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POLíTICA

13 de marzo de 2017

Sí Macri pide por deuda de Yacyretá a Cartes, este podría pedirle por el genocidio Guaraní de la Triple Alianza.

Tras siglo y medio de la mal llamada “invasión Paraguaya” a la provincia de Corriente, donde el presidente Argentino hará escala (¿para anunciar a Gustavo Valdés como reemplazante de Ricardo Colombi?, de quién se pretende diferenciar Horacio Cartes, pues el artículo 229 de su Constitución le impide reelección) y posterior captura de un puñado de mujeres de la alta sociedad, sin embargo, y como es costumbre en nuestra apostatada clase “progresista” se llega tarde y mal a los planteos de envergadura que se precisan para reconstruir los lazos de una historia que nunca nos perteneció. El papa Francisco (Argentino), tras décadas de fragorosa lucha de los Armenios, valido la denominación de “Genocidio” a lo que se perpetro a los pies del simbólico Monte Ararat, e inmediatamente recibió la queja Turca, en algún momento, se debería establecer mediante un proyecto institucional que lo sucedido en la guerra de la Triple Alianza, fue ni más ni menos que el genocidio Guaraní, del que como correntinos, hemos sido más víctimas que victimarios.

El término genocidio fue acuñado por el jurista polaco Rafael Lemkin  y determina “cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal” estos actos comprenden la “matanza y lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial, medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo, traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

No sería necesario apuntar más evidencias históricas, ni números, ni tampoco relatos aburridos, que muchas veces lo único que consiguen es alejar esa causas del presente, lo que se precisa es decisión política, para actuar como unidad Latinoamericana, y desde nuestra provincia, entender que nuestro lugar fue decisivamente el de las víctimas, con las miles de vidas de los hermanos guaraníes que se suprimieron en un tris.

Esa decisión política, debe estar sustentada en apoyo de quiénes, en vez de aplaudir a sus respectivos jefes porque les han conseguido un sueldo del estado, deberían estar preocupados porque no se prostituya “lo latinoamericano”, que no se banalice, que no todo quede en meras expresiones de deseo y en el éxito económico de unos pocos, al mejor estilo neoliberal.

Acá tienen una excelente causa, muchos que en vez de boludear, y de regocijarse en ello, por las tonterías premoldeadas de barbados de buen sueldo, emitidas por el canal público, hagan algo más que compartir por la red social las fotos que salen de las cuentas oficiales y de poner gorila a todo lo que se muestre como diferente.

Pensar si bien no es sencillo, tampoco es oneroso y de lo único que se precisa es de voluntad, entender que nosotros tenemos como origen el ámbito jesuítico-guaraní, que años luego, su capital geográfica, sería masacrada por sus ciudades aledañas o hermanas y que tal cosa, se dio de tal forma que cabe la denominación de genocidio, sería un primer paso, para que al menos ciertos dirigentes con llegada las cimas del poder, puedan transformar esto en un planteo institucional.

Inspirados en nuestro filósofo, correntino-guaraní, Francisco Tomás González Cabañas, quién en unos de sus textos laudeados internacionalmente “ Un Olvido Jesuita o desmitificando lo filosóficamente correcto de la conquista” que versa, de acuerdo a sus palabras en lo siguiente ;  “Mientras el establishment filosófico se preguntó durante decenios, acerca del olvido del ser Heideggeriano, la presente, es la cuestión del “olvido” antojadizo y filosóficamente correcto de la cultura de toda una civilización a la que le impusieron, como, donde y que pensar. Abordaje filosófico de los resultados o resultantes en verdad, siglos después, del andamiaje construido en el colectivo cultural, tras la conquista española al continente americano, las razones históricas y religiosas están debidamente estudiadas por ello las dejamos al margen, más no así las filosóficas, de aquí el porqué del texto. En el mismo aparecen términos, y conceptos de culturales originarias, que se resistieron, o que se decostruyeron y decostruyen cultural y filosóficamente a la conquista "prolija" o política e históricamente correcta por parte de los Jesuitas, la pretensión del texto es contar esa historia de los vencidos, es decir de estas culturas que obviamente no se conocen ni de nombre y que por ende se duda de que pudieran haber existido.”   Creemos en aquello de “Si la historia la escriben los vencedores” frase atribuida a George Orwell,  la frase conceptual se completa con “existe otra historia de los vencidos”, esta es la que se debe empezar a escribir.

Los pueblos no se adeudan entre sí, fríos convenios económicos que sólo son conocidos por funcionarios públicos, los pueblos se entienden por gestos y gestas que Macri, en nombre del Estado Argentino reconozca la vergonzante participación en el Genocidio Guaraní, nos haría ganar mucho más que billetes.

NR: Genocidio Guaraní es también el título de una novela reciente del autor Paraguayo Marcos Ybáñez

 

 

 

 

 

 

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