Lunes 26 de Julio de 2021

  • 20º
  • Fecha

  • Contagios

  • Recuperados

  • Muertes

POLíTICA

17 de abril de 2021

Eduardo o el problema capital.

Las elecciones municipales se ganan por un voto en una sola vuelta. A diferencia de las provinciales y de las nacionales, para elegir intendente se sufraga una sola vez. Es decir sí una elección posee tres candidatos fuertes en una ciudad, el ganador podría calzarse el traje de jefe comunal con menos del 35% de los votos. Juntar o colegir esa cantidad de votantes no tiene que ver con la gestión, con la administración, con la imagen, al menos puede que sea condición necesaria pero no suficiente. El armado político, la estructuración, los cuadros, la rosca y demás conceptos que muchos que ven con desagrado desde afuera la política (como otros más que desde adentro viven de la misma) militan (despreciando este termino tan vinculado a la política) la anti-política apoyados en la insubstancialidad de encuestas, sondeos de opinión y de recorridas fugaces por hordas empobrecidas desde las cuáles se fotografían para subirlas a sus redes que viralizan sus egocentrismos.

El cardiólogo forma parte de este equipo sí es que pudiésemos dividir, como en la informalidad de un partido de fútbol a solteros contra casados, binariamente los actores de nuestra Olimpo dirigencial.

En verdad está fue su gran razón electoral por la que prevaleció hace 4 años atrás. A diferencia de lo que se habló y por lo que se endiosó a consultores y marketineros, Eduardo le gana al ingeniero, porque a diferencia de la anterior vez, donde ganó el velerista, estaba bien en claro que el escenario era entre dos y no entre tres. Por un lado se jugó lo dilemático entre estructura política e imagen, lo primero representado por el último intendente peronista con menos carisma que un hombre sufrido y sin sonrisa, pero por el otro, que nunca se observó, la estructura o la parte política, no dejó de estar del lado de quién resultaría victorioso. 

Cuatro años después, éste es el gran problema, o el problema capital de Eduardo. No está Ricardo, no está la política, y se empieza a notar desde hace meses. 

El primer síntoma de está gran ausencia, lo expresamos desde estas columnas (tan tenidas en cuenta como inversamente citadas como debieran hacerlo al menos por honestidad intelectual) se manifestó con la serie de fotos, seriadas que se tomaba el jefe comunal con diversos presidentes de partidos políticos, dando por entendido que lo apoyarían en su reelección. 

Un error conceptual, político, de magnitud considerable. No se trata de una equivocación electoral o atendible a los gurués de las encuestas o “sherpas” de los comicios, no es responsabilidad de los que te dicen con qué color de camisa posar cuando estás a lado de un pobre. 

Denota este craso error además que el interesado en cuestión no posee “estado mayor” es decir al menos dos personas, que no sean familiares ni amigos, y que tengan un pensamiento propio o una integridad personal que les permita ser libres (no son muchos los que puedan tener tal chance en una provincia con 50% de pobres y más del 70% de su masa laboral que sobrevive con sueldos básicos del estado) y pensar política (para ello se la debe conocer previamente, tanto práctica como teóricamente) para lograr un objetivo. 

Se presume que tal función, la “más política” la cumple el “Lilito” de sonrisa permanente y angelada. Sin embargo, la juventud que en otros aspectos le juega una buena pasada, en este le pesa. Cuqui no termina de definir su función en la política. No resolvió, la imprudencia de la juventud le puede regalar unos años más para seguir hesitando, sí jugará de “cajero” (éste es otro rol clave que desde la política se debe atender) o de armador político. El principio de no contradicción funciona allí. No pueden realizarse los dos roles a la vez. Es otra de las máximas de la política. 

El cardiólogo, cómo sí su reelección dependiese de consumir más omega 3, tal como reparte ripio, inició a destiempo el incomprensible acopio de fotos con presidentes de partidos políticos, para “hacerse fuerte” estructuralmente.

No sólo que trató de esta manera a la jerarquía política, a los que habitan el Olimpo dirigencial, de la misma manera que se trata a un votante que cayó en la marginalidad, sacándole una foto para vender que tiene su apoyo (¿que diferencia habría cuando se da para la foto electoral una bolsa de comida o un cargo en el municipio?) Sino que lo hizo desde la torpeza de creer que esto le serviría políticamente. 

Es decir los jerarcas fotografíados, fueron y se prestaron al juego, dado que sabían desde el inicio que meses después de la gráfica (tal como está sucediendo ahora) podrían negociar sus apoyos con los otros candidatos en una elección que aún no tiene fecha. 

La Cámpora se concentrará en la capital correntina, y por tanto la elección será una disputa en tercios, dado que sea por dentro o por fuera, el vicegobernador vio la posibilidad de ser el próximo jefe comunal y tiene tal objetivo entre ceja y ceja. 

Eduardo tiene su reelección a un café de distancia. No necesita ir a la Ciudad de Buenos Aires, si a la calle Buenos Aires, tal vez pueda negociar un acuerdo, un alto el fuego, o cerrar desacuerdos que tal vez sean muy profundos o cuantiosos, tal vez tenga que ver el desarrollo de la costanera, del parque mitre, las inversiones que han llegado y pueden llegar, pero sólo lo sabrán con exactitud él y con quién debiera negociar que es su parte política. 

En el caso de que lo tenga perdido, debe asumir tal falta. Es decir no la podrá suplir con encuestas, con marketineros, con gurués, con fotos, con imagen. 

Sí no puede arreglar con el que atiende en calle Buenos Aires, debe asfaltar su posibilidad de reelección armando en forma urgente ese estado mayor que nunca tuvo y del que no debe aborrecer ni renunciar. 

Ocurre, sucede, acontece, que en caso de que Eduardo, sea el primer intendente de la capital correntina que logré su reelección, no tendrá rivales de riesgo para ser el más firme candidato a gobernador en 2025. Esto, que para los que ven sólo la imagen y no la estructura es imposible pensar, sin embargo es un factor clave con el que debe a lidiar Eduardo (por más que la vea o no) o ese equipo político que no tiene. 

No pocos le dirán al cardiólogo hoy que no a su reelección por temor a su mañana como gobernador. En eso debe trabajar un armador político, en convencer de lo contrario a los díscolos. Las fotos son para después. Ambos trabajos son igual de importantes y se complementan, es decir no son excluyentes. Pero “sacadores de fotos” o replicadores en redes y especialistas en imagen cada vez pululan más, armadores políticos son una especie en extinción y la reserva más grande la tiene el de calle Buenos Aires, que a tal punto sabe de la importancia de estos, que se encarga personalmente, de perseguir y eclipsar a los contados con una mano de  armadores políticos que no están bajo su mando. 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas. 

COMPARTIR:

Comentarios

Escribir un comentario »

Aun no hay comentarios, s�� el primero en escribir uno!