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ANÁLISIS

1 de junio de 2020

De zona “blanca” a zona “marrón”.

El gobernador Valdés cuando declaró que avanzábamos a “fase 5” tomó la decisión política más fuerte de todo su gobierno. Independientemente de que le resulte, y nos resulte, a sus gobernados en general, para bien o para mal, a nivel político se trata del principal acto de independencia y autonomía política, que se le debe reconocer. Jugó fuerte y jugó bien, dado que a nivel de los que deseamos, nadie quiere que tengamos más casos o que exista alguna vez “tranqueras adentro”, circulación viral. Ahora bien, inmediatamente después, no podemos dejar de soslayar ciertos aspectos, que incluso podrían ser de máxima utilidad para lo más granado del oficialismo, sí para esos, que hoy están preocupados por redefinir el concepto de nacionalismo, demostrando lo aburrido que están luego de estar tanto tiempo en el gobierno.

Gustavo Valdés, pudo (tal vez esté a tiempo, debiera preguntarle al menos vía zoom, a esos “consultores” que siempre aparecen antes de las elecciones, cobrando fortunas y adjudicándose las victorias electorales) haber aprovechado mejor el avanzar a fase 5. Porque no se trata, de que seamos guapos, arriesgados o irresponsables. Mucho menos de adherir o no a una táctica más o menos apresurada, o caer en el falso dilema de priorizar la salud o la economía. 

El gobernador, dio en la tecla en cuanto a que gobernar es hacer desear (una de las máximas lacanianas) dado que ninguno del millón de correntinos desearíamos otra cosa que no sea, “ganarle al virus” o que este nos afecte lo menos posible. Claro qué para trazar un plan, para que el deseo colectivo siga siendo tal o posible, se debe establecer un método, una estrategia o un camino que contagie certeza en tales dosis que venza al desaliento y al temor generalizado y al azuzado políticamente.   

Podría haberse hecho rodear, en la fecha patria donde anunció el heroico anuncio, por concejales, intendentes, sectores de la producción, colegio de profesionales, opositores amigables (uno de los tantos puntos fuertes del colombismo es conseguir con tanta facilidad y docilidad, rivales, a los que luego los compra, los convence o los “quema”) y todo el marco escenográfico, acorde para fundamentar la decisión en una verdad irrefutable a nivel mundial.

Mal que nos pese a todos, debemos convivir con el virus, hasta que esa bendita ciencia (sí la que es más humana que irrefutable, como la eminencia científica a nivel nacional, que lo primero que hizo, en nombre de su sabiduría es “enchufar” a su hija en el comité de expertos) nos proporcione a escala planetaria una vacuna o un remedio.

Para esto faltarán muchos meses, tal vez un año o más, no sé sabe bien, pero se debe seguir gobernando, y, por ende, viviendo. 

Valdés acertó con la decisión de que tenemos que hacernos cargo de lo que nos toca. Probablemente haya sido un acto de responsabilidad. No son pocos, los que lo señalan como el mejor alumno, de hecho, por algo fue el elegido. El mejor que nadie, sabe cuanto nos está costando a nivel económico y social, continuar con el confinamiento o con la cuarentena, por esta misma razón, abre las tranqueras, con el hálito de somos una zona “blanca”.

Y aquí está su error. Insistimos, tal vez, lo sea del equipo que lo rodea, de los “pretorianos jerarquizados” que ya aburguesados en sus bancas o espacios de poder, se ponen a escribir tonterías en periódicos pagos o dar charlas insustanciales por zoom. 

Corrientes nunca ha sido, no es ni será “blanca”. Tampoco deseamos la mayoría de los correntinos, estar pintados de un determinado color. No se trata de una cuestión cromática, obvio, pero vale la alegoría. 

Nosotros podríamos decir que Corrientes es marrón, como el Paraná, como la traza que predomina en los barrios humildes o el color de la arena de los pueblitos del interior. Para otras, será rosa o melocotón, cada quién le querrá, poner su pincelada que la haga sentir parte de una provincia, al que lo blanco le queda muy artificial.

Tal como sucedió horas después, el desafío de la blancura, le seguirá dando muchos dolores de cabeza a Valdés y envalentonará a cualquiera desde la simpleza de un tweet. 

No se trata de “no tener casos” durante no se cuántos días, o de que el nexo epidemiológico de los afectados y todo lo que siguen explicando desde la heroica decisión, los funcionarios de Valdés. 

Se trata de que entre todos comprendamos que debemos convivir, extremando los recaudos sanitarios, con el virus, dado que no sólo nos podrá afectar éste, sino también los males que profundice la continuidad de una cuarentena imposible, hablamos de mayor pobreza, crotera y miserabilidad. 

Esperemos que las divinidades en las que cree Valdés, lo iluminen como al Rey Salomón, para que se haga asesorar mejor y entienda y comprenda, que no le alcanzará a él ni al millón de correntinos, con los consejos y las admoniciones de quiénes hace rato tienen demasiadas prerrogativas que perder y que por ello, lo pretenden aislado, alejado de quiénes lo enriquezcan con posiciones diferentes que se aúnen, que converjan en tiempos aciagos, que no tienen ni tendrán un solo color determinado. 

 

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.

 

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