Jueves 2 de Julio de 2020

  • 6.6º
  • Algunas nubes
  • Fecha

  • Contagios

  • Recuperados

  • Muertes

ANÁLISIS

15 de junio de 2016

Desde la clandestinidad.

Me vuelvo a comunicar con vos, tras meses de ausencia, para contarte que fui responsable de haber sembrado, la semilla, que podría habilitar una prórroga de mandatos, sea en forma de mandato corto o continuado, como de reforma constitucional, consultando, previamente, bajo referéndum, a la ciudadanía.

Mi única motivación, y esto lo podrías confirmar con mis tantos escritos y posiciones públicas, ha sido y es, sostener que el principio fundamental de nuestras democracias, debe ser la libertad política del soberano. Así esta determine, que desea o promueve, la continuidad irrisoria, de una persona o personalidad en los mandos de la cosa pública.

Es un tema complejo y trataré, por más que me cueste, ser lo más claro posible. Nada debe apartar nuestra mirada, para determinar qué es lo principal y que lo secundario.

El pueblo tiene el sagrado derecho a elegir, sin condicionamientos, por más que muchos, incluso yo mismo, creamos o consideremos, que el elector, sobre todo el pobre, posee, al momento de votar, muchos condicionamientos, sobre todo los de índole económica. Tampoco debemos dejarnos llevar, por los encantadores de serpientes, o quiénes dicen tener un inexistente diario del lunes, con el que nos alertan, falsamente, que en el caso de que se convoque a un plebiscito para determinar sí se habilita una prorroga o una reelección indefinida, el resultado será favorable y más luego, volverá a votar, incansablemente, por quién pretenda eternizarse en el poder.

Quiénes así pretendan pensar, sea por acción u omisión, están cometiendo la flagrancia de tutelar al pueblo, al ciudadano, de pensarlo e interpretarlo, con el consabido robo, que esto significa, al principio sagrado de elección que posee el soberano.

Nadie, por más representación circunstancial que posea (dicho sea de paso, ninguno de nuestros representantes han sido consagrados, ni en sus partidos, mucho menos, en sus frentes, por elecciones internas o por decisión democrática de sus afiliados o independientes, con lo que esto implica) se puede arrogar, además, la representatividad de saber cómo reaccionarán todos y cada uno de los ciudadanos, ante la inédita posibilidad de que sean convocados a un plebiscito, por más facultades de mentalistas o futuristas, que sostengan poseer (en base a lo antidemocrático de las encuestas, que son prefiguradas para obtener un determinado resultado, con la presunción, falsa, de que el consultado diga la verdad a quién le pregunta acerca de su posición política).

No debemos permitir que se sobre-tutele al pueblo, a la ciudadanía, que se le vuelva a someter, bajo la argucia de que cómo es pobre no puede elegir libremente o sin condicionamientos (cómo si un rico o un no pobre no tuviese condicionamientos), tras las supuestas súper capas de súper héroes, que para colmo de males, no sólo que no llegaron desde la pureza democrática del voto en las internas, sino que además en su mayoría, se reeligen, o se pasan de un cargo a otro, sempiternamente.

Tampoco se trata de nombres, siempre es más fácil, reducir los fenómenos políticos o colectivos a personas. Esta problemática ya la hemos padecido décadas atrás, y nos condujo a gobiernos títeres, que incluso fueron desaforados o pervivieron bajo el escarnio de la falta de legitimidad del jefe o patrón real. Sí no lo resolvemos en esta oportunidad, volverá a presentarse el dilema, más temprano que tarde, bajo la figura de un nuevo líder que tras dos mandatos consecutivos, se arrogue la necesidad (las argucias siempre difieren pero nunca dejan de ser tales) de continuar.

Debemos ponernos los pantalones largos, convocarnos a una consulta popular, como lo hizo la Provincia de Misiones o la República Plurinacional de Bolivia, para determinar sí es que la mayoría de nuestro pueblo desea o no contar con esta posibilidad de que el gobernador y los intentendes, puedan tener la posibilidad de reelegirse más allá de dos mandatos.

Seguramente tendrás tu posición tomada, sea por conveniencia o por convencimiento, y no está mal que así sea. Te estoy invitando a que pienses un poco más allá, que te fuerces a contribuir con tu comunidad, para que este problema ciudadano, no se le vuelva a presentar a tus hijos y nietos, con todo el gasto de energía y recursos que esto significa.

Todos tus esfuerzos, podes concentrarlos en el no o en el sí, lo que no podes dejar de hacer, es no permitirle al pueblo que se exprese. Lamentablemente, si decidís no hacerlo, vas a dejarle toda la resolución del conflicto a tus representantes, que más allá de nombres y partidos, no supieron resolver este problema, o porque no lo saben hacer o porque no les conviene, pero en todo caso, dejándote afuera de la participación y la decisión.

Está en juego mucho más que una prórroga, que una reforma, que un frente político, que un partido o que un nombre. Está en juego que después de mucho tiempo definamos una regla de juego, bastante elemental y primordial, que hasta ahora nunca ha sido puesta en blanco sobre negro. El gris en el que estamos, al único que perjudica es al hombre de a pie, al hombre llano, al mal representado, al que se le quiere sobre-representar, bajo la argucia de que como es pobre no puede pensar, o que sólo son cuestiones que deben resolverlas los representantes que no pudieron definir esta problemática y que no fueron elegidos por internas en sus partidos o frentes.

Vota por vos, por tu provincia, por tu descendencia, por tu democracia, vota más allá de un sí o un no, vota por que te convoquen a decidir que queres hacer con la política.

La única forma que te consideran, es cuando votas, además, como si fuera poco, es tanto un derecho, como un deber. Que no te lo roben, pedí el plebiscito, o la consulta popular, a como de lugar, y desde donde sea y como sea.

 

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »