamente antidemocrático y con ello en el deshilachamiento de reconstituir el lazo social? 

Completamente de acuerdo. Bien lo expuso Cortina (2017), las exigencias de los sistemas contractualistas hacia los pobres resulta ser un verdadero atentado contra la democracia. Exigir cuestiones de igualdad, sin ofrecer las garantías para tal fin resulta ser irresponsable con quienes no tienen cómo contribuir, porque el mismo Estado los ha relegado. Si bien, desde el ámbito legal se les atribuyen los mismos derechos, no existe la obligación genuina asumida por el Estado para garantizarlos. La protección de la dignidad humana resulta ser un excelente discurso, pero en términos de Searle (1969) las declaraciones, como actos de habla, han resultado poco exitosos. Realmente se asumen promesas insinceras, discursos vacíos, porque en el mundo social las injusticias prevalecen. Es precisamente allí, cuando se evidencia la urgencia de retomar esos lazos entre la filosofía y la política, para comprender cómo esta realidad social se construye e instituye intencional y colectivamente a través de los actos de habla que usamos. Los poderes deónticos no pueden ser discursos insinceros, debe llevarnos a las acciones en la lucha por las minorías, por los menos favorecidos, no solo en términos legales, sino en términos económicos. Allí, la educación resulta ser el arma para desactivar las injusticias sociales, la intolerancia; la educación resulta ser esencial si lo que se espera es una participación real de la ciudadanía; ciudadanos críticos que se reconozcan como agentes del cambio. No desde las subjetividades, sino desde el reconocimiento del bienestar colectivo. La educación permitirá formar en capacidades y en la actuación sinérgica (actores y sectores) se podrán generar las oportunidades requeridas (Nussbaum, 2009) para que de manera intencional y colectiva resignifiquemos las democracia. 

 

Por Adán Dadrevse.

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