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ANÁLISIS

24 de enero de 2017

“Quemar las naves” como táctica política en la elección correntina.

Cuenta Manuel Campuzano en su libro “La excelencia desde el liderazgo” que, al llegar a la costa Fenicia, Alejandro Magno observó que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar el campo de batalla. «Cuando regresemos, lo haremos en los barcos del enemigo». Alejandro Magno desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Cuenta Campuzano que mientras su flota ardía, el líder macedonio «reunió a sus hombres y les dijo: Observad cómo se queman los barcos... Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por el mar. “Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos”».

Es indubitable, que sí aplican la razón, el conocimiento, la perspicacia política y un conocimiento mínimo de estrategia, quienes  pretenden arrebatar el poder a Ricardo Colombi (que claramente va por la perpetuación de su estilo, de su creación, de su armado político-conceptual que retumba en Eco) deben apuntar a la hacerlo, en la que pareciera que es la fortaleza del gran señor, su efecto sorpresa y su idea de golpear primero y más fuerte.

Pensando en frío y con lógica, nimia e indispensable, esa para no hacernos caer en la contradicción hilarante, consabido es que quién pretenda derrotar al equipo del gobernador, debe hacerlo en el primer turno electoral, que tiene como excusa las legislativas provinciales previstas, de acuerdo a la palabra del propio Ricardo para mediados de Mayo o principios de Junio.

No sólo que de tal manera se le rompe el efecto sorpresa al gobernador y con ello toda su estrategia de dar la imagen de ganador, apostar al debilitamiento moral como económico de su adversario, y actuar bajo el principio de golpear primero y por ello dos veces, como reza el adagio. Presentar la batalla electoral en el primer turno, es decir que quién pretenda ir como candidato a gobernador en Septiembre, se presente como testimonial a primer senador en Mayo, para dirimir con Ricardo que hará esto mismo, para decir luego que cualquiera que gane después (en las restantes elecciones luego de las de Mayo) de su equipo claro está, lo hará, porque él lo hizo primero y genero un efecto arrastre.

En términos de la realpolitik, no presentar la batalla electoral es netamente suicidad para los que se precian de opositores, incluidos los intendentes que no son de ECO que dudan en qué fecha convocar. La duda, en este contexto es la jactancia del intelectual, la petulancia del librepensador, que a horas de una nueva definición del poder en la provincia, no se puede dar el lujo de querer determinar el sexo de los ángeles.

A todas luces, al único que le conviene más cantidades de elecciones, espaciadas en el tiempo y carcomidas por la estanflación, por el marasmo de gastos que genera, es a quién posea la billetera tanto de nación, de provincia, como de ciertos municipios, todos sabemos que en tal condición solo está un solo hombre, que muy atinadamente construyo esta estrategia política.

Sabedor de la debilidad conceptual de sus oponentes, los hace polemizar por la posición con respecto a líderes nacionales de uno o de otro, por si robaron dos o tres bolsos de cal o de arena, el quid de la cuestión, es precisamente esto, que a todas luces se maneja como una verdad inescrutable en las cocinas del poder del oficialismo.

La unidad de criterio opositora, la consolidación política, no debe estar sujeta a las declaraciones periodísticas de uno o de otro, a sí tal se acostó con cuál, o si veranea en tal lugar o si pretende poner de legislador al hermano borracho o a la amante tortillera, mucho menos a cuestiones de la litúrgicas que se blandían otrora o abstracciones que nadie entiende como la lealtad a una cosa irreal como un partido o la fidelidad a una entidad fantasmagórica como una idea política o principio filosófico político.

El poder del 2017 se define en la primera batalla electoral. Quién esto no comprenda, es oficialista, trabaja para el oficialismo o no tiene posibilidad alguna de vencer al oficialismo provincial y por tanto bien le seguirá quedando el título de opositor, del que seguramente se beneficia mucho más de lo que reconoce, prestando el servicio de legitimar el andamiaje que lo tiene como segundón, perdidoso, pero con privilegios. Como lo venimos expresando en una misma línea de sentido, el presente turno, requiere de la astucia, la pericia, y la perspicacia de políticos de profesión o avezados en la materia, con adn político, para desatar el nudo gordiano en que se ha transforma la política correntina, a la que no le falta ni chamamé ni carnaval.

 

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