ANÁLISIS  10 de marzo de 2015

Algunos Tips para hablar de Política y Filosofía.

A pedido de nuestros lectores y de la modernidad que no deja de solicitar “Tips” o puntos referenciales para hablar de ciertas cosas, brindamos el siguiente documento no apto para cultos, clasicistas y conservadores, dado que no respeta ninguno protocolo o formalismo alguno, por obvia posición intelectual ante esto mismo.

El ideal moderno es el de la libertad para todos durante toda  su existencia. En primer lugar recordemos que no conocemos otra forma de libertad política más que la que prolonga la tradición burguesa y cuya expresión  son las elecciones, la representación, la competencia de partidos y las formas constitucionales…Se da en llamar libertad política a  aquella de las libertades formales que garantiza al ciudadano una participación en los asuntos públicos, que le da la impresión de que, por medio de sus elegidos y eventualmente también de sus opiniones,  ejerce una influencia sobre el destino de la colectividad…admitamos que en todas partes el poder se personaliza y q entramos en una era del principado; admitamos que el estado central asume cada vez más funciones de gestión (la administración se vuelve más amplia, más competente y más prestigiosa) admitamos también que las decisiones son tomadas cada día más por los gobernantes y por los funcionarios y cada día menos por los legisladores tras deliberaciones públicas. Admitamos que los representantes no san ya, en el mismo grado de ayer los intermediarios entre el poder y la opinión (o los electores), que los problemas que más interesan a los hombres de las sociedades industriales sean los de orden económico y social y que los medios de comunicación de masa acentúan la componente plebiscitaria de los regímenes occidentales  y permitan eventualmente la manipulación de muchedumbres más preocupadas por gozar del bienestar que por participar de la discusión de los asuntos públicos, menos preocupadas por la distribución que por la eficiencia de los poderes.

Nunca ha habido, en las sociedades antiguas, tantos hombres ligeramente informados de los asuntos públicos. Es indiscutible que esa información, transmitida por la radio y la televisión, no equivalente de educación. Es posible que la complejidad de los asuntos públicos haya progresado más rápidamente que la información. Pero los ciudadanos capaces de debatir con competencia las grandes decisiones han sido siempre una estrecha minoría. Esa minoría no es hoy más reducida que ayer. ¿Es menos competente?. ¿Son las decisiones sólo asequibles a un pequeño número de especialistas?

Los consumidores no han tenido nunca tantos medios de liberación (relativa) en relación a las sujeciones de la vida cotidiana. Las máquinas del hogar doméstico reducen el esfuerzo de la mujer, de la misma manera que las máquinas de las fábricas reducen el esfuerzo de los hombres. Jamás tal fracción de la población ha podido conocer tantos países extranjeros, recorrer tantos kilómetros, evadirse tan fácilmente del provincialismo. Sí la libertad real es libertad de elección, el consumidor es realmente cada día más libre, con la marcha hacia la opulencia. Es cierto, pero las satisfacciones siguen obteniéndose con retraso en relación con la impaciencia de los deseos y la obsesión del crecimiento crea, al mismo tiempo que sujeciones suplementarias, una movilidad poco compatible con la seguridad deseada (Ensayos Sobre Las Libertades, Raymond Aron)

 

El Mito en la Política y su efecto disparador y consolidante de la mentira

 

En el mito nos encontramos con un esquema intrínseco de términos que son puramente formales y se les puede adjudicar contenidos diferentes. El significante (imagen acústica de orden psíquico), el significado (concepto) y el signo (relación de concepto e imagen ) o entidad concreta. Esta tríada constituye el esqueleto formal de cómo esta constituido el mito. Un ejemplo que nos pueda clarificar los conceptos, sería más que atinado. Un escritorio, con notables diferencias de las sillas enfrentadas. La que reposa contra la pared, tiene un respaldo inmenso y desproporcionado, esta diseñado con un fino y lustrado cuero. En tal sección hay poca iluminación, pese a un elegante velador. En el otro sector, la silla es baja, de un material ordinario, y la luz es exagerada.  

 

El significante en nuestro ejemplo, es la diferencia obvia entre la altura de las sillas, y los contrastes con la iluminación, el significado es que en un lugar se sienta una persona que esta por encima de la otra, y que además mantiene un halo de misterio o de poca claridad. El signo es sencillamente que las personas que por intermedio del poder (sea material o intelectual), acceden a una posición, siempre la tratan de señalar por todos los medios. Más si reciben al otro, al que en ese momento y en esa circunstancia, no tiene el poder que detentan ellos.

 

El no cumplimiento de la palabra se ha hecho una constante en nuestra sociedad y sobre todo en la arena política, más aún la credibilidad, no sustentada en la convicción o en la ideología, sino en el acto, te doy-recibo (junto votos, quiero un cargo, vendría a ser la temática, a comparación de la rosa de paracelso) conforman un estadio de las cosas, donde lo exitoso, aliado a lo circunstancial, prevalece, más allá del agravio a la esencia de las cosas, al espíritu que nutre y da vida, al día a día.

 

Cuando el Poder pierde el Control

 

Tal como en la psicología, cuando plante la existencia del inconsciente como complemento del yo, de la estructura psíquica, que necesariamente habla, por intermedio de sueños y de fallidos, desemboca en patologías (o enfermedades) cuando ese inconsciente, no controlado e imposible de controlar es severamente reprimido y no tenido en cuenta o negado.

 

Seres constituidos con un temor profundo a la falta de certeza, racionalizamos nuestros sentimientos y creamos un sistema de vida, que se debilita cuando, necesariamente, se nos filtra del inconsciente, un sueño que no quisimos tener, una pesadilla, una frase que no pretendimos verbalizar, asoma con brillantez el sol que nos dice que no podemos, por más que nos esforcemos, en tener el control de nosotros mismos.

 

Pero vamos por el control, del sistema, de la sociedad, impulsados por esa debilidad innata, que cada tanto nos aflora y nos recuerda que no podemos controlarnos nosotros mismos. Vamos por el poder, para decirle al otro, que es lo normal, que es lo que tiene que hacer y que no, disfrazamos a un grupo que nos diga si no cumplimos la ley, a otros, con otros disfraces si estamos sanos o enfermos, todos formados por otro grupo que inculca conocimientos, para que estos inculquen a los inculcados, un diálogo donde la prenda de cambio es el trabajo sistémico que nos hace otorgar tiempo a un sistema de producción, para que nos digan que tenemos que decir, sí lo que decimos está bien o mal, sí corresponde, en el mejor de los casos, claro, cuando el tiempo no señale lo obligatorio, dormir, trabajar, comer.

 

Entonces utilizamos las salidas temporarias, otros sistemas que nos brinden la certeza que nunca podremos obtener pero que estamos condenados a buscar. Abrazando la tecnología que nos costará el exterminio de nuestros recursos naturales, construimos redes sociales, virtuales, donde, más allá de la comunicación y de la exposición pretendemos imposibles, como tomar cervezas, comer rosquetas, fumar cigarrillos, pertenecer a grupos, militar causas, todo, por intermedio de un click.

 

Cuando en una determinada mayoría, el amor real, duele tanto, que se prefiere establecer un vínculo cibernético, manteniendo sexo y despertando en los protagonistas sentimientos serios, por más que no existan intercambios de fluidos, esa mayoría genera una realidad, antes inexistente, que debe ser considerada como tal, independientemente de lo que parezca a ojos de quiénes se manifiestan en la vida con otros parámetros.

 

Los griegos que nos legaron la democracia, consideraban natural no sólo la homosexualidad, sino que se sospecha (al menos etimológicamente) que la pedofilia era socialmente estimulada. Foucault murió de Sida, dejándonos como herencia sus textos.

 

Quizá nuestros sistemas actuales, que nos movilizan a vivir tras una pantalla, desde la sexualidad, hasta el amor, pasando por la militancia política, sea una manifestación clara, de que en realidad lo que no controlamos, o se ha salido de nuestro control o de nuestras intenciones concientes, es un sistema de político, administradas por meros oportunistas que ni siquiera reconocen que no se pueden controlar ellos mismos y por tanto difícilmente, desde lo conciente, puedan cambiar las cosas para bien en nuestra comunidad, y aquí, al menos en Corrientes, los datos objetivos nos avalan, por tanto, los que no están en el manejo real del poder, los que no pertenecen al sistema, son los locos, los enfermos, los que en el mejor de los casos, pertenecen al mundo de las redes sociales, que en muy pocas oportunidades se cruzan con el mundo del poder fáctico que administran.

 

Que Dios, Internet o la naturaleza les de larga vida, para que puedan presenciar en la carne de sus propios hijos, como esos valores, esos paradigmas que piensan que son eternos, se esparcirán en el aire, como el correo basura, como las promesas incumplidas, ese poder que hoy ostentan, sin practicarlo, se desvanecerá en el aire, dejándolos en la evidencia de sus más profundas debilidades, esas que los llevaron a decirle a otros lo que no se pueden decir para sí mismos.


 

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