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ANÁLISIS

11 de marzo de 2015

Tregua es igual a impunidad.

En el mundillo periodístico del centro del país (donde se dice atiendo el supremo) se está hablando por estos días de una tregua, ya la palabra nos indica que estamos adentrándonos en zona prima facie bélica. Por Carlos A. Coria García.

Se dice que el gobierno que ejecuta Cristina Fernández, viuda de Néstor Kirchner, que no es lo mismo, lleva adelante una negociación de tregua con el Poder Judicial, más específicamente con el fuero federal.

Se dice que la Jefa como cariñosamente la llaman sus adherentes, quiere llegar al 10 de diciembre con ciertas cuestiones en calma y sin sobresaltos que tienen que ver con causas judiciales por corrupción o similares, que se tramitan (para ser benévolos) en el fuero federal.

No hace falta aclarar mucho el panorama para darse cuento que Argentina está en proceso de descomposición, como si fuera una manzana en un cajón de frutas bajo el sol por días, si esto fuera cierto, estamos presenciando una película de gánsters que dicen basta de plomo por un tiempo y arreglemos.

El papiro que asegura la pax entre poderes (o bandas) asegura tranquilidad e impunidad para ambos bandos en todos los chanchullos que hayan perpetrado hasta el 10 de diciembre como fecha tentativa, podría incluso, extenderse en el tiempo. El beneficio para las filas del gobierno es pisar las causas por corrupción o sus similares y para el bando de los judiciales, el pisoteo de los pedidos de Juri y los que están en trámite más pisados todavía.

Entre los implicados de la justicia federal por ejemplo, tenemos al barbián del Juez Federal Daniel Rafecas que entre otras cosas, se mensajeo por el sistema de mensajería whatsapp con los abogados defensores de algunos implicados en el glorioso caso Ciccone que él mismo “investigaba”, dándoles “tips” para desligar a sus defendidos, esto le valió el pedido de Juicio Político que duerme el sueño de los justos, así mismo fue el juez que desestimo la denuncia llevada a estrados judiciales por Nisman y luego continuada por el Fiscal Gerardo Pollicita contra la jefa y otros laderos, ¿fue casualidad la desestimación de la denuncia?

De la época de Don Carlos Saúl (al que por estos días nadie conoce) prácticamente nadie puede olvidar el uso poco ortodoxo que le daban algunos ministros a las servilletas, entre los cómicamente (y a la vez triste y trágicamente) apuntados o anotados en la servilleta de Corach fueron; María Romilda Servini de Cubría y Claudio Bonadío por nombrar algunos, pasaron a la historia como “los jueces de la servilleta”. Tan bajo cayeron que siquiera valía escribir sus nombres en un papel.

El Juez Federal Claudio Bonadío (el de la servilleta) lleva adelante la “investigación” conocida como Hotesur donde se implica a la jefa, su hijo mayor, etc., que algunos dicen por los pasillos tribunalicios y los diarios de la “corpo” que es el escándalo del siglo, la pregunta que se me viene en gana es ¿Claudio Bonadío todavía es Juez?

El Poder Judicial investiga siempre todos los delitos que llegan a sus estrados, no, en realidad sólo lo hace cuando tiene que marcar la cancha, cuando no quiere ser molestado en su comodidad y privilegios, llegamos a este punto sin entender mucho o, tal vez sabiendo demasiado que nos resignamos a que todo esto cambie, tal vez porque los enemigos poseen demasiado poder sobre los ciudadanos. No podría nunca olvidar una enseñanza que un viejo maestro una vez me dio: en la escala de divinidad en Argentina está Dios y los Jueces Federales. Ahora entiendo.

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