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20 de agosto de 2017

Esquina busca un salto democrático con la fórmula Bechini-Moreyra

Nuevamente en la Ciudad de Esquina incursiona en la arena de la competencia electoral un tercer frente con la fórmula Juan Martín Bechini-José Antonio Moreyra, que disputará la intendencia, diferenciándose de las estructuras vacías tradicionales que con la llegada del nuevo milenio, vieron la luz a raíz de la implosión que sufrieran los partidos políticos tradicionales, implosión, porque desde el mismo seno se prendió la mecha.

Los outsiders de la política hace años se vienen manejando como un fenómeno nuevo en la compulsa electoral, Carlos Meléndez sostiene que los ‘outsiders’ son gente que no está en el mercado político, mientras que para Gustavo Gorriti, el ‘outsider’ es el forastero del sistema, como en las viejas novelas del oeste, aquel que llega a un pueblo y deja un impacto fuerte. A su vez, Mirko Lauer señala que ‘outsider’ es sinónimo de advenedizo, alguien que no es socio del club. El sentido del análisis de los extraños a la política no es tan así, estos extraños llamados outsiders’ por la ciencia política se refiere a los que están alejados de la parasitosis partidaria que pretende hacerse propietario de la democracia.

La política, ante todo, es justamente el terreno de los que no pertenecen a los clanes partidarios, la política es el ámbito natural de los humanos en la marcha de la cosa pública, el partidismo pertenece al ámbito imbricado del sistema político, que no es la democracia ni por asomo. Hoy, la democracia es la democracia de los partiodos políticos devenidos en sociedades comerciales.

La política en su construcción de colectivos humanos precisa del pensar más que del hacer, y pensar no es un ejercicio fácil. Pensar es dudar, es redefinir el error, rectificar las verdades en una operación subjetiva que requiere de pequeñas cargas, en el pensar el yo. –sostiene Freud-, tiene que desplegar normalmente un considerable trabajo de aislamiento para guiar el recurso del pensar, el pensar interrumpe las actividades vitales normales, exige detenerse, es decir, es ya un primer movimiento de separación del Otro, porque mientras uno piensa no se encuentra donde está y el Otro y su goce en su aspecto sombrío, se contornea, se escribe, se cifra.

Heidegger diferencia el pensar de la ’habladuría’ o la mera ’curiosidad’, En el primero, no hay interrogación ni discusión de aquello que se piensa, la palabra se cierra. Sería pura comunicación, y no significantes que muerden lo real. En la curiosidad ocurre algo parecido, en el punto en que se trata de ver, buscando la excitación de lo nuevo, pero no la pregunta que conmueve[1].

La política es pensamiento en movimiento, debe a todas luces, vencer la incertidumbre del futuro, dándole notas de certezas que a su vez son pensables. En el terreno de la cosa pública (que actualmente es un comodato a término, prorrogable por cuatro años más en un puñado de personas) la política puede reflejarse en la democracia pero, a su vez, la democracia es participación, de lo contrario es mera literatura. En ese sentido, Dahl, comprende a la democracia como la posibilidad  de la igualdad de participación y control de los ciudadanos en y sobre el gobierno, sin control de los gobernados a los gobernantes es imposible hablar de democracia. Frente a las teorías como el elitismo o el realismo político se abre camino otra corriente teórica con exponentes como Pateman, Macpherson y Bachrach que hace un rescate de los valores que los ven como fundamentales al mismo tiempo que niegan los protagonismos de las elites en el centro de la escena política, corriente que se dio en llamar teoría de la democracia participativa. La teoría afirma que la poca participación y la desigualdad social están íntimamente unidas y como resultado, para que exista una sociedad equitativa y más humana se hace necesario un sistema político más participativo[2].

J. R. Pennock[3] trabajo sobre esta corriente y dio una definición de democracia participativa como: el uso de la democracia directa en varias formas y niveles (local o nacional). La democracia consiste, en su aspecto más universal y característico en el patrocinio de las principales decisiones del Estado por los propios ciudadanos, la democracia participativa radica en que sean los propios ciudadanos los que amparen las decisiones, sin incluir necesariamente el total de los procesos de decisión, pero en todo caso una proporción significativa de ellas, sobre todo las que tengan relación directa con las normas básicas de convivencia comunitaria, por ejemplo, reformas constitucionales.

Es el tiempo ideal para que las herramientas de participación que brinda la democracia semi-directa se pongan en funcionamientos a todo vapor, es el tiempo que los espectadores sentados en las butacas del teatro suban al escenario a tomar posición de actores principales. La macrocefalia estadual concentrada en un puñado de manos demostró su fracaso rotundo, el estado puramente ornamental en obras y discurso decae, mientras las oportunidades de los marginados siguen tan lejos como el nacimiento del arco iris.

¿Podrá el tercer frente regresarnos a un estado democrático? ¿Es posible un renacimiento del Amandayé guaraní?

 

Por Carlos A. Coria Garcia. 

 

[1] Heidegger, Martin, ¿Qué significa pensar? Ed. Trotta. 2013.

[2] Coria García, Carlos A. Ficción, sobre la representación política. Ed. Azahar. 2016.

[3] Pennock, J.R. y J.W. Chapman, Liberal Democracy: Nomos XXV, New York, New York University Press, 1983.

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