Viernes 4 de Diciembre de 2020

  • 26.1º
  • Nublado
  • Fecha

  • Contagios

  • Recuperados

  • Muertes

INTERNACIONALES

19 de junio de 2017

¿La transparencia no paga?.

El año entrante en Colombia se llevarán a cabo elecciones presidenciales. Una de las candidatas que despierta mayor atención internacional, por la profundidad y el compromiso democrático de sus propuestas (una de ellas la consulta popular contra la corrupción, otro es el fomento a la lectura) es la Senadora Claudia López. A contrario sensu de los analistas y politólogos, López hace de la transparencia una bandera con la que pretende cubrir protectora y civilizadamente a los colombianos para enriquecer la experiencia democrática actual en tal sitio de occidente.

Uno de los valores que en las grandes urbes occidentales pesa en la consideración social acerca de sus políticos, es la honestidad en la función pública, o al menos, la transparencia en el manejo de los fondos y en el vínculo con el patrimonio personal de sus administradores, a nivel occidental, incluso, es uno de los caballitos de batalla de los políticos convertidos en clase, no sólo que nadie sabe, a ciencia cierta y con efectiva precisión cuánto ganan realmente sino que quizá a muy pocos le interese saber, de cuántas hojas son sus declaraciones juradas y que es lo que tienen o han dejado de tener antes, durante y después de la llegada al cargo, antes preferimos que la cosa privada pueda darnos el tema que nos oculta lo público o que nosotros mimo lo ocultamos subviertiendo el orden lógico y natural.

En esa lista, funesta o elegante, de acuerdo a como se la mire, de ítems totémicos, sin lugar a dudas este ocupa uno de los lugares primordiales. Que no se sepa a ciencia cierta, cuánto cobra un ministro, un alcalde o un legislador, es tan natural, como que en cualquier congreso de alguna nación, al menos una de sus cámaras como en la antigua Grecia, fundadora de lo democrático, sus componentes no se conformen mediante sorteo. Esta naturalización de la superioridad de los que nos gobiernan, de no cumplimentar las leyes ( se inventó, usando a Montesquieu para ello la necesidad que el poder judicial sea un contrapeso, supuestamente independiente de los otros dos poderes que lo hicieron surgir y naturalmente lo maniatan y condicionan) de interpretar el sentido de lo democrático, pervirtiendo su razón de ser, y estaqueándolo como un sistema en donde un grupo lo ha tomado como coto de caza para la rapsodia más dionisiaca de placeres individuales, en un dantesco acto de desaprensión, constituye el origen de nuestros problemas culturales que devienen en conflictos sociales y económicos.

Sin embargo, en la búsqueda de no pecar por pesimistas, encontramos en la profundidad del razonamiento de la filosofía política contemporánea, que quizá en verdad, como sociedad, el no interesarnos en la cuestión ética de nuestros funcionarios, pueda resultar una posición de vanguardia. Fijemos en los conceptos de Byung-Chul Han, pensador coreano:

“La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. No se pide la transparencia para los procesos de decisión que no interesan al consumidor. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador”.

La exigencia de transparencia, acompañada del hecho de que el mundo es un mercado, hace que los políticos no acaben siendo valorados por lo que hacen, sino por el lugar que ocupan en la escena. “La pérdida de la esfera pública genera un vacío que acaba siendo ocupado por la intimidad y los aspectos de la vida privada”, afirma. “Hoy se oye a menudo que es la transparencia la que pone las bases de la confianza. En esta afirmación se esconde una contradicción. La confianza solo es posible en un estado entre conocimiento y no conocimiento. Confianza significa, aun sin saber, construir una relación positiva con el otro. La confianza hace que la acción sea posible a pesar de no saber. Si lo sé todo, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que el no saber ha sido eliminado. Donde rige la transparencia, no hay lugar para la confianza. En lugar de decir que la transparencia funda la confianza, habría que decir que la transparencia suprime la confianza. Solo se pide transparencia insistentemente en una sociedad en la que la confianza ya no existe como valor

Y se ha diluido también la “verdad”, porque en la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia. Parte de su discurso recuerda el de los situacionistas franceses de los sesenta, que sostenía que la historia podía explicarse por el predominio de los verbos que explican las cosas. En la antigüedad, lo importante era el ser, pero el capitalismo impuso el tener. En la actual sociedad del espectáculo, sin embargo, domina la importancia del parecer, de la apariencia. Así lo resume Han: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”. Y el mundo de la apariencia se nutre de las aportaciones de los medios de comunicación. Pero hay una gran diferencia entre el saber, que exige reflexión y hondura, y el conocer, que no aporta verdadero saber. “La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.

Sin lugar a dudas, nosotros somos una comunidad que confía ciegamente en sus líderes providenciales, no tenemos por qué dudar de los mismos, siquiera preguntarles, por alguna razón que sólo conoce el misterio celestial están desde tiempos inmemoriales en ese sitial de gobernantes y pese a que pasan los períodos no dejan de ser los mismos, el resto, como vimos es literatura, en el mejor de los casos, abogacía y en la más alocada de las versiones, filosofía. Política es confiar ciegamente y callarse la boca. Por esto mismo al suprimir lo público, como espacio propio y delimitado para la clase política, al espectador le quedo lo privado que lo transparenta o lo hace visible para sí y para todos.

La Senadora Claudia López y su equipo de trabajo, vienen contrarrestando todo esto, y piden a sus conciudadanos un apoyo para que de una causa partidaria pase a ser una causa Colombiana, luego tal vez regional y porque no occidental.

Más información en;

http://www.claudia-lopez.com

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

Escribir un comentario »

Aun no hay comentarios, s el primero en escribir uno!