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ACTUALIDAD

30 de abril de 2021

El limbo del AMBA.

“En general los Padres y teólogos han afirmado la existencia del limbo como lugar y estado de aquellos que habiendo muerto antes de llegar al uso de razón y sin bautismo, y por tanto con pecado original pero sólo con él, son privados de la visión de Dios, que es don gratuito y personal, aunque no sean castigados con penas aflictivas, sino que pueden gozar de una felicidad natural” (apologética.org “La doctrina del limbo”).

La raíz etimológica del limbo, tiene vinculación con el límite, borde o pliegue. La república Argentina desde su constitución como tal, orilla la inviabilidad de dos realidades contrapuestas que conviven en un mismo cuerpo que se pretende ilimitado. 

 

Entre tantos aspectos a considerar, pandemia mediante, debemos poner en valor, la visibilidad que adquiere esta denominación de AMBA que en el fondo, es ni más mi menos el país limitado, en el que encontramos nuestros límites los que vivimos por fuera de él. 

 

No es casual que este acotamiento semántico, este reduccionismo del significado de la patria y de la Argentina, tenga un gobierno especifico y determinado que consagra la propuesta que planteó en sus inicios de la lógica agonal o de la victoria de la denominada grieta. 

 

Puerto Madero es hace tiempo el barrio con menores índices delictivos custodiado por la prefectura naval, como símbolo palmario de un costo público que asumimos todos, todas y todes, pero del que se benefician muy pocos, cómo el Presidente de la Nación que antes de mudarse vivía allí o muchos de su acólitos que declaman ser nacionales y populares desde la coquetería selecta de sostener y mantener el latrocinio de tal contradicción. 

 

Vivir en tal limbo no deber ser fácil, pese a que te exculpe de penalidad, de culpa y de responsabilidad. Habitar tal burbuja, debe ser un desafío constante para no creer que tal nube de privilegios es todo lo que existe en el fenómeno de la mundanidad. Por esta misma razón, ocurre en la actualidad, lo que cada vez menos azorados ciudadanos, observamos con perplejidad. 

 

La máxima autoridad del país, absorbido por no poder fugar de tal zona de protección, que se torna un ámbito de restricción y opresión, violenta no sólo las libertades individuales (en aras de un bien jurídico mayor impreciso, subjetivo, difuso y diferido a circunstancias varias) sino que con sumo desparpajo y sin vergüenza alguna, gobierna para el limbo jurisdiccional bautizado como AMBA. 

 

Como tal ámbito no existe sino que es un eufemismo alegórico para justificar la falta de poder real para la ejecución de políticas públicas, sean estas ausencias incluso en un estado de emergencia, los más de cuarenta millones de argentinos, salvo los incluidos en el club privado en el que devino la flor y la nota de la argentinidad enclaustrada, encerrada en la burbuja del limbo unitario y privilegiado, no tenemos más atenernos al principio fundacional de que las provincias son preexistentes a la Nación y que la constitución actual de ésta última ha caído en un limbo en su sentido lato. 

 

La narrativa de un grupúsculo político, adquirió tonalidad pandémica y bajo tales caracterizaciones a fuerza de razones sanitarias y de imposiciones de pavor trémulo a la ciudadanía toda, se disponen a la concreción del objetivo final de disgregar un tejido social que tiene como víctimas principales a los pertenecientes a la clase media o que se precian de ser parte de tal segmento social. 

 

A las claras el modelo social y político, tiene estricta relación con el aumento de los niveles de pobreza y marginalidad, para que la inflación de los bolsones de pobreza, destruya a los que deseen progresar mediante el sacrificio, el trabajo y la determinación como valores. Se proponen, consiguiéndolo, reemplazar tales funciones de la voluntad por la militancia política o el lacayismo más vinculado a un relación de esclavitud en donde sólo el selecto grupo de gobernantes y sus familiares y amigos, tengan acceso y derecho de gozar de todas las posibilidades e incluso más. 

 

El modelo contempla, que estos puedan transgredir todo tipo de estipulaciones previas que podrían ser consideradas como reglas normativas para un supuesto cumplimiento universal. 

El limbo en el que habitan también lo es de la moralidad o en todo caso de la inmoralidad y de la a-juridicidad o post-juridicidad. 

Es preferible el cielo o el infierno de cualquier oposición que se pare frente a los que habitan en el limbo, desde donde, nos gobiernan, sin culpas, sin responsabilidad y hasta sin consciencia o tal vez con la plenitud de la misma del daño al que nos someten desde hace más de un año, por las razones sanitarias sobradas y harto conocidas.

 

Por Francisco Tomás González Cabañas. 

  

 

 

 

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