25 de octubre de 2019

Democratizar la escuela o “aprender a votar”.

Desde la antropología cultural dimanada del filósofo Michel Foucault, el sistema escolar en occidente, se articula, muchas veces y sin posibilidad de fuga (y por ende de una posibilidad cierta de deconstrucción) en un dispositivo plagado de: disciplina, castigo, docilidad, control del tiempo, examen, diseño del espacio como ejercicio invisible del poder, no son pocos los que afirman que el acceso masivo a la educación proyectó individuos homogéneos, ni autónomos ni imaginativos. Lejos de los retos actuales de lograr una educación para la diversidad y la creatividad, la reflexión crítica, la actitud proactiva, sustentada en valores humanos, a los fines de una sociedad mejor.

El presente proyecto funge como una propuesta para un establecimiento educativo, que invite tanto en forma fáctica, de realización, como teórica que se brinde a las autoridades políticas, tanto del poder legislativo provincial como proyecto de ley, como para los parlamentarios del Mercosur, a los efectos de “reperfilar” o rediseñar metodológogicamente los parlamentos juveniles que se llevan a cabo de un tiempo a esta parte, a nivel municipal, provincial, nacional e internacional. Aporta básicamente el dotar, del valor “democrático-electoral” en su dinámica plena, a todos los establecimientos educativos, que quieran ser parte, a los efectos que elijan, bajo la concepción de paridad de género, un estudiante masculino y uno femenino, de cada ciclo, (inicial y media) por cada colegio. La pareja de alumnos, será elegida, en forma unívoca, mediante votación de sus compañeros de clases o divisiones, para luego, ser nuevamente elegidos entre los seleccionados de todos los grados, de cada ciclo, quedando finalmente dos, un hombre y una mujer, por el ciclo inicial y otro hombre y otra mujer por el ciclo medio. 

Estos representantes, irán a la institución educativa promotora o anfitriona, a sesionar en una suerte de “asamblea” o parlamento. La propuesta es qué, desarrollen en el mismo, temáticas, atinentes, únicamente, a la realidad educativa que vivencian, como sus posibilidades, deseos o expectativas de cambio, en un futuro inmediato, mediato, y a largo plazo.

Dada la existencia, de “parlamentos juveniles” desde instituciones políticas como el Parlasur, el Inadi (parlamento federal inclusivo) la creación de parlamentos a tales efectos en distintas provincias, el presente proyecto no busca ni reemplazar, ni cambiar los mismos, en todo caso, busca expresarse como otra forma de dotar de “democraticidad” a las nuevas generaciones desde el aula y porque no, mejorar o complementar los parlamentos ya existentes. 

Insistimos en favorecer, expresamente la dinámica de los educandos en que ejecuten “actos eleccionarios” a los efectos de formarlos, en uno de los ejes centrales, sino el principal de lo democrático, que es ni más ni menos, que el votar. Impelidos por la ley nacional, que transforma a los jóvenes de 16 años en votantes, creemos indispensable, el promocionar mediante este proyecto de “democratizar la escuela”, en la realización de elecciones de representantes, por voto directo, para que los elegidos, en un pleno con sus pares, no sólo sesionen convocados por el tema unívoco de la realidad educativa que vivencian, sino qué como representantes, al regreso de las sesiones, rindan cuentas ante sus representados, tal como plantea el espíritu de lo democrático, que se hace expreso y manifiesto en la jura de los gobernantes cuando manifiestan que sus funciones serán una responsabilidad demandada por la comunidad que representan.   

Se espera conseguir además de una formación en valores democráticos, el intercambio de experiencias y el aporte real y concreto, del sistema educativo, a lo institucional.

A los efectos de resaltar las acciones que lograremos con la presente iniciativa, subrayamos la conformación con criterios estrictamente electorales (base de lo democrático) de las asambleas o parlamentos que se proponen, a diferencia de los demás existentes que se constituyen por intermedio de otros criterios, como la sola determinación o voluntad, o el envío de material por escrito (el parlamento federal inclusivo por ejemplo) que no hacen hincapié, en la determinación, de la dinámica de la representación, que creemos indispensable el formar desde la educación inicial mediante propuestas como la presente. 

En la realización de las asambleas mismas, proponemos la temática de la cuestión educativa que vivencian los educandos, a los efectos que toda la tarea, o trabajo (comisiones, asesoraramientos, taquigrafía, notas, comunicaciones) que sostenga la realización de los alumnos representantes, la hará la comunidad de los educadores (cuerpo docente, directivos, personal de administración) logrando de esta manera, que los estudiantes sean los protagonistas centrales y en términos “foucaultianos” con la centralidad del poder, y quiénes estén en posición secundaria, de asistentes o espectadores, sean los educadores, inviertiéndose así en estas situaciones asamblearias, la lógica del poder del sistema educativo, para lograr las finalidades descriptas de una escolaridad con los mismos principios, pero con distintos resultados.

Que la presente iniciativa, se convierta en un proyecto de ley para la provincia, como para la Nación y el ámbito del Mercosur, se constituirá en un segundo objetivo y no por ello, menos importante, que el presente proyecto, tal como lo expresamos, pueda complementar, o enriquecer la conformación de los parlamentos juveniles o transformarse en otra asamblea en paralelo, que se proponga los objetivos estipulados. 

 

“El valor igualdad como meta a alcanzar es un presupuesto de la educación democrática, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, cuando Juan Amós Comenio fundaba la institución educativa moderna, donde proponía enseñar todo a todos, defendiendo el acceso irrestricto a la lectura, la escritura y el cálculo, animándolos, sin “dar ocasión a nadie para estimar a unos y menospreciar a otros”. Comenio rubricó la decrepitud de la máxima “la letra con sangre entra”, pero hay razones para que los métodos que de ella se derivan regresen una y otra vez de la mano de quienes prefieren la desigualdad (que no es lo mismo que la diferencia). Marcar y establecer jerarquías o méritos entre los alumnos basándose en los logros de aprendizaje, en lugar de atender los obstáculos que se interponen para algunos, está al servicio de intereses que llamaré de la manera más directa: clasistas”. (Puiggrós, A. Meritocracia o democracia en la educación.) 

 

Siempre, luego de todas y cada una de las elecciones generales, alguno expresa a viva voz que el resultado se debió a que “no sabemos votar”, supongamos que tenga asidero tal hipótesis. En tal caso, nunca aprenderemos sí no se nos enseña desde la escuela. Que se vote, se elija y se propicie la representación política, mediante el voto de los alumnos, para que de esta forma se constituyan los parlamentos juveniles, bajo una ley nacional, con su correlato en las provincias y ordenanzas en las ciudades para que “aprendamos a votar” y más luego, cuando tengamos este trabajo educativa realizado, seguramente a ningún miembro de esa sociedad educada, se le ocurrirá plantear luego de cualquier elección, que por no estar satisfecho con los resultados, los otros “no saben votar” es lo que consideramos el mayor y el mejor trabajo democrático que nos interpela para tener una sociedad más democrática en el amplio sentido del término.

 

Por Francisco Tomás González Cabañas.

 

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