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CULTURA

1 de mayo de 2017

Democratización cultural: Leemos la misma cantidad de libros que en Chad.

El país Africano que se caracteriza por liderar índices internacionales de corrupción donde la mitad de la población es analfabeta, pero las libertades políticas están garantizadas con la existencia de casi 80 partido políticos, donde pese a contar con una garantía constitucional de independencia del poder judicial, el Presidente nombra o tutela a la mayoría de los funcionarios judiciales, ha iniciado una campaña para promocionar y fomentar la lectura, dado que estiman que forjaran una sociedad más democrática, sí es que sus ciudadanos toman contacto más asiduo con la lectura. En América Latina, de acuerdo al Cerlac (Centro regional para el fomento del libro en América Latina y el Caribe) en países como México y Chile, se leen menos de 3 libros por año y en Argentina el número escala a 4,6 muy lejos de España, Corea o Canadá (http://www.cerlalc.org/files/tabinterno/33c91d_Comportamiento_Lector.pdf ). El latrocinio social que significa esta estadística, la violación perpetua y continúa al derecho humano a forjar un criterio de libertad, se agudiza en el caso Argentino, dado que la estimación está realizada en grandes urbes, como Buenos Aires o Córdoba, que representan realidades muy disimiles a las que se pueden observar en el norte feudal del mismo país en donde la cifra de lectura anual no estaría muy lejos que la que expresaría el Chad Africano. La diferencia es que en este país, poligámico, esta manifestación ha preocupado y ocupado a sus autoridades políticas y culturales, en los neofeudalismos de ciertas provincias argentinas, a lo sumo se realizan ferias de libro para hacer de cuenta que es política pública el aumentar la cantidad de lectores, al mismo tiempo que se persigue, se denosta y se in-visibiliza a los escasos actores culturales o intelectuales que proponen el uso del pensamiento crítico como piedra basal de la expresión libertaria de vivir en democracia.

“Los autores de Chad se han visto obligados a escribir desde el exilio, contribuyendo con obras muy ligadas a temas como la opresión política y el discurso histórico. Desde 1962, veinte autores chadianos han escrito más de sesenta obras de ciencia ficción. Entre los escritores más reconocidos internacionalmente se encuentran Joseph Brahim Seïd, Baba Moustapha, Antoine Bangui y Koulsy Lamko. En 2003, el único crítico literario de Chad , Ahmat Taboye, publicó su libro Anthologie de la littérature tchadienne para brindar un mayor conocimiento de la literatura de Chad a nivel mundial y entre los jóvenes; y para compensar la falta de editoriales y de campañas de promoción de la lectura en Chad” (Wikipedia).

De estos autores que destacan de Chad, no es casualidad que tres compartieran su actividad intelectual con la política. La posibilidad de libertad, teórica como práctica, se sintetizo en ambos campos del ejercicio de vida de estos intelectuales, al punto que Bangui, en su libro “Elecciones Bajo Control” detalló los pormenores de la farsa electoral a la que someten a su país: “El autor analiza, nivel por nivel, los mecanismos de fraude electoral que permitió legitimar Idriss Déby; que representa las condiciones de vida pésimas - la supervivencia de la mayoría de los chadianos. Denunció la cooperación "muy especial" que se estableció entre Francia y sus antiguas colonias desde 1960”.

Lo que se vive en latifundios, formalmente organizados como comunidades legítimamente instituidas en preceptos democráticos no sería muy diferente. Cómo sus ciudadanos no son de color, y el exotismo ha pasado de moda, lo que ocurre en tales infiernos de pueblos chicos, ha dejado de interesar hasta a la propia metropólis que regentea administrativamente estos avernos. Sus supuestos espacios culturales, nunca han relevado la violencia estatal, expresada en por ejemplo un alto funcionario provincial, que desde su cuenta de correo electrónico, respondió a un actor culturas que le anoticiaba que su obra sería publicada en Europa, que “era un forro por más que se sea inteligente” insulto y menosprecio cabal que se correspondió con un apartheid al mejor estilo africano que le propinaron al autor, por su invitación al pensar, constante y permanente, pese a las hostilidades manifiestas que hizo público en reiteradas oportunidades.

En tal lugar, este autor en unos de sus tantos artículos escribió que la “Literatura de su lugar parroquial no existía”, otorgando argumentos literarios o más políticos, como los siguientes:  Para el político clásico la literatura posee la misma importancia y consideración que puede poseer el bordado o corte y confección, palabras más, palabras menos: una actividad para traumados, loquitos o afrancesados, de hecho un ex presidente al dejar el mando a su señora expresó que su futuro estaba en un café literario. Literalmente estaba afirmando que se dedicaría a una acción masturbatoria en el plano intelectual no orgánico, entendiendo a este onanismo absolutamente inútil para la sociedad y por sobre todo para la política. Claro que esto no lo dirán jamás en un ámbito público, en donde escogen de la troupe de siervos de la gleba que tienen a disposición a un tipo que dé con el perfil con el que piensan a la cultura o a la literatura para ser más específicos; no por casualidad aparecen en estas áreas, barbados, de ingobernables cabellos, de modos y formas delicadas, cumplimentando el “Physique du role” para la “Mise-en-scène”, pero que en el fondo sólo cumplan el ritual de un empleado público sin más aspiraciones que llegar a fin de mes para cobrar su sueldo, en el mejor de los casos, terminar de organizar lo que le piden para quedarse con la diferencia que lo hará avanzar en el escalafón del estatus social.

Tal como en Chad, el intelectual posee libros, editados en otros países, en donde desnuda las tropelías electorales que esconden las formas democráticas que dicen regir en su pueblo, donde los pretorianos políticos, culturales, morales y rectores varios de tal régimen, lo menosprecian, destratan y ningunean, escudándose en definitiva en los índices escasos de lectores del sitio, donde abundan extensiones inundables para la cosecha de arroz, vastas extensiones para la forestación, que darán como resultantes amplios beneficios para los reducidos grupos que manejan estos negocios, de la cosa y con la cosa pública, a expensas de los índices de pobreza (también africanos) que sólo ocupan espacios en los medios locales en tiempos de campaña electoral, en donde los políticos o la mayoría de ellos, en la gimnasia o el avistaje de pobres, se sacan fotos como para legitimar la supuesta lucha que llevarían contra esa realidad. ¿Usted quiere leer alguna expresión que no sea la del régimen, la de sus ferias en donde exponen sus autores premiados por el poder? Ah no, en esos lugares no los encontrará fácilmente, no porque nos maten, no se gastan en eso, simplemente los invisibilizan. Probablemente le resulte más sencillo en el Chad,  o en el Chat, en el éter de un correo electrónico que le llega, de un link que lo invita a que pruebe con la libertad.

 

 

 

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