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ANÁLISIS

27 de junio de 2017

Las Hormigas de Spinoza.

No podemos dejar de comenzar pensando en Grecia, cuna de la democracia o en algún prohombre griego, les vamos a proponer recordar a Esopo y una de sus fábulas más conocidas.

El invierno avanza, y la cigarra, ya medio congelada, mendiga frente a las bien abastecidas hormigas, porque, como ella dice simplemente me estoy muriendo de hambre. Las hormigas curiosas preguntan a qué se dedicó durante el verano, cuando ellas mismas trabajaban incansablemente en la recolección de alimentos. El hecho es que, responde la cigarra, estaba demasiado ocupada cantando y no me quedo tiempo para eso”. La respuesta de las hormigas es notable: si pasastes el verano cantando, entonces no puedes hacer nada mejor que pasar el invierno bailando.

Si tomamos en serio la analogía, y suponemos entonces que las hormigas y la cigarra son libres (de trabajar o no hacerlo, de cantar o no hacerlo), la fábula nos dice que lo que conseguimos en la vida se reduce exclusivamente a lo que invertimos (esfuerzo, dedicación, etc.), es decir, al uso que realizamos de nuestra libertad. Tal vez la realidad política, mucho menos la social, no se deban o correspondan a una única causa, a una única acción, o a un único desacierto por ponerlo en términos más apropiados.

Pero sí, creemos, los que estamos trabajando desde una perspectiva política, que lo central, en nuestro ámbito y de aquí que celebremos, la filosofía, el pensamiento, o la reflexión, hacia, con, o para lo político, es detenerse en su esencia, en su eje, en lo primordial: la libertad, y la libertad fundamentalmente es la condición indispensable para la política.

El terreno de los amigos aquí reunidos, por intermedio de una interfase, de una lectura colectiva, o de una lectura que se piensa, es el abordaje desde una perspectiva teórica, siempre se ha considerado que la acción, y más la política, debe tener su sustento en aspectos o en anclajes que desarrollen nuestra posibilidad de pensar, haciendo uso de la libertad. En virtud de esto mismo y para ser brevemente sintéticos, también para alentar este tipo de encuentros, para desafiarlos a que se reproduzcan y se multipliquen, nos gustaría señalar algunos pasajes de quién consideramos, un hombre indispensable para nuestra posibilidad política; Baruch Spinoza. 

La razón de la institucionalización del estado político se encuentra en “vivir en seguridad y evitar los ataques de los otros hombres […para lo que] nos puede prestar gran ayuda la vigilancia y el gobierno humano. A cuyo fin, la razón y la experiencia no nos han enseñado nada más seguro que formar una sociedad regida por leyes fijas, ocupar una región del mundo y reunir las fuerzas de todos en una especie de cuerpo, que es el de la sociedad…El Estado se justifica por la seguridad y riqueza que proporciona, pero especialmente porque es el medio adecuado, el medio derecho, en el que puede cultivarse la razón. Desde aquí no será difícil llegar a afirmar que el Estado o es racional o no es.

Spinoza no se trata de salir de un estado para entrar en otro, sino de justificar la mejor forma política que permita no sólo nuestra preservación, sino también nuestra realización, esto es, la mejor forma política que se componga con nuestra naturaleza. La razón es evidente, “cada uno de ellos [de los hombres] posee tanto menos derecho cuanto los demás juntos son más poderosos que él”. Es decir, el derecho se resuelve en términos de poder, por lo que una multitud unida establecerá el derecho común al que me he de someter y en el que encontraré los únicos derechos que pueda poseer.

Como vivimos en una sociedad ordena por normas jurídicas, no podíamos dejar de citar a Kelsen, cuando expresa “la democracia aprecia por igual la voluntad política de todos, como también respeta por igual todo credo político, toda opinión política, cuya expresión es la voluntad política. Por ello brinda a toda convicción política la posibilidad de manifestarse y de ganarse el ánimo de los hombres en libre concurrencia. Por ello se ha reconocido acertadamente como democrático el procedimiento normativo de la Asamblea popular o del Parlamento, basado en la dialéctica y en la sucesión de discursos y réplicas”.

Estos límites de lo demarcado y ya para finalizar, volvemos a observar a Spinoza, cuando expresa; “Cuando las supremas potestades infringen las leyes, el miedo de la mayor parte de los ciudadanos se transforma en indignación, la sociedad se disuelve automáticamente y caduca el contrato , esto es, el estado político deviene estado de hostilidad”. Esto mismo es lo que nos ha pasado, no sólo en Argentina, sino en Occidente con nuestras democracias actuales, con sus epifenómenos ya conocidos, esas rupturas o tensiones, que precisamente y esa es nuestra tarea, tanto de políticos, como de intelectuales y de todos y cada uno de los ciudadanos, de entendernos, de consensuarnos en un ámbito en donde lo único que no se restrinja sea la libertad y que no por ello no podamos, democráticamente, llegar a acuerdos, que se cumplan y sean beneficiosos para las mayorías que logremos constituir. 

Necesitamos construir, acendrar nuestra cultura democrática.

Observemos la siguiente definición del célebre Werner Jaeger en su clásica obra “Paideia” que define la culturalidad entendida por la Grecia Clásica:

“Hoy estamos acostumbrados a usar la palabra cultura, no en el sentido de un ideal inherente a la humanidad heredera de Grecia, sino en una acepción mucho más trivial...así entendemos por cultura la totalidad de manifestaciones y formas de vida que caracterizan un pueblo...la palabra se ha convertido en un simple concepto antropológico descriptivo. No significa ya un alto concepto de valor, un ideal consciente. Es un hecho fundamental de la historia de la cultura que toda alta cultura surge de la diferenciación de las clases sociales, la cual se origina, a su vez en la diferencia de valor espiritual y corporal de los individuos. Incluso donde la diferenciación por la educación y la cultura conduce a la formación de castas rígidas, el principio de la herencia que domina en ellas es corregido y compensado por la ascensión de nuevas fuerzas procedentes del pueblo. E incluso cuando un cambio violento arruina o destruye a las clases dominantes, se forma rápidamente, por la naturaleza misma de las cosas, una clase directora que se constituye en una nueva aristocracia”

Por sí no se comprendió la importancia de la cultura, en sus aspectos más elementales, veamos en el texto  “Principium sapientiae” de F. M. Cornford lo siguiente:

“Durante el reinado de Nigmed, en la mitad del segundo milenio "existió un colegio de sacerdotes letrados en el que se recogían los mitos de los antiguos cananitas o proto-fenicios en tablillas de arcilla para ser guardadas en la biblioteca. Esta biblioteca se albergaba en el mismo edificio en el que vivía el sumo sacerdote. Dependiendo de ella existía una escuela de escribas que se ocupaban de copiar documentos y estudiar las escrituras sagradas. La escritura es de tipo cuneiforme, es un alfabeto que hasta ahora era desconocido y es la más antigua de todas las que se han descubierto. Cuando se descifro el lenguaje se pudo probar que se trataba de un dialecto semítico; ya se encuentran publicados la mayoría de los textos recuperados. Estos documentos han arrojado una vivida luz sobre los orígenes de los fenicios, sus mitos y leyendas ancestrales”

Finalmente acudimos a W. Dhiltey en Teoría de las concepciones del mundo para señalar lo trascendente de la cultura: “La cultura intelectual de una época cualquiera se forma mediante una cooperación de las diversas manifestaciones de la vida espiritual. No importa lo diversas que sean las actitudes que toma la inteligencia ante su objeto en una época dada...aquí tiene que residir el fundamento de que la filosofía y en general la ciencia como conocimiento, no es capaz de expresar cosas importantes que pueden expresarse como religión, poesía, en síntesis cultura.

Esa paideia o cultura general de la comunidad griega se correspondía con la principal virtud que debía poseer, por lógica sus representantes o políticos, atribulados de “Areté”.

Debemos aprender de la historia, pero en un sentido empático, amable, no disciplinador o autoritaario y que mejor si nos remontamos a la antigua pero a la vez siempre actual cuna de nuestra civilización; Grecia. Donde el concepto de la virtud  “arete”, se tenía como el objetivo máximo al que un ciudadano podía llegar a aspirar. Se precisaba apara tan alta estima  y consideración reunir un conjunto de atributos muy significativos, desde la excelencia y solvencia intelectual, pasando por la solidez moral, hasta una permanente actitud servicio comunitario. Como planteamos al inicio, lamentablemente transcurrieron miles de años, y debemos obligadamente recurrir a los libros como para encontrar ejemplos de verdaderas políticas de estado.

Las hormigas que constituyan representaciones en funciones de estado, más allá de colores, de formas deben tener por sobre todas las cosas, la antigua areté o la actual virtud, para que el gran hormiguero de la nación sea del que alguna vez estemos plenamente orgullosos y satisfechos en el uso de nuestra libertad.

https://desideriososa.wordpress.com/

 

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