Viernes 18 de Septiembre de 2020

  • 32.2º
  • Soleado
  • Fecha

  • Contagios

  • Recuperados

  • Muertes

INTERNACIONALES

1 de abril de 2017

Paraguay nueva víctima de un conflicto de poderes que no representan lo democrático.

"El derecho de sedición debe ser respetado, salvo en el caso de peligro claro y presente, el cuál obligaría a restringir las libertades políticas" Rawls.

Ante los hechos que observamos en forma directa, de ciudadanos que prenden fuego sus espacios de representación institucional, nos vemos obligados a continuar trabajando, desde el concepto, como lo venimos realizando, casi proféticamente, en este caso particular en relación al artículo que impedía la reelección del Presidente de Paraguay, pretendiendo resolver por lo frío de la norma, una cultura que generó a Gaspar de Francia como a Stroessner y que debía de ser resuelta profundizando lo democrático, es decir la cuestión meramente electoral, y no pretenden torcerla con cabildeos que obviamente terminarían (sí es que esto acabó, Venezuela  está en una situación harto compleja también, o sí es que continuará en el plano de la acción o en otras fronteras, o ambas) en disputas de poderes abstractos que devienen en el florecimiento de la gente en las calles, iracundos, violentos y dispuestos a pasar por fuego, lo que consideran que se llevaron puesta su posibilidad de comer como de vivir dignamente.  
Cómo lo siguiente que afirmábamos semanas atrás, no se produjo y en cambio se apostó, al devaneo, a lo difuso del interactuar de poderes del estado, difuminados en lo que verdaderamente representan, se llevó a una situación de hastío ante el manoseo que escondía las verdaderas intenciones de una clase política, alejada por siempre de los intereses de los sectores populares, pero irracionalmente distante de la lógica política.
Creemos en la inconstitucionalidad del artículo Nº 229 de la constitución Paraguaya  que impide la reelección del máximo gobernante ; estamos ante la defensa del derecho básico del ciudadano a poder elegir a quién lo gobierne, sin que medien condicionamientos de corporaciones políticas o clanes, o facciones, con representatividades ocasionales, como en mucho de los casos de legitimidad difusa, cómo es el caso, de la limitante de reelección al máximo cargo político de un país soberano que dice tener para sí, precisamente un régimen democrático, en donde la soberanía residiría en la voluntad popular, sin condicionamientos. Dentro de un contexto, no solamente, político, sino social en donde esta limitación no existe ni como planteo teórico. Es decir, atenta este artículo contra todo un sistema político, donde salvo el Presidente, el vice y los gobernadores, todo el resto de la representatividad política, puede ser reelecta, sin ningún tipo de ecuanimidad ni razón argumental que determine esta inequidad para el libre desarrollo de los derechos políticos del ciudadano. Asimismo consideramos también que atenta contra nuestros usos y costumbres, en donde desde los gremios, como los entes autárquicos, los clubes de barrio, o cualquier organización de personas, están al mando de alguien, que por lo general siempre consigue permanecer por muchos años al frente de lo que coordine, dirige o preside. Esto desnuda que a nivel teórico, sobre todo ciertas minorías ilustradas, pueden estar en contra de reelecciones, pero es nuestra forma de ser ante el mundo, tiene que ver con nuestra tradición, con nuestras costumbres, es cómo si alguien mañana, en una convención constituyente quiera establecer el fin del monoteísmo, no por ello la gente, dejará de creer en un solo dios y empezará a creer en varios.  Nosotros con esta presentación apuntamos a defender el derecho básico y esencial del ciudadano, elegir quién lo gobierne, que creemos que se está vulnerando, por una disposición normativa escandinava que nada tiene que ver con lo que hemos sido ni lo que somos como pueblo en la gran nación guaraní.
Lamentablemente venimos de tiempos en donde se nos quiere hacer creer que la política es lo urgente, es la dinámica pura y dura de un hacer alocado, y la política, es lo subyacente, son las reglas de juego que tienen que ser mejoradas o cuestionadas desde la razón, para que los ciudadanos, no se encuentren una y otra vez con los mismos problemas irresueltos por parte de quiénes cambian de envases, que también, lamentablemente, vienen en recipientes más insustanciales, que son partidos políticos que no plantean, ni defienden planteamientos, sí no que tan sólo se terminan disputando el poder para responder a intereses facciosos o de clanes, separándose de tal manera de los que dicen representar que son los ciudadanos.
No debemos, sin embargo, dejar de soslayar que estar a  favor de las reelecciones, es políticamente incorrecto, o no recomendable desde el punto de vista teórico. No sólo consideramos que estamos más allá de que esto beneficie o perjudique a alguien, sino un desarrollo teórico de proporciones, de allí que reconozcamos que probablemente sea no recomendable reelegir gobernantes. Ahora, no podemos tener reglas de juego que no sean ecuánimes y que atenten contra el sistema mismo al que se propone y presenta como lo mejor que podríamos tener políticamente. Es decir sí las reelecciones tienen un límite, que lo tengan para todo y cada uno de los cargos ejecutivos y representativos y que se haga extensivo al funcionariado que es designado de forma discrecional, sí no, que no se le impida al soberano, el elegir a sus gobernantes, a riesgo de que eternice a personajes en el poder. Es decir, tenemos que apostar a hacer madurar a la ciudadanía, darle la libertad de que pueda votar a quien quiera, las veces que lo desee, pero que tenga la madurez de saber los riesgos de reelegir indefinidamente. Es como si uno como padre de un pre adolescente, no lo deje salir a divertirse a la noche, por temor a que tome malas decisiones, esa no sería la posición correcta, lo correcto sería que lo formemos para que él pueda tomar las mejores decisiones, y que nosotros no le impidamos nunca ese ejercicio por temor o por riesgo de. Es lo mismo que pasa con ciertos países que aseguran hacer guerras preventivas o contra la opresión o el terrorismo, ejerciendo opresión o el terror.
Apelamos a las autoridades nacionales al respeto irrestricto de la soberanía popular, a las garantías políticas del pueblo Paraguayo, reservando, de lo contrario, a quién considere que esto esté lesionado, el derecho de realizar los planteos en los organismos internacionales, como el Parlamento Europeo, la Corte Interamericana de los derechos humanos (CIDH) y reserva de solicitud de carta democrática ante el Mercosur, Parlatino y envío de situación al Departamento de Estado de EE.UU. 
“La indefensión es un concepto jurídico indeterminado referido a aquella situación procesal en la que la parte se ve limitada o despojada por el órgano jurisdiccional de los medios de defensa que le corresponden en el desarrollo del proceso. Las consecuencias de la indefensión pueden suponer la imposibilidad de hacer valer un derecho o la alteración injustificada de la igualdad de medios entre las partes, otorgando a una de ellas ventajas procesales arbitrarias” (Definición otorgada por Wikipedia). La indefensión política, es una construcción conceptual, o un neologismo, al que tenemos que acudir para describir la situación en la que los ciudadanos de cualquier democracia occidental se vean percudidos por condicionamientos que impidan la libre elección de sus propios gobernantes.
Se deja en claro que la pretensión no es hacer ni discutir ciencia, a partir de la premisa de que la filosofía política, de un tiempo a esta parte, no viene discutiendo, nada o casi nada, que establezca consideraciones radicales que propongan un estado de cosas, (discutir la misma noción de estado dentro de ellas) que difiera, al menos, discursivamente, de una inercia en la que se podría decir que estamos sometidos, desde los primeros libros de consideraciones políticas tal como la conocemos. A diferencia, de lo que ocurre, por ejemplo, con otro campo, extenso de lo filosófico, como el ontológico, en donde las perspectivas, no sólo que han sido y son, de diversidades insondables, sino que además interpelan, a la confrontación de la experiencia metafísica, del cabo a rabo del fenómeno humano. Se entiende que podrán alegar, que esta consideración pueda ser catalogada de logomaquia o pecaminosa por insustancialidad académica, sin embargo, el registro de los hechos de nuestras democracias occidentales actuales nos impele a pensar, utilizando la filosofía política para ello, por más que como se considera, esto mismo sea un oxímoron.
Sí este campo nos está vedado, o por las propias imposiciones del poder, está cerrado para poder pretender un análisis de lo político, que vaya más allá de la filosofía política, que no filosofa políticamente, iremos por el sendero de lo que clínicamente se considera normal o anormal en términos psicológicos, de forma tal de encontrar, en qué lugar del análisis estamos.
Estudios e investigaciones determinaron el siguiente test, para descubrir comportamiento psicopático:
“Una mujer está en el entierro de su madre junto a su hermana,  y de repente ve un apuesto señor apoyado en un árbol del cementerio mirándola fijamente. Está lloviendo y ella se acerca a él para refugiarse en su enorme paraguas negro. La mujer, sonrojada, lo mira intensamente… Durante los días siguientes lo sigue, lo busca, lo ve… y poco a poco se enamora locamente de él, pero nunca le dice nada. Un día, le pierde la pista. Lo busca sin éxito y pasan varios días sin volver a verlo. Un buen día la mujer mata a su hermana.”
La mujer mata a la hermana para volver a ver al hombre que la enamoró en el entierro de su viudo.
Tener una política o una representación de políticos psicopáticos, sería que cada dos años o cierto tiempo, sólo ejerzan un comportamiento democrático, para citarnos, solamente a votar, sin más.
“Es increíble como un pueblo, en cuanto está sometido, cae tan repentinamente en un profundo olvido de la libertad, tanto que no puede despertarse para recuperarla, sometiéndose tan fácil y voluntariamente, que se diría al verlo que no ha perdido su libertad, sino ganado su servidumbre. Es verdad que al comienzo se somete obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin disgusto y hacen voluntariamente lo que los anteriores habían hecho obligados. Por esto, los hombres bajo el yugo, alimentados y educados en la servidumbre,  se contentan con vivir como han nacido sin cuidarse de nada; y ni piensan en tener otro bien ni otro derecho que el que le fue dado, y toman por natural el estado de su nacimiento. (“Discurso de la Servidumbre voluntaria”. Étienne de la Boétie. Pp 38-39. Editorial Colihue).
 Sí los ciudadanos no somos capaces de despojarnos de la servidumbre voluntaria y continuar sometidos a políticos con comportamientos psicopáticos, no sólo hablaría de nuestra enfermedad social, sino también de nuestro propio incumplimiento con la Constitución, dado que dejaríamos nuestra condición de seres humanos.
La única herramienta válida, tanto legal como legítima para que exista la representación, es la manifestación de la voluntad del voto soberano, en el marco de elecciones libres que de tal forma constituyen la democracia expresada en su sentido lato.
Sí hablamos de legitimidad, no sólo debemos hacerlo, diferenciándola, de la legalidad, sino estableciendo una meridiana diferencia entre la legitimidad parcial versus la legitimidad absoluta, la primera que es la válida y la única razonablemente cierta que puede otorgar el ciudadano a sus mandantes y la segunda, la que cree tener el representado cuando absorbe la cesión de la ciudadanía, para luego cometer los latrocinios por todos conocidos, que supuestamente, controla o controlaría, estos excesos, otro poder de un estado constituido que sería el poder judicial, cuyos miembros no son elegidos, paradigmáticamente por el voto de la gente. Esta razón de la legitimidad parcial, podría encontrarse observada explícitamente, en que el ciudadano al delegar su representatividad, lo haga no sólo por el término de una elección a otra, sino también bajo ejes conceptuales, que vayan más allá de lo temporal. Un ejemplo concreto sería que los representantes, no puedan, es decir tengan su legitimidad parcial o vetada, para introducir reformas constitucionales o electorales. Los mismos que conducen el juego, no deberían, asimismo estar posibilitados para cambiar esas reglas a su antojo o discrecionalidad. Toda reforma debe ser ad referéndum, bajo consulta obligada a la ciudadanía, de lo contrario se irrumpiría la parcialidad natural que nos insta como seres humanos. Todo lo absoluto, así se trate de una falsa idea de libertad, conduce inevitablemente a lo totalitario.
La democracia sí ha caído producto de los desmanejos de cierta clase política en un juego maquinal, como lo puede ser una tragamonedas o cualquiera que estipule el azar como factor determinante, debe re-escribirse, re-interpretarse, de lo contrario, sostener que lo político, mediante lo democrático es un juego adictivo de cierta clase dirigente para con las mayorías no tiene razón de ser, pues así como alguien sostuvo que dios no pudo haber jugado a los dados con nosotros, no podemos seguir siendo siervos, de quiénes, muy probablemente, hasta no puedan estar libre de afecciones que les nublen en buen entendimiento.
Las libertades políticas y en concreto, la libertad de expresión política pueden resultar contraproducentes sí, realmente, incluyen el derecho a la expresión subversiva, es decir, el derecho a la resistencia y a la revolución, el derecho a la desobediencia civil. Este es un tema que siempre ha puesto en difícil aprieto a todos los teóricos de los gobiernos representativos y legítimos.
En los bolsones marginales, en los archipiélagos de excepción, en donde el estado se ausentó en nombre de la política y los políticos al mando, sólo los tienen en cuenta, en los períodos electorales, para utilizar sus necesidades en el beneficio institucional de que asistan a las elecciones y los apoyen, a cambio de mendrugos o dádivas, en una práctica claramente extorsiva y prostituyente o cosificadora, la ciudadanía (sí cabe el término para tales sujetos que están en condiciones pre capitalistas y sometidos a la miseria de la indignidad del hambre constante y la bota arriba de la cabeza bajo el nombre de la necesidad permanente) sin embargo, cree, casi, dogmáticamente (estamos trabajando en una lectura en paralelo con el fenómeno religioso, que en las capas más bajas, sostiene sus adhesiones mediante la resignación, la culpa y la vida ultraterrena, en clave dogmática obviamente o apelando a que la fe es lo último que se pierde o lo único que se tiene en medio de la desesperanza) en la democracia, en la política o en sus políticos. Es paradojal, en tales sectores, en donde la política, o la democracia han demostrado sus fracasos más rotundos posee sin embargo, un apoyo irrestricto, irracional, explicable tal vez desde una resignación tajante o una fe conmovedora. Sin embargo, en los sectores, llamados independientes, cercanos a los cascos urbanos de las diferentes ciudades relevadas, los encuestadores, tienen muy difícil la realización de sus trabajos de campo. En un gran porcentaje son echados, cuando advierten que la consulta tiene que ver con la política. Los que responden, abrumadoramente, muestran su rechazo, sino también la generación de una suerte de resentimiento, hacia la política, y su sucedáneo actual, lo democrático. Aquí tal vez, sea conveniente volver a citar al hombre de Harvard, como para aproximarnos a una explicación del fenómeno. (“La gente está perdiendo su confianza en las instituciones democráticas. Tiene razones para estar enojada, a lo largo de la historia de la estabilidad democrática, el nivel de vida medio de la población fue aumentando de una generación a otra. Pero ya no. Debemos descubrir como nuestras democracias pueden ser estables en esta nueva circunstancia”. Mounk, Y). Se vislumbra esto mismo en forma fehaciente, pues la generación que podría estar mejor que sus padres, no lo está, y en paralelo, observan que aquellos que estaban como siguen estando, no tienen otra herramienta más que la fe o la resignación. Su conciencia de clase, no sólo es distinta, sino que además tienen las herramientas (educación formal por ejemplo o cierta cultura comunicacional o televisiva) como para expresarlo, cada vez más contundentemente y podríamos arriesgar, hasta con odios concentrados o acumulados, hacia los que ellos consideran responsables, agrupándolos en el significante de políticos/política/democracia.
Sabemos que no tendremos el beneplácito, el reconocimiento saludable, por parte de las autoridades, los medios de comunicación, y mucho menos la gratificación de los dirigentes políticos o culturales, por estar desarrollando esta colaboración a nuestra democracia vernácula. Incluso más, sabemos que lamentable, como erróneamente, este tipos de investigaciones, despierta la estulta y antediluviana reacción de que se la tomen con el mensajero. Seremos nuevamente señalados de todo lo que no somos, proyectados en odios ajenos, en envidias incomprensibles y en ninguneos harto frecuentes.
A contrario sensu, de lo pretensión metodológica de las revoluciones del pasado, no es necesario convencer a muchos y que esos muchos provengan de un campo popular, sometido u oprimido.
Debemos subvertir la revolución. La revuelta pasa por convencer a los privilegiados que no tienen verdadero provecho de los privilegios de los que dicen o sienten gozar. No necesitamos ocupar ninguna calle, incendiar ninguna bandera, edificio o botella con gasolina.
Simplemente nos bastará con tener claro esto mismo, para socavar la mente de los que mandan, de los que gobiernan, de los que tienen en sus manos las reglas de juego actuales. A ellos debe apuntar nuestra revolución, hacia allí debemos apuntar nuestro objetivo revolucionario. Debemos subvertirlos para que sean los abrazos, armados y ejecutores, de un occidente, que tenga reglas de juego más inclusivas o democráticas, tal como entendemos algunos, la verdadera democracia.

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

INTERNACIONALES
La Democracia Insumisa.

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »