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¿La correntinidad en miras de la justicia?.

En tiempos en donde los estertores de nuestro sistema democrático, sitúan a miembros del poder judicial como los actores principales de los actos políticos, policiales y del espectáculo, la condición de república aparte de Corrientes, parece no ser óbice, dada ciertas novedades tribunalicias que no nos dejarían fuera del concierto nacional. Casualidades aparte, la ampliación de denuncia al Gobernador, por la supuesta vinculación de la administración de este con empresas del detenido Lázaro Báez, se sumarían a la probable citación (habría que ver en calidad de que) del Intendente Fabián Ríos, en tiempos en que ocupó la poltrona de uno de los directorios del Banco Nación (2009/11), dada las declaraciones realizadas por el arrepentido Fariña que ya llevarán a los tribunales al entonces Presidente del Banco, Juan Carlos Fábrega. Cómo si esto fuese poco, las denuncias mediáticas del reconocido periodista Gonzalo Bonadeo, acerca de los desmanejos dentro de la comisión antidoping en la secretaria de deportes en tiempos del ahora Senador Camau Espínola, también podría transformarse en un expediente judicial. La cámara federal de Casación Penal, dio como válidas las indagatorias a los acusados del crimen de Ferrugem, uno de los cuáles hijo de una alta funcionaria del poder judicial correntino. Finalmente la financiera Pyramis (silo-bolsa de físico contante y sonante del círculo rojo de la correntinidad) fue intervenida y embargada ciertos de sus bienes, por disposición de la justicia federal.

¿De qué hablamos cuando hablamos de una cultura social y política feudal?

Hace tiempo que desde algún lugar se introdujo como variante de análisis, sobre todo en terrenos geográficos en donde la pobreza pega fuerte, una suerte de “revival” del feudalismo. Supuestos personeros de las libertades, en verdad para prohibirlas, se adueñan de dar la posibilidad de libertad para que no las tengan a aquellos que la desean, negociando con esta energía o lo que se produce con ellas, para que no exista posibilidad real de tal libertad. Son pocas las personas que por ejemplo pueden decir su nombre y apellido manifestando una posición política, dado que en la ficción normativa de la libertad de expresión, los traficantes de la posibilidad le garantizan por la letra muerta y fría de la ley que tiene tal posibilidad y derecho, y al unísono, sin embargo y en un antológico caso de perversidad, mandan a sus cancerberos, a sus amigos, familiares o entenados, a que los intimiden, que los ataquen, que los sindiquen, por hacer uso de tal libertad supuestamente garantizada. Es tan fuerte y contumaz este comportamiento, esta acción, que se extiende, en la iracundia de la violencia, cuando las guardias pretorianas de los feudales, también se las agarran con quiénes le tienden una posibilidad de expresión, un canal de comunicar a los que desean, tan solo y simplemente ser libres, sin tener una jauría de perros rabiosos tratándole de morderle alguna parte del cuerpo al osado, al que se atreva al arrojo de pensar, de ser y actuar con criterio propio, por fuera del circuito feudal.